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miércoles, abril 14, 2021
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    Mapear para prevenir violencias contra las mujeres y de género

    Un mapeo en diecinueve países de América Latina permitirá producir un diagnóstico certero en torno a las violencias basadas en género y hacia las mujeres. El trabajo implica un esfuerzo operativo de proporciones y da cuenta de una compleja ingeniería metodológica. El relevamiento pretende evaluar y poner a circular estrategias para prevenir las violencias, en un contexto en el que los avances institucionales no parecen haber derivado en transformaciones culturales que humanicen los vínculos y creen nuevas estructuras de relación.

     

     Valeria Robin

    [email protected]

     

    Una iniciativa que involucra a un buen número de países latinoamericanos se desarrolla también en Argentina. Se trata del Programa Regional Spotlight del Sistema de Naciones Unidas y la Unión Europea, impulsado por el Fondo de Población de las Naciones Unidas, e implementado por el Centro de intercambio y servicios Cono Sur Argentina – Ciudades Feministas (Argentina) y La Colectiva Feminista para el Desarrollo Local (El Salvador).

    El ambicioso trabajo ya se está realizando y en una de sus fases incluye la formulación de propuestas. Lo que se intenta es un diagnóstico no sólo de los casos y las estadísticas sino también de los actores que aparecen involucrados, tanto del sector público como de ONG’s.

    La intención es advertir los nuevos rostros que asume la violencia contra las mujeres y las violencias basadas en género, para procurar luego -en la fase propositiva- alguna estrategia de prevención.

    Para brindar precisiones, la licenciada en Comunicación Social y parte del equipo que lleva adelante el proyecto, Florencia Brandolini, accedió a dialogar con EL DIARIO.

    –¿En qué consiste el proyecto Prevenir Violencias de género: experiencias y aprendizajes en América Latina y el Caribe hispano?

    –Nos proponemos construir recomendaciones basadas en evidencias que aporten a mejorar las políticas de prevención de las violencias, teniendo en cuenta que las estrategias para llevar adelante estas políticas hayan sido innovadoras y generen los compromisos necesarios para su implementación.

    Con ese objetivo, estamos trabajando para realizar un relevamiento y mapeo de experiencias, es decir, proyectos, programas gubernamentales, campañas, políticas públicas, entre otras que aborden la prevención de violencias basadas en género desarrolladas en la última década por actores institucionales y de la sociedad civil de la región.

    –Compartir ideas…

    –Sí, buscamos aprender de estas experiencias para sugerir mejoras en las acciones de prevención desde un enfoque de derechos humanos y género.

    Entendemos que parte de esas lecciones aprendidas son el diálogo con diferentes actores; por eso nos propusimos que en el mismo diseño del proyecto estuvieran contemplados y de ese modo participaran en las distintas etapas.

    El relevamiento pretende evaluar y poner a circular estrategias para prevenir las violencias.

    FUNCIONES.

    –¿Para qué serviría un mapeo de las experiencias de prevención de las violencias de género?

    –Buscamos visibilizar que existieron esfuerzos en cuanto a la prevención de las violencias basadas en género pero que, a pesar de los avances en las normativas, las violencias y desigualdades se siguen profundizando y las cifras siguen siendo alarmantes en contextos muy diversos y hostiles. El mapeo permite situar las experiencias en determinada territorialidad pero también temporalidad.

    Mapear una década de experiencias nos permite mostrar tendencias sobre qué se entiende por violencias contra las mujeres y violencias basadas en género, qué es la prevención, cuáles fueron las experiencias que pudieron llevarse a cabo de manera acertada, cuáles en menor medida y cuáles no lo hicieron.

     –Conlleva una especie de balance…

    –En algún sentido sí, pretendemos analizar y dar cuenta de lo que funciona y no funciona para aportar al debate sobre la reflexión de la prevención de las violencias y así fortalecer el crear o mantener políticas focalizadas específicamente en la prevención de las violencias de género.

    Nos interesa que el proyecto pueda generar diálogos con actores gubernamentales, agencias del sistema Naciones Unidas, organizaciones feministas, organizaciones sociales y comunitarias, medios de comunicación, sectores académicos y otros actores no convencionales que identifiquemos en el análisis de las experiencias.

    La propuesta tiene que ver también con un aporte para orientar los compromisos de esos actores para hacer más eficientes aquellas estrategias y acciones de prevención.

    TRABAJO EN RED.

     –¿Cuál es la historia del proyecto?

