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    `Blackie´, historia de una mujer libre que se impuso a la discriminación y el machismo

    Con `Blackie, una vida en blanco y negro´, Alberto Ponce concreta un aporte para rescatar del olvido a Paloma Efron. El trabajo del realizador concordiense –que se proyectó el sábado en el Festival de Cine Internacional de Paraná- repara una injusticia que pesa sobre la cantante y productora nacida en Basavilbaso y que brilló en radio y televisión. En una entrevista con EL DIARIO, el director brindó las claves de un film que rescata la vida de una referente de los medios y la cultura popular en el país.

     

    Carlos Marín / coordinación@eldiario.com.ar

     

    Cuando tenía ocho años de edad, Alberto Ponce escuchó una frase que su madre le dirigió -a modo de reprimenda-, por un comentario despectivo que su hijo había realizado sobre una publicidad televisiva que insistía sobre el regreso de una tal `Blackie´. “Si existieran más mujeres como ella, el país no estaría como está”. El cineasta recordó durante cuarenta años esas palabras que lo marcaron de modo indeleble.

     

    El documental de Ponce recuerda a una periodista singular y el profesionalismo que sostuvo en su trayectoria. La personalidad de la entrerriana es recordada con un retrato en el Salón de las Mujeres, en la Casa Rosada.

     

    Sólo muchos años después de aquella anécdota infantil, Ponce adquirió plena conciencia de quién había sido esa mujer destacada y reconocida en la radio y la televisión en el país. Una personalidad que había brillado como cantante de jazz, productora y conductora. Supo que su nombre era Paloma Efron. Y que había nacido en Basavilbaso.

    En esas cuatro décadas que pasaron entre un momento y otro, Ponce dejó Concordia al finalizar la escuela secundaria, se instaló en Paraná para estudiar Comunicación Social. Luego, tras obtener una beca, egresó en la década del 90 como montajista y editor de la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, en Cuba. A su regreso al país se radicó en Buenos Aires, donde vive desde hace tres décadas y se dedica a pleno a su profesión.

    El hallazgo en una librería de `Memorias de Blackie´ -biografía escrita por Ricardo Horvath-, revivió en él aquel suceso de su infancia. Y movilizó algunos resortes internos. Horvath había sido docente del documentalista en la FCEdu de la UNER y eso lo llevó a prestar especial atención al texto y la figura que abordaba en esa biografía. “Considero a Horvath un maestro de ética periodística junto a docentes como Guillermo Alfieri y María Elena Lothringer, que me marcaron cuando cursé Comunicación Social en Paraná. Su libro me gustó muchísimo y eso impulsó la decisión de hacer la película”, contó el documentalista a EL DIARIO.

    Concretar el proyecto llevaría su tiempo. Finalmente el rodaje del film sobre Paloma Efron –que el jueves último hubiese celebrados sus 106 años- se realizó entre 2011 y 2012, en varias etapas, en locaciones de Entre Ríos y la ciudad de Buenos Aires.

    ESFUERZOS Y LOGROS

    El documental de Ponce –que se estrenó en diciembre de 2012- recuerda a una periodista singular y el profesionalismo que sostuvo durante su larga trayectoria, a través de una de sus habilidades más destacadas: la conversación. Dora Baret da vida a la protagonista de un relato que combina testimonios con recreaciones y un amplio material de archivo, cruzando lenguajes y líneas temporales para reconstruir la vida fascinante de esta auténtica pionera.

     

    – ¿Cuánto tiempo te demandó la investigación y la producción? ¿A qué fuentes recurriste y qué lugares tomaste como locaciones?

    – La investigación y la producción insumieron unos cinco años. Ello implicó ponernos en contacto con Ricardo Horvath, a quien pedimos consejos y sugerencias; luego entrevistar a otras personas que habían conocido y trabajado con Blackie. También viajar a Basavilbaso para buscar las locaciones. Y en todo ese proceso pensar la propuesta estética del documental que tenía sus dificultades, porque no eran sólo entrevistas sino que nos planteábamos algunas reconstrucciones por ejemplo para la niñez, una etapa que Paloma tanto evoco y que recordó hasta su muerte como muy formativa. Las fuentes sobre las que nos basamos fueron el libro de Horvath, que marcó la estructura principal y otro que escribió Hinde Pomeraniec y del cual incorporé cosas que me resultaron interesantes.

     

    – ¿Cuál fue la dificultad más grande que se planteó durante la realización?

