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miércoles, abril 14, 2021
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    Nora Dalmasso, la paranaense reconocida en el mundo por sus fotografías de nacimientos

    A comienzos de siglo, ser madre la volcó a la pasión que tenía desde niña. A fines de febrero, esta integrante de la Asociación de Fotógrafos Profesionales de Entre Ríos, recibió una distinción en el certamen anual de la International Association of Professional Birth Photographer, de la cual es la única integrante por Argentina. Su imagen “El milagro de la vida en tus manos” está dentro del selecto lote de “las 26 mejores fotos del 2020”.

     

    Carlos Marín

    [email protected]

     

    “Una imagen vale más que mil palabras”. La frase enmarca la actividad que Nora Mariela Dalmasso realiza a diario. Es fotógrafa, además de mamá. En el luminoso ambiente de su casa, en que recibe a EL DIARIO, esta afable paranaense, descorre el velo de su quehacer profesional: su trabajo es tomar fotografías de nacimientos, uno de los momentos más intensos y potentes en la vida de los seres humanos.

    A ello dedica una parte importante de su tiempo esta mujer que como miembro de la Asociación Internacional de Fotógrafos Profesionales de Nacimientos –entidad de la cual es la única integrante por La Argentina- fue distinguida recientemente entre cientos de colegas de todo el mundo por una fotografía que tituló: “El milagro de la vida en tus manos”.

    “En esta disciplina, muy poco difundida en nuestro país, es la primera vez que se distingue a alguien que participa desde Argentina”, sostiene Dalmasso, que no oculta su orgullo por integrar un selecto grupo conformado por fotógrafos de Australia, Estados Unidos, Canadá y Brasil.

     

    EL INICIO

    Hay que situarse en la primera mitad de la década del `70, en el kilómetro 13 ½ de la ruta 18, en los alrededores de San Benito, para rastrear el origen del recorrido que la ha conducido hasta alcanzar hoy la consideración más alta a nivel global. “La fotografía me gusta desde que era chica”, dice. “En casa siempre había una cámara fotográfica. Mi padre influyó, ya que ama la naturaleza, y siempre salía al campo con su equipo. Yo como hija mayor lo acompañaba en esas salidas y de esa etapa son mis primeros registros”, cuenta. Tomar imágenes “siempre ha sido algo importante en mi vida”. Esa afición se acentuó “a partir de que fui mamá, porque empecé a registrar las actividades cotidianas de mis hijos. Sobre todo en disciplinas deportivas”.

    Un día cayó en la cuenta que la fotografía se había convertido en algo más que una pasión, ya que era parte habitual de sus días. “Mi esposo se dio cuenta y me regaló un equipo profesional. También me sugirió que hiciera un curso, que estudiase para poder emplearlo con todas las posibilidades. Eso fue alrededor de 2012. Los primeros talleres los hice con Mauricio Garín. Él fue mi primer maestro y me encaminó. Luego sentí que tenía que hacer algo más y me inscribí en la escuela de fotografía en la Asociación de Fotógrafos Profesionales de Entre Ríos (AFPER). Al concluir los estudios, me incliné por el retrato de embarazadas, con lo cual tenía mucha afinidad”. “Tal vez –confía Nora- porque estar embarazada y ser madre, es lo máximo que me ha pasado en la vida. Mis hijos son mi eje”. Allí se inició otra etapa.

    “Recibir esta distinción me confirma que estoy por buen rumbo. Además, frente a los ojos de mis colegas, los que estamos en la misma disciplina, recibirla me da seguridad”, reconoce Nora Dalmaso.

     

    PUNTO DE INFLEXIÓN

    -¿Cuándo comenzó a fotografiar nacimientos?

    -En 2016 empecé a trabajar con embarazadas, también retratos infantiles. Pero continuaba en la búsqueda. Y charlando con otra persona caí en la cuenta que no tenía imágenes del nacimiento de mis propios hijos. Ahí tomé la decisión: eso es lo que quiero hacer”.

    -¿Cómo ha sido, desde entonces, su recorrido en esta especialidad?

    -No ha sido fácil. Sobre todo porque la fotografía de nacimientos no es una disciplina conocida por acá. En cambio en países como Estados Unidos, Europa, Canadá, Australia, tomar una imagen en un parto es, en cierto sentido, similar a tomar una de un bautismo. Hasta donde sé, debo ser una de las pocas personas que se dedica a esta especialidad en el país. De hecho, cuando me premiaron, enterarse de dónde era resultó una sorpresa para los integrantes del jurado. Soy la única integrante de la Asociación de La Argentina y es tan raro que alguien de nuestro país estuviese dedicado a esta disciplina, que portales internacionales destacaban que yo era una `fotógrafa argentina que vivía en La Argentina´. Es que muchos creían que si bien tenía esta nacionalidad, vivía en España. Y los primeros saludos que recibí del jurado –integrado por 25 profesionales de distintos puntos del mundo- me llegaron en portugués, porque pensaban que yo estaba en Paraná, Brasil, país si tiene presencia en la asociación. Así que tenía que explicarles la confusión y aclararles dónde vivía, este lugar del que, debo decirlo, me siento orgullosa.