    –Se presentó la idea desde la ONG Centro de intercambio y servicios Cono Sur Argentina -Ciudades Feministas, a partir de un llamado de propuestas del Fondo de Población para América Latina y el Caribe de Naciones Unidas, en el marco de la Iniciativa Spotlight, una alianza global de la Unión Europea y la ONU que busca eliminar la violencia contra mujeres y niñas en todo el mundo.

    En América Latina, la Iniciativa Spotlight es implementada por ONU Mujeres, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, con participación activa de mecanismos intergubernamentales, organizaciones de sociedad civil y otras agencias del Sistema de las Naciones Unidas. Una de sus líneas prioritarias es la investigación en prevención, y allí se inscribe el desarrollo de «Prevenir VBG: experiencias y aprendizajes».

    La iniciativa se propuso para ser llevada adelante desde el Centro de intercambio y servicios Cono Sur Argentina -Ciudades Feministas, junto a la organización la Colectiva Feminista por el desarrollo local de El Salvador. El equipo conformado para el desarrollo del estudio es interdisciplinario, con sólida formación y experiencia en el campo de las VBG: participan investigadoras, psicólogas, comunicadoras y expertas académicas de México, Brasil, Argentina y El Salvador, como la escritora y antropóloga Rita Segato (Asesora Experta en Violencias de Género y Masculinidades) y la licenciada en Psicología y Magíster en Estudios de las Mujeres, Maite Rodigou (Asesora Experta en Violencias de Género Universidad Nacional de Córdoba, Consejo Directivo Centro de intercambio y servicios Cono Sur Argentina -Ciudades Feministas, Argentina).

    A estas alturas, el equipo se encuentra trabajando de manera remota para llevar adelante este proyecto que contempla relevar experiencias en 19 países de América Latina y el Caribe hispano durante la última década.

     

    MÉTODOS.

     –¿De qué modo van a recoger los datos a nivel país y luego a nivel continental? ¿Qué van a hacer con esa información?

    –La propuesta metodológica para el relevamiento, mapeo y sistematización de experiencias se desarrollará con una estrategia cualitativa y consiste de 4 etapas: descriptiva, analítica, de diseminación y propositiva. Como técnicas de recolección de datos se apelará al mapeo de actores, la revisión documental, la revisión bibliográfica, encuestas, entrevistas de sondeo y en profundidad.

    –Es un trabajo complejo…

    –Sí. El marco temporal que prevemos para el desarrollo de la búsqueda exhaustiva de experiencias de prevención de la violencia basada en género en América Latina y el Caribe es el de los últimos 10 años.

    Tomamos este criterio, entendiendo que, en la región, es en esta última década en la cual se ha fortalecido la tendencia a promulgar leyes integrales contra la violencia hacia las mujeres, y fortalecer los esfuerzos orientados a la prevención de la misma. Consideraremos entonces experiencias desarrolladas desde el año 2010 hasta la actualidad, en todos los países de América Latina y el Caribe Hispano.

     –¿Cómo se asegura la visión panorámica del conjunto?

    –Garantizaremos el carácter regional de la indagación, a partir de una estrategia metodológica de muestreo intencional con criterios geográficos que nos permita incorporar experiencias desarrolladas en los 19 países de América Latina y el Caribe Hispano.

    El Mapeo de experiencias incluirá la georreferenciación de las mismas, con lo que buscamos poder analizar qué funciona y poder generar recomendaciones que es donde queremos llegar, a generar sugerencias y propuestas a diferentes actores.

    En esta etapa daremos a conocer los resultados a través de un informe y material para difundir en diferentes plataformas.

     –¿Cuál es el período de realización?

    –La iniciativa contempla 9 meses de realización. Comenzamos en octubre de 2020 y finalizará en junio de este año.

    DICCIONARIOS.

    –Se habla de violencia de género en plural, ¿a qué refieren? ¿Son las mismas en las distintas culturas latinoamericanas?

    –A lo largo de nuestra región podemos encontrar diferentes formas que se utilizan para nombrar la violencia contra las mujeres, que denotan significados y sobre todo tensiones históricas alrededor de lo que en cada momento se fue comprendiendo y nominando como violencias de género. Esta fue una lucha del movimiento de mujeres y feminista amplio y global, y tuvo por escenarios diversos espacios -algunos más institucionalizados como foros, conferencias, y convenciones- y otros populares y territoriales como los que en cada país de la región se dieron en encuentros, proyectos, experiencias y programas que abordaron no sólo la violencia de género sino sus posibles modos de abordaje.

