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Rosatti afirmó que la realidad exige un juez atento al contexto

El ministro de la corte analizó los cambios que enfrenta la judicatura.

El ministro de la Corte Suprema de Justicia, Horacio Rosatti, brindó una conferencia en Paraná. Analizó algunos cambios con relación al rol de juez, que conforman “una suerte de tembladeral”, porque “hay cosas que ya no serán como antes, pero no sabemos bien de qué forma serán”. Afirmó que la Justicia está siendo examinada como nunca antes.

 

“El rol del juez en la sociedad actual” fue el título de la conferencia que el Dr. Horacio Rosatti ofreció en el del acto de clausura del año académico 2018 del Instituto de Formación y Perfeccionamiento Judicial Dr. Juan Bautista Alberdi. Durante 40 minutos, en un discurso accesible, expuso sobre cambios que operan en la realidad, y que impactan en el accionar de los jueces.

Apenas inició su conferencia, anticipó que se referiría a “cuestiones novedosas que plantean inquietudes, zozobra en los jueces, en los magistrados”.

Los asuntos a los que se abocan los jueces en la actualidad fue uno de los aspectos abordados. Aludió a la existencia de un listado de cuestiones sobre la que había cierto consenso doctrinal en cuanto a que el juez nada tenía que decir. “Hoy –advirtió- esta línea, tan nítida en otros tiempos, está muy borrosa. Hoy más que una línea, un límite, es una frontera, una zona donde hay desplazamientos desde la política hacia la justicia y muchas veces de la justicia hacia la política. Para decirlo en términos bastante más cotidianos, hoy vemos que se judicializa casi todo”.

Así la cosas, mencionó rápidamente que la limpieza de un río contaminado se judicializa, lo que antes era impensado; las cuestiones electorales, ya que “muchas veces lo que no se puede conseguir en las urnas se pretende conseguir en un tribunal de justicia; en ocasiones el que no triunfa en una elección legislativa, judicializa el tema, ejemplificó.

“La judicialización de muchos temas otrora reservados al espacio discrecional de la política adquiere nivel de conflictividad. Y yo diría para el juez, de perplejidad”, remarcó el conferencista.

“Cuando los poderes representativos no pueden resolver un problema, muchas veces queda judicializado. Y muchas veces también, es el propio Poder Judicial, el que asume determinados compromisos, temas, que tradicionalmente le eran ajenos”, analizó.

INCOMPRENSIÓN.

Rosatti habla desde su rol en el CSJ, pero también con la experiencia de haber ejercido la profesión y estado en la función pública en cargos políticos -Intendente, Ministro de Justicia-, lo que dejó dicho en la presentación, para luego apuntar que hay una “natural incomprensión desde la política hacia la justicia y desde el juez hacia la política”.

Argumentó que es natural porque la formación es distinta, los objetivos son distintos y porque los caminos, los procedimientos también.
“El político actúa como pintor de brocha gorda mientras que el juez es el fileteador que debe componer conflictos”, graficó antes de desmenuzar las diferencias.

Aludió al “amplio marco de posibilidades” que tiene el político cuando elabora una ley, cuando toma una decisión teniendo por límite la Constitución y su ideología, incluso a veces dejando detalles sin cubrir. Ejerce “el poder representativo buscando una cierta transformación o acompañamiento de la realidad a través de un acto de gobierno”, describió.

 

El juez, diferenció, “no tiene un amplio abanico de posibilidades; tiene la Constitución, la ley, un decreto y sus posibilidades se reducen a la interpretación de esa norma”. En síntesis, la declaración de inconstitucionalidad, o la interpretación. De todas maneras, en otro momento de la conferencia, afirmó que “el juez tiene cada vez más alternativas de composición del conflicto, de componer los conflictos, sin perjuicio que debe actuar dentro de la Constitución y la ley”.

EL CONFLICTO.

Para Rosatti, las nociones impares de conflicto distinguen las visiones de políticos y jueces. Foto: Sergio Ruiz.

 

Otra diferencia entre ambos es la percepción del conflicto. Es que “visto por el político es natural en la sociedad donde hay puja de intereses”; para el juez acostumbrado a que hay orden jurídico, el “conflicto es desorden que hay que reparar”. Sintetizó: para uno, un síntoma de salud de una sociedad activa que tiene distintas voces; para el otro, una patología.

Derivó luego en las diferencias que se plantean respecto de la conformación de mayorías. “El juez tiende a ver el conflicto y resolverlo sobre la base de pensar tradicionalmente y eso es lo que está en una especie de arena movediza. Piensa que alguien debe tener razón y alguien no debe tener razón, principio de verdad jurídica, se cometió o no se cometió. Parecería que no hay una tercera posibilidad, no hay margen para la duda”, analizó.

