5.7 C
Paraná
viernes, julio 30, 2021
  • Nosotros
Más

    La ESI, oportunidad para transformar a las personas y la escuela misma

    La Educación Sexual Integral está en boca de muchos. En algunos casos, se elogian sus aportes por una humanización de los vínculos; en otros, se la critica abiertamente y se la considera inapropiada. El diálogo de EL DIARIO con una especialista, Mariana Páez, puede ayudar a pensar el asunto desde otra perspectiva.

     

    Redacción EL DIARIO

     

    La presentación del libro “ESI, talleres de cuerpo en juego”, es la excusa adecuada para que EL DIARIO entreviste a su autora, Mariana Páez, y le proponga un recorrido por distintas zonas de la problemática. El acto en cuestión tendrá lugar el sábado 10 de abril en el Quincho del Polideportivo municipal de Oro Verde. Pero antes la especialista accedió a mantener una rica y distendida charla.

     

    El libro de tu autoría, «ESI, talleres de cuerpo en juego» ¿Qué contiene? ¿Qué relación tiene ese contenido con tu experiencia como instructora?

    –Nos gusta llamarnos talleristas. Este libro es el fruto de mi experiencia en talleres ESI en escuelas secundarias, especialmente, de la Escuela Normal de Paraná. En estos espacios encuentro un lugar donde dar rienda suelta a mis ganas de reinventar la escuela, donde encontrarme con jóvenes deseosos de jugar, de reflejarse en otros ojos, de sentir que la escuela puede ser un lugar seguro donde abrir preguntas y procesos de autoconocimiento. En estas instancias el cuerpo ocupa un lugar central porque en él se pliegan esos seres que vamos siendo: allí mi mundo se encuentra con otros mundos, para transformarse. Aspiramos a que los talleres sean lugares privilegiados en donde la imaginación reine, porque lo que es puede dejar de ser y lo que todavía no sucedió puede ocurrir.

    —¿El libro refleja estos aspectos?

    –Contiene algo de todo eso, porque es muy difícil traducir en palabras las experiencias aconteciendo en tiempo presente, las sensaciones, emociones, palabras y amores. Lo mismo pasa con los dolores: la sexualidad es una dimensión vital que también alberga el dolor en tanto lugar de inmensos aprendizajes.

    Con esto quiero decir que trabajamos, entre otros tantos aspectos de la vida, el rechazo, la falta de amor propio, los miedos, los estereotipos, los mandatos y la vulneración de derechos. Son aspectos de la sexualidad no felices, porque conectan con el desamor, ese lugar que nadie elije habitar. Y lo grandioso de los talleres es que vamos construyendo colectivamente otras ideas y sentires en torno al amor.

    En los talleres se construye colectivamente otras ideas y sentires en torno al amor, señala Páez.

    PERSPECTIVAS

    —¿Es una especie de desconstrucción?

    —Sí, desarmamos lo que nos dijeron que era, lo que nos contaron de cómo deberían ser las relaciones amorosas. En ese sentido, la ESI viene a decir que todas las personas -desde los primeros años hasta el fin de la vida- nos la pasamos ensayando el amor, reinventando modos de amar y ser amadas. Es un viaje maravilloso: quienes transitan los talleres lo saben, lo sienten.

    La diferencia es abismal entre esa juventud y la otra que sigue apostando al amor romántico, ese que desconoce que el amor es una construcción, en primer lugar es una relación de respeto, consideración, valoración y crecimiento permanente con una misma, porque no se puede dar ni recibir lo que no se tiene desde antes.

    —Todo esto en el contexto de la enseñanza escolar…

    —Precisamente, dar cabida en la institución escolar -reproductora, muchas veces arbitraria y arcaica- a esta energía emancipadora es ir muchas veces contra la corriente. Sin embargo, si las personas adultas que hacemos la escuela lo advertimos, esa transformación tiene todas las probabilidades de acontecer. Para lograrlo, profes, talleristas, quienes dirigen y planifican las instituciones educativas necesitamos algo muy importante: mirarnos. Es decir, dedicar tiempo a procesos personales, dar lugar a los propios miedos, a las propias heridas. Preguntarnos cómo está la relación con una misma, cómo me llevo con mi cuerpo y mi sexualidad, ¿Puedo decir no cuando es no y sí cuando es sí? En fin, son esas preguntas que muchas veces esquivamos porque implican hacer contacto con las oscuridades que nos constituyen.

