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viernes, julio 30, 2021
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    Los viñedos ganan espacio en el horizonte entrerriano

    Para la presidenta de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos, Noelia Zapata, la actividad que viene creciendo lenta pero sostenidamente demanda tanto de conocimientos generales vinculados a la biología, la agronomía y la química como de los saberes específicos que portan aquellos que conocen las particularidades del terreno y el clima. Después de un 2020 complejo en todo sentido, las expectativas de cara al año en curso son moderadamente optimistas.

     

    Redacción EL DIARIO

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    En general se conoce que la vitivinicultura en Entre Ríos es una economía regional que viene creciendo de un tiempo a esta parte luego de largas décadas en la que la producción de vides y la elaboración de vinos fue confinada a las provincias cordilleranas.

    El caso es que, lo que empezó siendo una aventura de parte de un puñado de emprendedores derivó en la calificación de la actividad, la multiplicación de las unidades productivas y la consecuente selección de los tipos de uva más convenientes para el suelo y las condiciones climáticas.

    Así, productores y bodegueros entrerrianos luchan para que este sector productivo resurja con el esplendor de ayer, en tierras consideradas aptas para viñedos, ya que se encuentran entre 20 y 30 metros sobre el nivel del mar, comparables con la ciudad francesa de Burdeos.

    Con empeño, decisión, y corriendo riesgos empresarios, la vitivinicultura entrerriana va buscando su lugar de fortaleza dentro de una industria argentina que en algunos casos produce con exigencias de exportación.

    El diálogo de EL DIARIO con Noelia Zapata nos permite asomarnos a ese universo singular en donde confluyen ecuaciones de rentabilidad, fórmulas químicas, protocolos fitosanitarios pero también el conocimiento local de cada tierra y hasta cierta esencia poética que aparece en comentarios anecdóticos en los que la entrevistada da cuenta del espectáculo sin igual que significa ver prosperar las plantas y arribar -luego de múltiples cuidados- al ritual de la vendimia.

    –¿Cuál es el mapa de la industria vitivinícola de Entre Ríos?

    –La vitivinicultura se está desarrollando en la mayoría de los departamentos de nuestra provincia; en algunos con mayor fuerza y en otros de manera muy incipiente. En ambos casos la escala productiva es muy reducida dado el costo de implantación y el intensivo cuidado que requiere este tipo de producción.

    La mayor participación productiva se encuentra en la costa del río Uruguay, en Colón, Gualeguaychú y Concordia; y en esta costa, en cercanías a Paraná, Diamante y Victoria, así como también en el centro de nuestra provincia.

     

    Manos a la obra

    –¿Y en cuanto a la elaboración?

    –Actualmente el Instituto Nacional de Vitivinicultura ha extendido la habilitación en la categoría Bodega a cuatro establecimientos ubicados en Colón, Crespo, Victoria y Gualeguaychú. De todos modos, en ambas costas existen varios elaboradores artesanales, que es otra categoría reconocida por la normativa vigente. Y asimismo varios viñedos elaboran vinos caseros.

    Como norte de todos ellos está la transformación de la vid en un vino diferencial, especial, que represente el terruño entrerriano y su gente como ocurrió con, mucha fuerza, hasta la década del treinta.

    –¿Se puede caracterizar el momento del sector en cuanto a número de productores y establecimientos?

    –El número de productores está creciendo: podríamos asegurar que está cercano al centenar de pequeños y medianos productores que con su compromiso y esfuerzo personal están llevando adelante esta actividad que fue importante en nuestra provincia y hoy comienza a reaparecer con otra impronta, pero sin dudas llegó para quedarse.

    No hay desarrollada redes de comercialización de una manera sistemática u organizada; sí se procura transmitir información de posibilidades de colocación de los vinos en diferentes mercados de la provincia y en algunos casos fuera de ella; tampoco hay un desarrollo aún de canales de exportación.

    La participación económica de la industria vitivinícola es muy incipiente; pero es una actividad que hay que relacionarla totalmente con el turismo, con la cultura de cada lugar; y sin dudas podemos sostener que es generadora de oportunidades de mano de obra; en la cosecha, en la poda, en la elaboración, en la distribución, y en el desarrollo del enoturismo de nuestra provincia.

     

    Impulsos

    –¿De qué modo el Estado podría fomentar el desarrollo del sector?

    –Muchos de los emprendimientos necesitan ser visibilizados. Es de suma importancia el respaldo de los municipios y comunas, y de manera especial de la Provincia en áreas como la turística y la productiva. Se demandan  respaldos, se necesita difusión, se requiere asesoramiento, se precisa el acompañamiento en los primeros pasos tanto para que se ubiquen los establecimientos en los mapas turísticos como en dar a conocer la calidad de los vinos. Esto es de suma importancia.

    Debemos reconocer que la Provincia ha estado acompañando especialmente desde este aspecto turístico y cultural en pequeños eventos y ferias.

    No obstante, está claro que la cuarentena afectó totalmente el desarrollo de estas acciones y se vio reflejado en una importante reducción de las ventas de nuestros vinos.

    –¿Hay suficiente mano de obra calificada para las distintas ramas del sector?

    –En esta actividad es importante el conocimiento, el saber hacer de la gente de la zona. Esto está lentamente instalándose.