En el político el principio de mayoría opera de un modo diferente. Si obtiene una mayoría, obtiene el derecho de tomar una decisión. “Nadie estaría pensando que aquellos que toman una decisión porque tienen la mayoría están en la verdad y los otros en el error o en la falsedad”, remarcó. Y en ese orden, acotó que “hay una gran diferencia en el modo de pensar de ambos. El político tiende primero a pensar en las consecuencias y después en su decisión. El juez, no”.

“La consecuencia del juez está volcada en el expediente; el político ve hacia donde puede ir su decisión y la toma o no, o bien toma otra. Tiene muchas posibilidades”, reiteró.

Tras ese recorrido, insistió en tener en cuenta esas diferencias para no hacer de la incomprensión entre la justicia y la política, que a su criterio es casi natural, algo patológico. “Esto es algo normal, natural y lo importante es que cada uno tenga conciencia de lo que debe hacer, de lo que debe hacerse cargo”, fue la expresión con la que cerró este punto de su exposición frente a jueces, funcionarios, agentes del Poder Judicial.

PREGUNTAS

“Hasta dónde incursiona el juez. Esta es otra pregunta que antes no se hacía, pero que hoy se hace y requiere una respuesta. Hasta dónde avanza el juez en la progresividad de los derechos”, fue otro de los interrogantes que presentó, en el marco de los cambios que, había anticipado, enfrenta la Justicia.

Tratándose muchas veces de derechos económicos, sociales y culturales, cuya vigencia suele estar afectada por factores ajenos al derecho, generalmente económicos, explicó que “el juez muchas veces tiene expedientes donde dice hasta que punto al decidir no estoy impactando en una política pública y estoy gobernando, o hasta qué punto debo decidir eso porque de lo contrario, falto a mi compromiso de administrar justicia”.

Analizó distintos tipos de procesos judiciales, pero especialmente aquel con el que se procura modificar una política pública a través de un proceso judicial, en ocasiones, reemplazando al poder representativo.

Citó –para diferenciar- casos de fallos judiciales a los que sobrevino el dictado de una norma e incluso, un cambio cultural.

 

DILEMAS.

El acento estuvo puesto en procesos estratégicos que, a veces toman el ropaje de procesos colectivos en los que al juez se le hace difícil saber si en realidad, no se está pidiendo un cambio en una política pública a través de una sentencia. Tras subrayar la complejidad de estas situaciones, afirmó que ocurren “porque hay problemas que no resuelve quien debería hacerlo, entonces se judicializa, se proyecta, y el juez está ante un dilema”.

Entre otras afirmaciones que formaron parte de este tramo del discurso, Rosatti sostuvo que en los momentos de crisis, la Justicia tiene que poner el ojo en los sectores más vulnerables, “si no los pone ahí, los sectores vulnerables no tienen quien los defienda”.

No asignó a los jueces la responsabilidad de estar dando alternativas de solución frente a los casos judiciales que deban resolver pero, de algún modo instó a, con los medios que dispone tratar de llegar a una solución que resuelva el conflicto. En esa idea, no descartó que la alternativa pudiera estar en la coordinación con otros poderes, lo que “demanda del juez un rol más activo que el que tradicionalmente ha tenido”.

Habló de la necesidad de “entender la lógica del otro”, en referencia a los poderes y de ponerse desde la perspectiva de la sociedad, lo que, en algunos casos, deslizó, puede reportar una solución que exceda lo puntual.

En otro orden, también señaló que el juez debe controlar la implementación de la decisión, un aspecto al que también atribuyó complejidad.

 

 

Sintonía fina

“Los cambios exigen del juez una especial sintonía fina. Supone un juez atento a lo que pasa en el contexto. Hay cuestiones sobre las que será bueno volver atrás, mantener cuestiones tradicionales, y hay cuestiones que ya nunca serán como antes eran” señaló el Dr. Horacio Rossati, ante el auditorio que siguió con atención el discurso.

Advirtió que “la judiciatura está siendo analizada, examinada como nunca antes y lo veo bien. La cara de los jueces se conocen mucho más, estamos en el escrutinio público, las conductas no solo en el ejercicio de la función, sino la conducta privada que pueda afectar el ejercicio de las funciones, están cada vez más miradas”, reconoció. También admitió que “muchos procesos judiciales se siguen con atención” y que “la demanda social es creciente”.

“Siempre tendremos la chance de mantener lo que se hace bien, y de mejorar y cambiar lo que se hace mal. Esta en nuestra decisión. Todo no está mal, pero tampoco me voy a sumar a que todo está bien. Procurar la capacitación, la comprensión de la realidad, el contexto, es muy importante”, aseveró Rosatti al cerrar un ciclo de capacitaciones judiciales.