    Por eso a veces nos encontramos con docentes que ven en la ESI sólo una carga más a su ya atareada labor.

     

    VALORACIONES

    —¿No le dan importancia?

    —Sí, hay quienes menoscaban la ESI. Entiendo que es porque no pueden en este momento hacer ese movimiento hacia sus propios adentros.

    Pero hay felizmente otras personas que trabajan la educación y sienten que la ESI va de la mano con una ESI personal, por llamarlo de algún modo. Es cuando los talleres se convierten en lugares especiales donde me interrogo.

    Esto es algo así como la filosofía del taller ESI, de la que hablo en mi libro. También dedico una parte a la metodología específica que requiere la planificación de un espacio así. Trabajamos con una materia prima muy delicada: la subjetividad, las emociones, los sentires. Entonces, es necesario conocer cómo guiar estos procesos tan profundos y complejos.

    Es apasionante conocer cómo se arma un taller ESI, que en lo formal es muy parecido a cualquier otro. Por ejemplo, uno de carpintería: hay materia prima, herramientas y técnicas. Allí está la ludopedagogía, una de mis herramientas favoritas (aunque también lo es la Gestalt).

    —¿Qué propone?

    —Se trata de una manera de abordar los procesos de resignificación colectiva a través del juego. A muchos de nosotros nos dijeron que sólo en la infancia se puede jugar y nos mintieron. Pero somos seres lúdicos, con la capacidad de inventar mundos jugando.

     

    EL LIBRO

    ¿Es un material ensayístico conceptual, es un libro de testimonios, de dinámicas para encarar la ESI?

    —La columna vertebral del libro es mi experiencia como tallerista, a partir de la reflexión teórica que me permitió la escritura de mi tesis doctoral en Ciencias Sociales, que indaga en las fisuras que introduce la ESI en la escuela.

    Como continuidad de esa línea de trabajo, este año empecé la escritura de mi segundo libro. La idea es continuar pensando la escuela, la ESI y los procesos de subjetivación y ruptura que allí tienen lugar. El interés está puesto específicamente en el desafío que representa para las personas adultas sostener experiencias en torno a la sexualidad en los espacios educativos.

    ¿Qué lugar tiene el juego en esta propuesta?

    —Para mí, la ESI también es jugar; es llevar al aula la ludopedagogía que reivindica en sus teorías, prácticas y estéticas, el cuerpo como hacedor del conocimiento. Entonces, poner el cuerpo en juego es reconocer que el primer plano es su lugar, dejar que nos conduzca, que tome la iniciativa. Después de todo, es allí donde acontece la experiencia vital, es lo más cercano, pero, paradójicamente, nos resulta muchas veces tan distante.

    Cuando juego me siento más viva: mi lugar en el mundo cobra otra dimensión; más humana, más simbólica y a la vez más material. En el juego se une el pensar, el sentir, el decir y el hacer. Al movernos todo se moviliza a nuestro alrededor: lo personal y lo colectivo se conmueven y voy expandiendo mi universo, abro nuevas preguntas, le doy lugar a la duda, me dejo sorprender y, muy importante, doy lugar a la risa, al baile, a la actuación, a la recreación, al canto; a la capacidad humana de recrear, es decir, vuelvo a crear lo ya creado. En ese contexto, lo que me dijeron del amor, del cuerpo, del sexo, puede tener otra oportunidad más digna, más sostenida por los derechos y por mi propio amor.

    El papel de los talleristas es clave en los encuentros de ESI.

    COMPROMISO

    —¿Cuándo empezaste a interesarte decididamente en cómo conversar sobre la sexualidad?