    – El primer problema a resolver fue la falta de recursos, como habitualmente sucede al plantearse una producción en el país. Y luego intentar hacer una biografía de alguien que fue tan importante y a la vez está tan olvidada. Eso me pareció tremendo y fue uno de los motivos que me llevó a concretar el documental. Para ser franco: en Argentina, hoy, nadie menor de 40 años sabe o tiene alguna idea de quién fue Blackie. Es como si hubiésemos sufrido una epidemia de amnesia. Eso me parece increíble. Imaginémonos que dentro de 50 años nadie se acuerde quién fue Marcelo Tinelli. Es algo similar. Si bien Tinelli está en las antípodas de lo que pensaba Blackie, lo cierto es que ella en su momento fue tan reconocida y popular a nivel masivo como él. Era la mujer más popular de La Argentina y hoy es absolutamente ignorada. Incluso por las mujeres mismas. Hay que recordar que ella se impuso a una época. Hizo toda su carrera en una etapa terrible en el país, no sólo por el machismo, sino por los golpes militares, los enfrentamientos políticos.

     

    – ¿Qué satisfacciones te dejó la película luego del estreno?

    – Tal vez la más grande es que esté en circulación. Haber dejado un material que la gente puede consultar, ver, estudiar. Me gustaría que genere inquietudes para seguir investigando, o motivar a otros a hacer una nueva película sobre ella.

     

    MENSAJE DE LIBERTAD

    – ¿Cuál fue el enfoque –en relación al mensaje que te interesaba compartir- que te propusiste plantear acerca de esta mujer al comenzar el proyecto?

    – Me interesa compartir el mensaje que Blackie dejó con su vida, un mensaje de libertad y pluralidad. Ella hablaba mucho sobre la libertad. Al fallecer trabajaba sobre su autobiografía, que tenía como título `libre´. Siempre hizo lo que quiso y lo dijo muchas veces. Como lo señalamos en la película, no se planteaba límites y derribaba prejuicios. Por ejemplo en su programa de radio invitaba a un sacerdote, a un rabino, a un imán y todos se ponían a debatir si que fuese necesaria la agresión. Y esto lo hacía con todos los temas, incluso la política. Si bien nunca se conoció bien su filiación, ella simpatizaba con gente de todos los partidos. En este momento de distanciamientos y `grietas´, creo que la figura de Blackie debería estar, en ese sentido, un poco más presente.
    Creo que ese es uno de los mensajes más importantes que nos dejó: lograr la concordancia en las diferencias, poder llegar a acuerdos más allá de la disparidad. Coincidir en las diferencias sin agredirnos. Fue una persona que defendió sus ideales y sus posturas, que trató de ser cada día mejor persona, e intentó, desde lo que era su trabajo, hacer un mejor país.

     

    – ¿Qué te sorprendió en relación a esta mujer cuando comenzaste el proyecto y aún hoy te asombra?

    – Me sorprende que ella no sea más conocida. Está olvidada. Apenas la recuerdan un par de placas, una en la que fue su casa en los últimos años y otra en la Avenida 9 de Julio y un retrato en el Salón de las Mujeres, en la Casa Rosada. Que nadie sepa quien fue, que no la recuerden, es tremendo. De hecho, al comenzar el proyecto, nadie en el equipo técnico con el que trabajamos, sabía quién era antes de leer el guión. Ahí hay otro motivo más que me impulsó a realizar la película.

     

    – A partir del conocimiento que lograste en tu investigación, ¿cómo la caracterizarías?

    Fue una difusora de cultura, brillante en muchas cosas. Era polifacética y no se encasillaba en nada. Llevó la cultura a todos los niveles. Sostenía, por ejemplo: `No es que a la gente no le gusta el ballet, es que no conoce de qué se trata´. Entonces se preocupó por acercar las expresiones artísticas al público. Y trajo a primerísimas figuras del ballet internacional como Rudolf Nureyev y Maia Plisetskaia y logró con sus programas picos de rating de 40 y 50 puntos. También hizo llegar al país a Louis Armstrong y Ella Fitzgerald. Tenía mucho conocimiento del jazz. Pero no se quedó solo allí. También se ocupó del folklore, del tango, donde era conocida y tenía amigos como Atahualpa Yupanqui y Horacio Salgán, entre tantos más. Hay otros detalles que hablan de su persona. Es cierto que ganó mucho dinero. Pero lo invirtió a todo en lo que le gustaba, que era viajar. Como detalle, en su casa tenía seis empleadas domésticas porque, parece, era una obsesiva de la limpieza. Amó a Carlos Olivari, famoso guionista, se casaron. Luego se separaron pero, paradojicamente, continuaron almorzando juntos todos los días en la casa de Blackie hasta que él falleció.

     

    -¿Para vos qué fue lo que le posibilitó proyectarse desde Basavilbaso -un pueblo del interior del interior- hasta las alturas que alcanzó?

