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miércoles, abril 14, 2021
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    López Jordán norte, portal hacia una ciudad en fuga

    En muy poco tiempo, el entorno de López Jordán Norte cambió de manera radical. No es que la naturaleza y el canto de los pájaros hayan desaparecido, pero la acelerada urbanización impone su agenda, lo que desafía a los propietarios y al municipio.

     

    Víctor Fleitas

    [email protected]

     

    Si fuera posible que un abrir y cerrar de ojos condensara seis años corrientes, es decir, si se pudiera saborear como se hace con un bocadito de chocolate amargo la sensación de abarcar una inmensidad en lo que dura un suspiro impaciente, los primeros residentes del tramo de López Jordán más cercano al río lamentarían que la fantasía de habitar la campiña francesa que animó aquellas incursiones exploratorias se hubiera esfumado tan velozmente; y que mucho antes de lo pensado el sector esté inmerso en cuestiones y problemáticas que no lo diferencian de cualquier otra urbanización.

    López Jordán es una de las tantas arterias llamadas a ser avenida, si la ciudad creciera de manera organizada. Atraviesa la ciudad desde un balcón de sol naciente, más allá de Blas Parera, paralela a ella. Surge en la alta barranca del río, detrás de la majestuosa Toma Vieja, y llega hasta los límites del ejido, cerca de Oro Verde, aunque después de Almafuerte cambie de nombre por otra referencia a la historia comarcana: Gobernador Enrique Mihura.

    Vergel salvaje, estas tierras misteriosas, insondables, quedaron a la vista de un número mayor de ciudadanos gracias a la construcción de la Avenida de Circunvalación José Hernández que implantó el Túnel y el posterior Acceso Norte, de donde se desprende el segundo aro circunvalar de la ciudad -la Avenida Gobernador Maya, que lleva al Parque Industrial y luego hacia Crespo- y los enlaces con la red caminera de esta costa, entre San Benito, Colonia Avellaneda y Sauce Montrull.

    La actividad humana corriente se circunscribía a trabajos productivos, vegetales y animales. En ese entorno natural de selva petisa, los baqueanos dejaban parte de sí en las espinas de aromitos y arbustos, aunque también sabían dónde hallar los yuyos que aliviaban malestares. Vida dura, ensimismada, la charla era un recurso reservado para cuando recibían a aventureros citadinos parientes del propietario, que hacían vida de campo por unas horas.

    Es una pena que no haya pasado por allí un espíritu como el de Horacio Quiroga para hacer malabares narrativos con los pliegues témporo-espaciales y las experiencias sensoriales que aquí se yuxtaponen. Era otro mundo, cercano a la ciudad y a la vez completamente distante.

    Paisajes impactantes, desaprovechados para paranaenses y turistas. FOTO: Gustavo Cabral

    RUTA Y MURO

    Misterioso elemento, el tiempo; convencional y arbitrario factor, absoluto e incompleto a la vez. Porque hoy, esa misma malla vial que abrió estas amplias zonas al interés de curiosos y operadores inmobiliarios se ha convertido en formidable tabique que impide la conexión norte-sur.

    De hecho, en toda su extensión López Jordán está partida en tres. Para ingresar desde la ciudad por el Acceso Norte al tramo más ribereño, hay que pasarse de la entrada, girar en U en una ruta de alta velocidad y unos metros más adelante, doblar a la derecha.

    Luego de un prólogo de asfalto, López Jordán escribe su historia de barca encostada, mecida por las olas de un mar de polvillo que se agita con la cíclica aparición de vehículos que van de la obra en construcción hasta el corralón, en camino de ida y vuelta. Son camionetas y camiones que al atardecer trasladan operarios risueños, bromistas, satisfechos de haber hecho el día.

    A la planicie original, le sigue una montaña rusa desde cuyos puntos altos se disfruta de un horizonte de ondonadas tupidas de vegetación agreste que se dibujan en el este y recuerdan un pasado presente. Las nubes, mientras corren sin miedo a tropezar, juegan con el sol, como burlándose de su pretensión estelar. Y, en medio de la travesura, logran efectos de luz que modifican la paleta de verdes del suelo, mientras fugan hacia un destino indómito.

    El contexto cercano es distinto. Estas parcelas están carpidas ya y niveladas con tierra, que la lluvia compactará antes de que les tiren las líneas para levantar cimientos; en la manzana de al lado, un alcázar revocado luce hidalgo desde el centro geométrico del loteo, con lo que la postal se llena de texturas distintas, de colores cemento, azul cielo y gramilla; más allá, una calle conduce a lo que será un ramillete de casas más bien minimalistas, que esquivan todo repertorio de detalles, donde el valor parece concentrase en las dimensiones de los ambientes y la luminosidad natural de los espacios interiores. También hay tierras libres de mejoras, con sauces, un solitario aguaribay, algún eucalipto, el infaltable cañaveral y las enredaderas, entre las que se destaca una de flores azulinas.

    El sector en torno a López Jordán se va llenando de residentes permanentes. FOTO: Gustavo Cabral.

    Porvenir

    Cuando se afirma la idea de que para residir por estos lados conviene tener vehículo propio, surge un plan de viviendas de interés social en plena construcción y entonces es posible imaginar un futuro caminito de hormigas al costado de la zanja, en esta calle pensada para ser recorrida por autos y motos, no por peatones.

    De pronto, un perfil de la Paraná llena de edificios en altura se asoma hacia donde cae el sol y la observación se extasía en ese rostro poco conocido de la capital.

    López Jordán termina irremediablemente en el cruce con Pintor Augusto Nux, porque luego está la abrupta barranca y más allá el río y las islas, aunque no haya un mirador desde donde fotografiar o disfrutar del paisaje.

    Es parte de un ayer que permanece y sucede, un patrimonio público aún escondido, reservado para pocos.

    Mientras, en el otro extremo, cerca del Acceso, los propietarios tratan de ponerse de acuerdo por whatsapp para una mejor convivencia: el tiempo de la urbanidad se les vino encima y ahora es preciso regular la gestión de los residuos, la prevención a situaciones de inseguridad, la polvareda. De a ratos, alguno se ausenta de los intercambios y se embarca en un viaje pretérito de cuando la naturaleza se respiraba profundo. Como en Francia, cerquita del Paraná.

    El acceso al tramo norte de López Jordán es todo un problema, tanto desde el oeste como desde el sur. FOTO: Gustavo Cabral.

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