    —Creo que en general las personas desde que tenemos capacidad para explorar, sentir, experimentar, nos interesamos en la sexualidad. Pero, para no hacer una respuesta tan larga que abarque mis casi 50 años de vida, destaco que a fines de los ’90 realicé mi tesis de Licenciatura en Comunicación Social orientada a la sexualidad. Me detuve en el ocultamiento de las personas que viven con VIH, puntualmente en los discursos que hablan de los aspectos de ese virus, pero que no ponen en un lugar destacado a quienes lo llevaban en su cuerpo. En ese entonces el tema era una incógnita para mí. Aún hoy, el VIH sigue generando miedo y estupor en la sociedad. Y a esto se suma la discriminación, producto de la ignorancia y falta de empatía. En ese contexto entrevisté a personas que convivían con VIH para conocer de qué se trata en primera persona. Fue extraordinario, mi horizonte se expandió y pude conocer otras maneras de entender la vida y de vivir la sexualidad. Fue muy profundo y conmovedor hacer esa investigación.

    —¿Dónde aprendiste más sobre ESI: en las instancias de capacitación o en los encuentros interpersonales con los estudiantes?

    —En el aula, porque allí está la vida haciéndose: tienen lugar los procesos de transformación social, las ideas y sentires, que nacen, se reproducen y mueren en la escuela. Y como docente puedo ser testigo de esa maravilla.

    De todos, estudiar, formarse y de-formarse es fundamental para animarse en espacios tan desafiantes como la ESI. En este momento estoy cursando una formación en Gestalt: una oportunidad para mirarme más profundamente y poder mirar estos procesos que habilita en la escuela la educación sexual.

     

    ROLES

    —¿Cuál es la función de una tallerista ESI?

    —Ser tallerista ESI es apostar a cambiar la lógica de los espacios que conforman el sistema educativo. Me refiero a la forma de sentarse, de habitar el aula, la manera de abrir preguntas (no cerrarlas) con la convicción de que el conocimiento es una construcción colectiva, la ronda, el estar presente, el decirles “te veo” a los y las jóvenes, el instalar la duda y la invitación al juego como territorio del acontecimiento creativo.

    En definitiva, ser tallerista es dar lugar a la palabra, al humano acto de conversar; dar cabida a otra estética; a las emociones en la escuela, al mundo personal. Son movimientos que tienen un gran poder transformador.

    —¿Para qué crees que sirve esta instancia de reflexión en el sistema escolar?

    —La ESI es una oportunidad cierta para liberarnos de mandatos, conectar con la propia intimidad y hacer de la vida un lugar de exploración y crecimiento colectivos. Esta aventura siempre es con otras personas: parte en soledad, parte en compañía.

     

    La ESI en casa

    —¿La ESI sirve también para los padres?

    —La ESI es necesaria para todas las personas; pienso en adultos y adultas mayores, en los primeros años en vidas atravesadas por la discapacidad.

    No tengo dudas de que la ESI es necesaria para quienes ejercen profesiones como la medicina, la psicología, y para quienes se desempeñan en los clubes, en los centros comunitarios, en los medios de comunicación.

    Por supuesto que todo es más saludable si la ESI ocupa un lugar importante en las familias, porque ofrece herramientas para todo lo que venimos contando hasta aquí.

    De hecho, si como adultos no nos hacemos preguntas, no desnaturalizamos, no nos sentimos hacedores de nuestras vidas, eso será lo que le comunicaremos a las nuevas generaciones. Si esa tarea no se emprende en familia, las nuevas generaciones tendrán que hacerlo solas en algún momento; será un trabajo arduo pero no imposible.

    —¿Podrías dar un ejemplo?

    —Pienso en una persona adulta que sostiene una pareja aunque sus derechos sean vulnerados porque “así es la vida” y “no hay nada que pueda hacer”. Si ella no conecta con su deseo, con lo que merece, con sus potencias, es probable que todo eso se lo transmita a sus hijas, hijos, sobrinos, alumnos. Por eso es tan importante que padres y madres, abuelas y abuelos, docentes en general, inicien procesos personales de búsqueda donde trabajar miedos, frustraciones, imposibilidades. Esa transformación es el legado más grande que podemos dejarles a los más jóvenes.

