La vigencia expresiva de las antiguas tragedias griegas

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La proximidad de un seminario abierto a toda persona interesada titulado “Resistencia Trágica” habilita a que quien lo dictará, Valeria Folini, reflexione acerca de la vigencia narrativa de aquellos antiguos relatos y explicite a través de qué mecanismos recuperan potencia expresiva.

 

Redacción EL DIARIO

 

Respetada gestora cultural, dramaturga, actriz, docente e investigadora, Valeria Folini es además de emprendedora una estudiosa del mundo del teatro. Referente de “Del Bardo”, accedió a dialogar con EL DIARIO acerca de un proceso de búsqueda que lleva décadas y que se materializado en numerosas puestas en escena.

–Desde hace tiempo has abrazado las tragedias griegas. ¿Qué te proporcionan?

–Para mí, el universo mítico griego, que los occidentales constituimos como punto de partida de lo que hoy denominamos teatro, ha sido y es una escuela de actuación, dramaturgia y dirección. Si bien cuando comencé a trabajar con este universo trágico ya hacía más de ocho años que hacía teatro profesionalmente, fue en ese intento de abordar algo que claramente estaba más allá de mis posibilidades, lo que considero bisagra en mi formación, tanto como el encuentro con algunas maestras y maestros, y los compañeros y compañeras de grupo.

Grotowsky decía que no hay gran clase sin gran peligro, y para una actriz de 26 años, con escasa experiencia en dirección y dramaturgia, enfrentar el desafío de hacer una puesta en escena de la Antígona de Sófocles, fue un salto cuántico. Una experiencia de tanto impacto, en tantos órdenes de la profesión y de la vida, que hoy, 23 años después, sigo inmersa en el mismo desafío.

Esa auto provocación que me hice en 1998, la de realizar una acción sola, tal como lo hace Antígona, de alguna manera me permitió intuir que el contenido es la forma, y viceversa. Esta noción modificó mi forma de ver el teatro y, por lo tanto, el mundo.

Valeria Folini, una de las referentes de Teatro del Bardo. FOTO: SERGIO RUIZ.

 

La mujer, en el centro

–¿Hay una perspectiva feminista que se desprende de las tragedias o es la cultura actual la que construye ese puente de manera inevitable?

–Resistencia Trágica ha sido un proyecto feminista desde sus comienzos, independientemente de la conciencia acerca de la lucha que teníamos hace 20 años. Hace un par de días, revolviendo cajas y papeles, encontré un cuaderno de 1998, donde tenía las anotaciones de la primera vez que dicté el Seminario, que en febrero realizaré en Paraná. Esta primera instancia fue en Salta y estaba destinado sólo a mujeres. Intuía en ese tiempo, que necesitábamos construirnos gineceos (parte de la casa de los antiguos griegos en donde vivían las mujeres) para vernos en el trabajo a través de nuestros ojos, sin mediación de la mirada de los hombres. Mirarnos nosotras, a las otras y, de nuevo, a nosotras mismas.  A partir de esta experiencia, el proyecto de construir adaptaciones y versiones de tragedias griegas sería una trilogía guiada por las mujeres trágicas. La selección de las historias a ser contadas fue realizada inspirada, atravesada siempre por mujeres: Antígona, Electra, Fedra, Casandra, Clitemestra, Ariadna, Medea, Hécuba, Andrómaca, Polixena, Ino, Ágave, Helena…

–¿Cuándo te conectaste con ese mundo?

–Me conecté con este mundo a través de los textos. Los libros han sido para mí, siempre, los primeros y mejores, y más fieles maestros. Sola, en una pequeña casa en un cerro de Humahuaca, hirviendo de deseo de actuar, pero también de rebelarme, de empoderarme, de pararme sobre mis propios pies en la profesión y en la vida, leí Antígona.

