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miércoles, abril 14, 2021
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    Expectativas propias vs. expectativas de los demás

    La imagen que nos hemos creado acerca de nosotros mismos está cargada de expectativas de los demás: de nuestros padres, familiares, profesores, amigos, parejas, etcétera.

     

    Las expectativas, se van formando en base a preconceptos, en relación a lo que creemos que tendría que ser, en base a lo que nos han enseñado y hemos aprendido a lo largo de nuestra vida.

    Son las que influyen directamente en la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás.

    Se podría decir que la mayoría de ellas son impuestas por la sociedad y la cultura en la que vivimos.

    Las expectativas culturales son aquellas que compartimos en sociedad, sobre lo que está aceptado, lo que se espera, y lo que es rechazado o juzgado.

    La imagen que nos hemos creado acerca de nosotros mismos, está cargada de expectativas de los demás: de nuestros padres, familiares, profesores, amigos, parejas, etc.

    Las creencias y expectativas que tenemos acerca de una persona, inevitablemente, influyen en sus pensamientos, emociones y conductas; condicionando su propia creencia sobre lo que puede conseguir y lo que no. Por eso, es fundamental, no limitar ni a nosotros ni a nadie con nuestras expectativas.

    Esto lleva a cuestionarnos: ¿Vivimos la vida que realmente nos gustaría? ¿Nuestras decisiones las tomamos en base a expectativas propias? ¿Qué sucede cuando salimos del patrón condicionante de las expectativas de los demás?

    Todas estas expectativas transitadas, en algún momento, se convierten en imposiciones que hemos naturalizado, que hay que cumplir, porque somos de determinada forma y no podemos salirnos de ese patrón.

    Cuando las desafiamos, puede aparecer la frustración y el sentimiento de culpa. Si reaccionamos como no estaba previsto y decidimos comportarnos de otra manera, nuestras relaciones cambian y podríamos sentirnos culpables por haber defraudado lo que otros esperaban de nosotros.

    Aún así, liberarnos de las expectativas que los demás tienen, vale la pena. Para poder hacerlo debemos comenzar a cuestionar de donde procede lo que esperan de nosotros, replantearnos si no responden a necesidades o deseo personales insatisfechos, si no están proyectando sueños no concretados, realizando una distinción en forma paralela, sobre cuáles son nuestras expectativas más profundas y personales. De esta forma, comenzaremos a desplegar nuestro propio y genuino potencial.

    Al entender el proceso y mecanismo de nuestras expectativas, vamos restándoles importancia a la mirada condicionante del otro, comprendiendo y siendo más compasivos con nosotros mismos y con los demás.

    Es importante recordar que no tenemos la responsabilidad de “estar a la altura” de las expectativas de los demás.

    La vida recupera su significado cuando priorizamos el valor y el respeto por nuestros propios deseos.

     

    Anabella Martínez

    Licenciada en Psicología (M.P 2009)

    Especialista en Terapia Cognitivo Conductual y Sexología Clínica (UBA) Diplomada en Programación Neurolingüística

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