    —¿Hay interés en participar?

    —Cuando las familias son convocadas muchas de ellas asisten a la escuela y se animan a jugar, a expresar sus dudas y deseos. Se generan climas muy productivos desde el punto de vista de las emociones, un sentir que a la escuela la hacemos entre muchas personas. No dudo que la educación es tarea de la familia y la escuela.

    En los talleres de ESI se pone en cuestión el machismo y la misoginia.

     

    Deconstrucción

    —¿Qué hace la ESI por la construcción de una nueva consciencia en torno al valor de la mujer?

    —Al abrir preguntas sobre lo dado, lo naturalizado, lo que se cree inamovible, el lugar de la mujer se problematiza: se transforma, se reivindica. Lo mismo pasa con el lugar del hombre. La nueva consciencia está llegando de a poco para decirnos que las personas podemos vincularnos amorosamente, aprender unas de otras. El patriarcado nos afecta directa y cruelmente a las mujeres, por lo que necesitamos el apoyo de nuestros compañeros varones para terminar con las actitudes misóginas y machistas y que el patriarcado se caiga de una vez. En los talleres, estas conversaciones son frecuentes. Al igual que diferentes acciones como la que realizamos el año pasado junto con docentes de arte para revalorizar a las mujeres artistas.

     

    La ESI en la escuela

    —¿Qué papel desarrollan los docentes y directivos?

    —Para que la ESI pueda sostenerse y crecer es fundamental funcionar como una red, con acuerdos y proyectos compartidos, unos para los espacios específicos de los talleres y otros de manera transversal como hilos presentes en toda la escuela. Desde Matemática hasta Historia. Incluyendo la vinculación de preceptores y preceptoras, cómo organizar el espacio escolar, de qué manera diseñar un acto, todo puede ser mirado desde este lugar.

    Y, cuando eso sucede, la escuela se humaniza, ampara, cuida y da gusto estar allí. Iniciar procesos ESI en una escuela requiere de una inversión en crecimiento constante. Inversión simbólica y material, porque se trata de abrir algo que como una bola de nieve va creciendo exponencialmente. En ese sentido, mantener el mismo nivel de recursos, o disminuirlos, es ir contra los procesos que la ESI habilita.

     

    Para agendar

    El sábado 10 de abril se realizará el taller “Experimentar la ESI”, una propuesta que se enmarca en la presentación del libro “ESI, talleres de cuerpo en juego”, que tendrá lugar en el Quincho del Polideportivo municipal de Oro Verde (Las Golondrinas), de 10 a 12.

    La actividad consistirá en un taller de Educación Sexual Integral presencial y está dirigido a docentes, estudiantes, profesionales de la salud, de clubes y centros comunitarios que interactúan con niños, niñas y jóvenes.

    Debido a las condiciones sanitarias que el escenario actual impone,  el cupo será limitado.

    La entrada es libre y gratuita. Las inscripciones se pueden realizar a través del formulario que se encuentra en https://bit.ly/3c2LoMM .

    La propuesta es organizada por el Municipio de Oro Verde, el Centro Integrador Comunitario, coordinado por Mariana Páez y cuenta con el auspicio del programa radial Zorras.

    Por más información, comunicarse al 3435106474.

     

    Sobre la entrevistada

    Mariana Páez es Licenciada en Comunicación Social y Doctora en Ciencias Sociales. Su formación incluye la ludopedagogía, la sexología y la Gestalt. Trabaja en los equipos de la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales (Uader), entre ellos, en la Escuela Normal de Paraná en materias de Comunicación y en espacios de Educación Sexual Integral; en los profesorados de Educación Inicial, Primaria y Especial en los talleres de Sexualidad Humana y Expresión Creativa.

    Abrazos con otros brazos

    Lo más leído

    Agroclave