Me enamoré de la escena entre ella y Creonte, salí a buscar otras versiones del mito, leí a Brecht, a Anouilhe, a Gambaro, Marechal. En el 98 en Humahuaca salir a buscar textos ya era toda una aventura. Después de este periplo, volví a casa, me senté y escribí. En un par de días tenía listo el esbozo de la primera versión. Me propuse un plan de trabajo, en ocho días montar todas las escenas, y en un patio lleno de piedritas, lo hice. Como una acción iniciática y desesperada.

Esa obra, aún me acompaña. Me permitió encontrarme con tres directores, hacer cinco puestas diferentes de la misma obra. Se constituyó en mi verdadera escuela. Y fue la primera de siete obras sobre este universo que escribí y dirigí, algunas también las actué. En 2018, veinte años después de aquel momento que relato, vio la luz una edición de nuestro libro, que reúne esta experiencia.

Folini lleva años de estudio y exploración escénica en las tragedias griegas.

Trayectorias

–¿Volverías a repetir ese viaje tal como se dio o sugerirías emprenderlo de otro modo, bajo otro orden u otra perspectiva?

–Este viaje es perfecto. Y aún está siendo. Como todo viaje mítico.

La tragedia habla de un universo sin salida y de la búsqueda de salidas en ese universo. Ambos discursos al mismo tiempo. Y ninguno de los dos. Cada acción de cada personaje es un complejo microcosmos de contradicciones. Cada acción está saturada de significaciones. Fuerte sensación de estar ante lo inevitable y ante lo arbitrario al mismo tiempo. Allí donde suponemos linealidad, se abren ante nuestros ojos infinitas dimensiones.

Estas infinitas dimensiones, que se abren como abanicos ante los hacedores y ante el público, me permiten decir que todos los caminos están contenidos en la tragedia, así como todos los géneros teatrales, los conflictos humanos, los universos posibles. Por esto digo que el viaje es perfecto, porque contiene todas las posibilidades.

–¿Es un lugar común definir que la dimensión de la tragedia es más intimista, individual aunque profundo, que social y político?

–No creo que la tragedia sea intimista, todo lo contrario. Los conflictos de los personajes no son psicológicos ni íntimos. Los héroes y heroínas trágicas resisten su destino aún cuando saben lo inútil de su esfuerzo. Las tragedias y los mitos narran la lucha de los hombres y mujeres con/contra los dioses. Y los dioses no son más que las construcciones sociales, culturales, míticas que los pueblos inventan para explicar, exorcizar, normatizar, habitar el mundo. Por lo tanto, en el fondo, el conflicto es entre el individuo y la comunidad; y, por ende, es siempre político.

Por otro lado, la organización política que hoy conocemos con el nombre de Democracia, y el Teatro, como actividad artística que cumple una función social, nacen en Grecia aproximadamente en el siglo V a.C. El análisis de cualquiera de estos dos fenómenos culturales nos conduce inevitablemente al análisis del otro.

Arnold Hauser dice que las tragedias representadas en las ciudades griegas, para miles de personas, eran el mejor medio de propaganda que tenían estas nuevas ideas políticas que empezaban a asomar, acerca de que los hombres podían gobernarse a sí mismos. Nótese, de paso, que digo sólo hombres.

La perspectiva femenina encuentra en las tragedias griegas una fuente de inspiración.

 

Camino recorrido

–Mirado en retrospectiva, ¿qué recorrido ha hecho Del Bardo con sus puestas inspiradas en las tragedias?

–Las historias míticas nos hablan de algo que nunca sucedió pero que siempre es, dice Salustio. A nosotres estas historias tan antiguas nos sirvieron para hablar de nuestras sociedades actuales con la debida distancia, que es lo mismo que decir con el debido respeto.

A partir de ellas nos preguntamos, ¿por qué tenemos que obedecer?, ¿qué es la identidad?, ¿debe pagarse siempre un muerto con otro muerto? Si los muertos no son enterrados, y los vivos tampoco tienen sepultura, ¿qué distingue, en este país, a un vivo de un muerto? Las mujeres gritan, lloran, parlotean, pero ¿hablan, cuando no pueden acceder a la única palabra reconocida, la palabra política?, ¿por qué las mujeres nos miramos entre nosotras a través de la mirada masculina?, ¿es inmortal el sometimiento femenino?, ¿a quién arrojaremos nuestras piedras cuando el laberinto quede sin Minotauro?, si nos dieran a elegir entre vivir como esclavos o morir como dioses, ¿qué elegiríamos?