    -Sin dudas fueron su carácter y su fuerza interior, su entereza: tener claro sus objetivos de vida, sus principios. Y esa energía vital que tenía, que era arrolladora. Ella nunca se arrepintió de nada de lo que había hecho.

     

    UNA VIDA TRANSITADA CON INTENSIDAD

    ¿Quién fue `Blackie´?

     

    Parte del documental se filmó en Basavilbaso, donde `Blackie´ pasó su niñez, etapa que evocó y que siempre recordó como muy formativa.

     

    Paloma «Blackie» Efron fue una de las mujeres argentinas más destacadas del siglo XX, sobre todo por sus aportes al desarrollo de la televisión. Pocos conocen sus inicios como cantante de jazz o sus incursiones en el cine y el teatro. “El secreto de mi vida fue realizar cosas que no ha hecho nunca otra mujer”, dijo en reiteradas ocasiones.
    Nació en Entre Ríos el 6 de diciembre de 1912, en la colonia Roshpina de Basavilbaso, y falleció en Buenos Aires el 3 de septiembre de 1977. Su padre, Jedidio, era director de escuela y máximo responsable de la Asociación Internacional de Colonias Judías. Nunca olvidó la frase que su padre le dijo cuando era una niña: “un ser humano puede caer de rodillas ante un sólo valor de su semejante: la inteligencia”. Fue una máxima durante su vida.

    Cuando era una adolescente ganó un concurso de canto organizado por Jabón Federal en el que participaron más de 200 personas y el público la apodó `Baby Black´ y `Blackie´. Eligió este último para distinguirse por el resto de su vida.

    En Buenos Aires, fue empleada en el Instituto Cultural Artegentino Norteamericano (ICANA), luego pasó a Radio Municipal y más tarde a Radio Belgrano. Estudió antropología en la Universidad de Columbia y cantó con Marian Anderson en sus años de residencia en Estados Unidos, también se contactó con Duke Ellington, Louis Armstrong y Count Basie, grandes del jazz, y además con Albert Einstein y Eleanor Roosevelt. Conoció a figuras como Marilyn Monroe, Arthur Miller, Doris Day, Marlon Brando y Salvador Dalí.

    En 1943 se casó con Carlos Olivari, reconocido periodista y escritor teatral. Diez años después se separaron y luego de la ruptura, en un lapso corto de tiempo, fallecieron su padre, su ex marido y su madre.

    Tras salir de la depresión que le causó la pérdida de sus seres queridos decidió dedicarse de lleno a la producción y explicó: “Para sobrevivir, sólo había una posibilidad: ocupar mi cabeza y mi cuerpo con trabajo las 24 horas del día”.

    Su primer programa televisivo fue `La historia del jazz´ y luego siguió con `Cita con las estrellas´ que se mantuvo en la pantalla con gran éxito por siete años. Continuó con Prensa Visual, El show de las estrellas, Volver a vivir, Derecho a réplica, Festival, La mujer y Tarde, bien tarde. También intervino en cine y en obras de teatro. En la radio se destacó con La mujer y La tarde con Blackie y además cantó jazz en el Teatro Colón.

    Fue una de las entrevistadoras ejemplares y pioneras del periodismo y el magazine en televisión que alcanzó su máxima popularidad con programas periodísticos y de entretenimiento en radio y TV.

     

    EL DIRECTOR

    Alberto Ponce nació en Concordia. Estudió Licenciatura en Comunicación Social en la FCEdu de la UNER. Es egresado de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, Cuba, en la especialidad de Montaje-Edición, de la cual es profesor itinerante desde 1995 hasta la actualidad. Ha dictado cursos, talleres, seminarios y conferencias en Argentina, Brasil, Colombia, Cuba, Chile, España, México, República Dominicana, Uruguay y Venezuela.

    Fue docente en la carrera de Diseño de Imagen y Sonido de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y de la Escuela Nacional de Experimentación y realización Cinematográfica (ENERC) del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales.

    Ha editado cerca de 70 largometrajes. Su trabajo internacional incluye largometrajes en Chile, Colombia, México, Cuba, Paraguay, Venezuela, Puerto Rico, Costa Rica, Bolivia y República Dominicana.

    En televisión ha editado las miniseries «Nueve Lunas», “El hacker”, «El Signo», “Pasajeros”, “Mis noches sin tí”, entre otras.

    Obtuvo el Premio Coral a la Mejor Edición en el Festival de La Habana 2006 y el Cóndor de Plata al Mejor Montaje por “Crónica de una fuga” de Adrián Caetano.

     

     

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