    -Al enviarla al certamen ¿pensó que “El milagro de la vida en tus manos” tenía posibilidades de ser distinguida?

    -Hacer esa foto fue muy especial. Me impactó cuando la tomé. Sabía que la imagen obtenida tenía belleza, y estaba muy orgullosa. Además fue tomada durante 2020, en plena Pandemia, lo que agrega un extra más en términos de logro. Pero no estaba segura si iba a poder ingresar a la selección, ya que los criterios estéticos y visuales que configuran la mirada de los colegas en los países que tienen trayectoria en ésto son diferentes al enfoque que podemos darle en esta parte del mundo. En Estados Unidos o Europa, por ejemplo, las imágenes de nacimientos exponen todo, y por ello son muy impactantes. En otros países se expone un parto de modo integral, se puede ver todo. Y cuando digo todo, esa es la palabra exacta. Por mi parte, trato de exponer a los protagonistas lo menos posible. Para mi es clave aproximarme desde lo emocional. Por ejemplo, entre mis prioridades, es esencial el momento en que la madre le da el primer beso a su bebé.

    -¿Qué significado adquiere en lo humano y en lo profesional, haber logrado este reconocimiento internacional que se agrega a otros que recibió anteriormente en un Salón Municipal?

    -En lo profesional, recibir esta distinción me confirma que estoy por buen rumbo. Además, frente a los ojos de mis colegas, los que estamos en la misma disciplina, recibirla me da seguridad. Ocurre que al ser ésta una disciplina tan nueva y tener que apoyarme siempre en personas de otros países –como la española Eva Gascón- lo que hago es un desafío. A través de Eva (Gascón) –presidenta de la asociación española- yo me incorporé a la asociación internacional. Ellos me mandaron material de trabajo y para que me ayuden a organizarme en la disciplina, ya que no tenía referentes más o menos cerca. En lo personal, recibir un reconocimiento es maravilloso. Es un mimo al alma. Un estímulo que invita a seguir adelante. A la vez, estoy plenamente agradecida a todos los profesionales de la salud, las familias y las mamás que eligen mi trabajo. Sin ellos yo no podría lograr nada.

    “Para mi es clave aproximarme desde lo emocional. Por ejemplo, en mi enfoque es esencial el momento en que la madre le da el primer beso a su bebé”, confía la paranaense.

     

    EMPATÍA Y UBICUIDAD

    -¿Cómo encara la relación con la mamá, una de las protagonistas del momento?

    -Soy conciente que esta modalidad fotográfica no necesariamente le guste a todas las personas, ni que sea algo que todas las familias quieran. No todos pueden animarse. A veces hay miedo en relación a lo que el fotógrafo pueda mostrar, y el destino posterior de las imágenes.  Siempre solicito una entrevista previa con las mamás embarazadas. Me interesa que me conozcan personalmente para que luego tomen la decisión de si querrán o no realizar el registro fotográfico. Del mismo modo siempre me reúno con el médico a cargo del equipo para pedir su autorización. A la vez tengo también la autorización de los sanatorios. Nunca tomé una foto sin consentimiento. Siempre explico que todos los partos son diferentes y por lo tanto no puedo prometer una foto determinada a priori, ya que no se trata de imágenes posadas, sino espontáneas. Es un registro de cómo se vive un momento. Obviamente siempre las fotos las cuido mucho.

    -¿Cómo es la dinámica de su tarea en la sala de partos?

    -Es fundamental pensar en términos de equipo. Lo que no quiero cuando estoy trabajando en la sala es incomodar con mi presencia. De manera que tengo sumo respeto y cuido a las mamás; a las familias; a los profesionales. En un lugar y en un momento como ese la intimidad es algo esencial. Por ello tengo que ser sumamente delicada. Me enfoco en lo que debo hacer y mientras registro, no se lo que sucede en mi entorno, más allá de mi cámara.  Mi objetivo es mirar y tomar fotografías desde un lugar que no moleste. Pero repito, lo principal es el entorno, no causar problemas. No voy a atropellar para sacar la mejor foto si considero que perjudico el trabajo de los profesionales de la salud y molesto a la mamá.

    -Captar el instante, es una clave en fotografía. En la modalidad en que trabaja debe sentir más esa presión.