    Debemos señalar que en cuanto a los profesionales que se requieren también muy lentamente va creciendo el interés por conocer e investigar acerca de la vitivinicultura. Se requieren conocimientos en agronomía específica para este tipo de producción y de manera especial experiencia en los procesos enológicos. Seguramente en el corto plazo se irán desarrollando estas carreras.

    Para un salto de calidad, la actividad demanda una marca de origen.

    Contextos

    –¿Y los insumos?

    –Progresivamente los proveedores de insumos y de materiales van conociendo más la actividad. Hay una lenta evolución.

    En lo que respecta a los viñedos hay proveedores de jerarquía; pero en cuanto a los insumos o demandas de las bodegas no hay proveedores locales y hay que recurrir a empresas y especialistas de la zona de Cuyo. Muchos productos de los que se usan son importados.

    –¿Cómo se podría mejorar la situación?

    –De muchas maneras.  A esta actividad el Estado provincial debe conocerla más, apoyarla y fomentar que los productos de la vitivinicultura sean de calidad. El respaldo más importante es el aval de calidad o aval de procedencia, que certifique que la uva es de origen entrerriano. Este es un desafío interesante.

    También pueden instrumentarse líneas de crédito específicas para una actividad como la vitivinicultura cuyo recupero es de muy largo plazo. Pero además todos los años se requieren inversiones importantes en insumos y materiales. Recuperar ese capital puede llevar más de un año, dado que el proceso comienza con la poda, el cuidado, y la conducción de las plantas, la cosecha, la elaboración, la conservación y el envasado del vino.

    La comercialización de este producto llega como mínimo quince meses después de que el proceso se inició.

    Este capital de trabajo puede ser provisto por un crédito que podría empezar a devolverse cuando tenga lugar la comercialización. Si eso sucediera se consolidaría la actividad. Ahí las líneas de crédito adecuadas son muy necesarias.

    –¿Qué presencia tiene la mujer en este sector en Entre Ríos?

    –El rol de la mujer en la vitivinicultura es muy importante porque en todos los casos son proyectos familiares, pero además las actividades en las distintas etapas requieren de la presencia y la visión tanto del hombre como de la mujer, cada uno con sus fortalezas. En nuestra provincia muchas mujeres son impulsoras de estas actividades productivas y turísticas.

    –¿Tiene porvenir?

    –La vitivinicultura tiene un buen futuro si los distintos eslabones de la cadena se desarrollan bajo la premisa de obtener el mejor producto final.

    Es una actividad que consiste en la transformación de los granos de vid en una  bebida con características diferenciales según el terruño, la cepa, el clima y el aporte humano. Todos estos factores hacen que un vino sea especial; y al final del proceso permite a los consumidores disfrutar de una copa compartiendo momentos con la familia, con amigos.

     

    Idas y vueltas

    La provincia de Entre Ríos y la vitivinicultura han ido entrecruzando sus caminos a lo largo del tiempo. Los documentos refieren que un siglo y medio atrás se asentaron en Entre Ríos familias provenientes de Suiza, Francia y del norte de Italia para fundar la Colonia San José. La producción de vino para consumo familiar vino con ellas y en algunos casos se proyectó a la venta a terceros.

    Si bien la vitivinicultura en Argentina se inició de la mano de Domingo Faustino Sarmiento, fue a través de Justo José de Urquiza que comenzó a practicarse en Entre Ríos.

    Cuentan que en 1890 sólo en San José había unas 600 hectáreas de viñas; en Concordia y Federación otras 800 hectáreas, y que unas 30 bodegas eran operadas por empresas locales. En 1910 la superficie con viñedos llegó a alcanzar unas 4.800 hectáreas.

    A principios del siglo pasado Entre Ríos llegó a ser la cuarta provincia argentina en producción de uva y de vinos, pero en 1935, con la creación de la Junta Reguladora de Vinos, la producción vitivinícola se concentró en las provincias cordilleranas, y simultáneamente se restringió la producción en otras partes del país.

    Han sido numerosas las historias en torno a este proceso en las que el Gobierno nacional mandó destruir y quemar los viñedos y derramar la producción de unas 115 bodegas. Pero a finales de los años 90’ la producción de vinos volvió a liberarse y así florecieron bodegas y viñedos en Córdoba, San Luis, La Pampa, Buenos Aires y Entre Ríos.

     

    Una uva para cada paladar

    En Entre Ríos los tipos de uva que se cultivan son tinta, blanca y de mesa, y en las bases de datos hay un conjunto de viñedos que no están identificados con la variedad, por lo que se desconoce si entran en alguno de estos tipos generales.

    Con todo, resulta de interés conocer las particularidades que tiene la producción vitivinícola de la provincia y que, justamente, tienen que ver con las variedades que se cultivan, puesto que hacen al tipo de producto final que sale al mercado.

    La variedad tannat, representativa de Entre Ríos por su adaptabilidad a las condiciones locales, no es sin embargo la más importante en términos de superficie. Es levemente superada por la malbec, y por detrás de ella, la merlot, encabezando estas tres el ranking de cepas más importantes en la provincia.

    Entre las blancas, la chardonnay supera ampliamente a todas las otras variedades, siendo proporcionalmente mínimas las superficies del resto.

     

    Primera vendimia en un establecimiento de San José

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