    Allí ingresa la prevención y este estudio va a recuperar esas líneas de sentido sobre prevención de violencias que estuvieron presentes en las acciones de la década 2010-2020.

    –No siempre se las llamó así…

    –…durante la década del ‘60 y ‘70 se hablaba de Violencia contra las Mujeres pero es luego de la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW) y la Convención Belém do Pará, cuando el término “Violencia de Género” (VG) visibilizó (en singular) las múltiples violencias sufridas por el colectivo de las mujeres. La nominación vino a ofrecer una mirada que politizó los actos de violencia inscribiéndolos en dinámicas de poder legitimadas socioculturalmente, en el marco de un proceso más amplio que Montserrat Sagot describe como “la reconceptualización y posicionamiento de la violencia contra las mujeres como un asunto de justicia, ciudadanía y de derechos humanos por parte del movimiento feminista”.

    Cuando hablamos de violencia de género en plural queremos visibilizar los distintos tipos y modalidades de su ejercicio (nombrados en las legislaciones nacionales de diversas maneras) y también los ámbitos en los que se desarrollan, los sujetos que involucra, y las temporalidades -o los procesos socio-vinculares- que condensan.

     –¿Y ahora?

    –Actualmente nos referimos a la “violencia basada en género”, lo cual -aun siendo mayoritariamente ejercida por varones y dirigida hacia mujeres-, expresando el binarismo varón/mujer, denota otras situaciones de violencia basadas en el género contra aquellas personas que no se encasillan en el esquema binario sexo/género, como las poblaciones LGTBIQ+, diversos escenarios más allá de los perpetrados directamente por un sujeto varón sobre una mujer, y múltiples modalidades de ejercicio.

    El término “violencia basada en género” es útil para comprender cómo la violencia refuerza e impone los postulados de este sistema de género. Como señala Joan Scott, el género se vale de diversos elementos para enraizarse en las relaciones sociales: conceptos normativos (jurídicos, científicos, religiosos, educativos), las instituciones y organizaciones sociales (familia, escuela, mercado de trabajo, entre otras), los símbolos culturales y la configuración de la identidad personal.

    Cuando se habla de violencia de género en plural se quiere visibilizar los distintos tipos y modalidades de su ejercicio.

    Lucha, en perspectiva

     –¿Qué diagnóstico hacen de la lucha por el reconocimiento cabal de los derechos de la mujer?

    –Creemos que de a poco hay un reconocimiento de los derechos de las mujeres a partir de los esfuerzos y alianzas de movimientos de mujeres en todo el mundo, además de aquellas instancias supranacionales de abogacía por los derechos de las mujeres e identidades de género diversas.

    En parte también lo estamos construyendo con mujeres referentes, grupos de discusión, historización, investigación y análisis que aportan desde una arista más académica.

    Estamos trabajando en el diagnóstico a partir del relevamiento y esto será parte de las conclusiones del análisis de la década que consideramos puede aportar y sumar al reconocimiento de los derechos de las mujeres e identidades de género diversas dando cuenta de lo que funciona y no funciona en materia de prevención de las violencias basadas en género.

     

    El cine que nos nombra

    –Pareciera que junto al reconocimiento de las mujeres como guionistas y realizadoras hay también mayor cantidad de series y películas que dan cuenta de la problemática ¿estas producciones ayudan a poner en discusión matrices culturales instaladas vinculadas al patriarcado?

     –Es evidente que gracias a la mayor visibilización del movimiento feminista, sus luchas y acciones, el arte es una de las aristas que interpela sus modos de producción y realización en clave de género, por lo tanto se dan discusiones en cuanto al abordaje del contenido y a les realizadores que lo llevan a cabo. Mejor aún, no sólo hay más contenido referente a estas temáticas, sino mujeres e identidades de género diversas que trabajan en la realización y concreción de ese contenido.

    Con relación al proyecto, uno de los temas estratégicos que tomaremos es el arte, estamos viendo que hay buenas experiencias de prevención que involucraron lo cultural, algunas son producciones que intentaron -en el lenguaje artístico/cultural/comunicacional – transformar normas sociales y parámetros socioculturales.

    Consideramos que este tipo de avances ayudan a seguir poniendo en debate los discursos, las formas, las desigualdades, los micromachismos y las acciones que se vinculan al patriarcado. No sólo aportan en ese desandar y deconstruir esos caminos sino que se generan en clave de dar a conocer que avanzamos en habitar per sé, como mujeres e identidades de género diversas, ese espacio público que históricamente nos fue negado.

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