    -Es así. Es evidente que el instante que una toma fotográfica registra es irrepetible. Pero en la modalidad en la que yo trabajo esto se experimenta con más intensidad. Las cosas ocurren en un minuto. El nacimiento es en un lapso breve. Hay que estar muy atento. Si no se capta lo que sucede en el momento justo, el evento ya no puede repetirse. No existe el margen que puede haber en otras situaciones como las sociales, cumpleaños, bautismo, encuentros familiares, en las que existe la posibilidad de reconstruir una situación y rescatar algo del registro. En el caso de un nacimiento, si uno llega un minuto tarde, la foto no podrá realizarse jamás. Por eso como parte de mi trabajo, entro de guardia junto con las mamás y a partir de que cursan la semana 37ª de su embarazo estoy pendiente de su llamado. Uno no sabe a qué hora nacerá un bebé. Tampoco cuanto tiempo insumirá el trabajo de parto.

    “Estoy plenamente agradecida a todos los profesionales de la salud, las familias y las mamás que eligen mi trabajo. Sin ellos yo no podría lograr nada”, dice la fotógrafa.

    -¿Alguna vez no alcanzó a llegar a un nacimiento?

    -No. Siempre hay que estar pendiente. Eso lo he aprendido con la experiencia. Tengo todo preparado y listo para salir cuando sea por cualquier imprevisto. Equipo, batería, mochila, vestimenta adecuada. En cierto sentido es una tarea similar a la de la partera. Una vez, hace ya tiempo, una mamá tenía una fecha de parto determinada. Faltaban 40 días para el nacimiento Todo iba bien. Un día estaba cerca de casa y recibo un llamado telefónico. Era la mamá que me avisaba que las cosas se habían precipitado y entraba a la sala en 20 minutos para que le hicieran una cesárea. Sentí que el pulso se me aceleraba con una intensidad tremenda y parecía que iba a estallarme la cabeza. Gracias a Dios llegué a tiempo y pude hacer mi trabajo.

    -¿Qué modificó la Pandemia en su tarea?

    -Todo se hizo mucho más complejo. Logré que me autorizaran a trabajar cumpliendo con todos los protocolos. Hay que emplear doble tapaboca, antiparras, máscara, todo el equipo debe estar esterilizado, tanto como las manos. También hay que emplear la ropa que me proporcionan. Tomar buenas fotografías en esas condiciones es muy desafiante. Enfocar la cámara usando barbijos, antiparras, máscara y teniendo delante un vidrio que nos separa de la mamá y el bebé agrega un extra de dificultad a nuestro trabajo. A todo esto hay que sumar el tiempo para prepararse, para colocarse toda la vestimenta adecuada. Por eso me gusta llegar siempre con tiempo. Prefiero esperar tranquila ya vestida, aunque sea una hora para ingresar a la sala y hacer mi trabajo, que estar a las corridas y sobresaltada.

    EMOCIÓN

    -¿Algún parto la impactó especialmente?

    -Gracias a Dios no me ha tocado estar en uno complicado. Emocionalmente, sí me quedó la impresión del nacimiento de unas mellizas. Lo recuerdo porque luego de nacer, nos dimos cuenta que las bebés lloraban. De repente, una de las hermanitas comenzó a moverse, mientras lloraba a pleno. Buscó, tanteando a su alrededor hasta que encontró el bracito de su hermana. Desde el instante que se prendió de ella, estimo que habrían pasado unos cuatro minutos desde que había nacido, ambas se calmaron casi instantáneamente. Verlas juntas, tomadas por el brazo, incluso cuando las trasladaron, y compartían la misma cunita, me impactó. Mirar a esos dos pequeñitos seres buscarse para estar juntos, me impresionó. Lo cuento y no puedo dejar de emocionarme.

    CUNA Y OFICIO

    -¿Un buen fotógrafo nace o se hace?

    -Creo que uno se hace. Pero también hay algo innato. Hay que tener sensibilidad. Aprender a mirar, sobre todo a observar. Y claro, sí o sí se debe ser empático con las personas.

    DESAFÍO

    -En lo profesional ¿Qué desafío quisiera encarar?

    -Uno de los objetivos pendientes es fotografiar un embarazo de trillizos o cuatrillizos. Sería algo maravilloso y profesionalmente, lo máximo. Poder registrar esos nacimientos sería incomparable. De hecho, la foto por la que he sido distinguida fue tomada en un embarazo múltiple, de mellizas.

    DIFUSIÓN

    -¿Tiene prevista alguna muestra para dar a conocer su trabajo y esta modalidad que no es tan común?

    -Tengo una muestra lista para colgar, que está guardada desde el año pasado. Tenía fecha para exponerla el 24 de marzo y justo el 19 comenzó el aislamiento obligatorio. Así que quedó suspendida. Es un conjunto de 16 fotos en nacimientos y está enfocada en lo emocional, es decir el primer contacto de la mamá y del papá con el bebé. La necesidad de tener al hijo en brazos por primera vez es emocionante, y uno puede verlo en los ojos de las mamás y los papás. Y eso es muy emocionante. Esa muestra –a la que sumaré la foto premiada y algunas más- espera ser colgada y ojalá pueda mostrarla al público este año. Porque lo que me interesa es difundir y que se conozca esta modalidad de fotografía y el trabajo que hacemos.

     

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