A nivel estético, en un principio nuestras puestas en escena retomaban el recorrido numérico de actores que hizo Tespis al fundar el teatro. Primero apartó a un coreuta que hizo dialogar con el coro, dando lugar a la innovación técnica que funda nuestra disciplina. El diálogo que tiene lugar en el aquí y ahora de la representación actualiza el relato épico, dándole la dramaticidad originaria al teatro. Luego saca dos coreutas, luego tres. De la misma manera nuestra trilogía está compuesta por un primer espectáculo unipersonal, en el segundo actuábamos dos actores-actrices, en el tercero, tres. Luego el proyecto se multiplicó en numerosas obras que siguieron otras cuestiones técnicas, como la multiplicidad de géneros, la relación siempre tensa entre contenido y forma, etc.

La riqueza de la tragedia está en el hecho de que encierra en su interior, y de manera potencial, la inmensa mayoría de preguntas y conflictos a los que debe enfrentarse la comunidad teatral. En la tragedia están planteados los interrogantes técnicos con respecto al trabajo del actor y la actriz. Al mismo tiempo que aparecen con claridad todos los posibles vínculos a través de los cuales el teatro se enfrenta, se entrega, cuestiona y es cuestionada en función de la comunidad a la que pertenece.

 

Lo por venir

–¿Qué espera Del Bardo para el 2021, luego de un año complicado?

–Si bien 2020 fue un año muy difícil para los artistas en general y nuestro grupo no fue ajeno a esta dificultad, debo decir que también nos permitió a los integrantes de Teatro del Bardo, compartir mucho tiempo en el mismo espacio. Esta situación habitual en muchos colectivos y grupalidades no lo es tal para nosotres. Nosotres giramos mucho con las obras y eso dificulta realizar proyectos donde participemos todes o casi todes. Pero el aislamiento nos permitió reencontrarnos en la sala, reconocernos, volver a elegirnos. Y creo que eso nos da mucha fuerza, renueva el sentido de nuestras alianzas, nos enriquece como artistas. Uno de los deseos grupales que tenemos es darnos tiempo y espacio para disfrutar el trabajo que hace casi 22 años compartimos.

Nuestro proyecto pedagógico encarnado en La Escuela del Bardo ha crecido y se ha fortalecido en 2020, y deseamos seguir profundizando nuestras visiones de teatro y poder confrontarlo con aquellas personas que quieran formarse desde una mirada integral de la profesión teatral. En febrero comenzamos las actividades con el Seminario Resistencia Trágica, y un taller que coordina Gabriela Trevisani, Carnaval de Teatro, dedicado a la creación y recreación en el teatro de la fiesta pagana que siempre fue. Este taller se dictará los martes de febrero de 20 a 22. Y, a partir de marzo, comienzan los espacios pedagógicos anuales: Taller de Adultos, Del juego a la puesta, el Laboratorio El puro errar, entre varias otras propuestas intensivas que se están diseñando en estos días.

También volveremos a las funciones, con todos los cuidados y protocolos, a partir de febrero, los viernes serán de “El hombre acecha”, la obra que el grupo estrenó en plena cuarentena, y que es una reversión de un espectáculo sobre la vida y la poesía de Miguel Hernández, que estrenáramos en 2002.

Tenemos previstos varios estrenos para este año, así como reposiciones de nuestras quince obras en repertorio. Esperamos que las condiciones estén dadas para realizar las actividades en la presencialidad que el teatro requiere.

¿Qué espera Teatro del Bardo del 2021? Que sea Teatro.

Del Bardo ha hecho escuela en el abordaje de las tragedias griegas.

El seminario

–¿Qué de todo esto tendrá el seminario?

–El seminario refleja todo este recorrido y establecerá una conversación con el trayecto e intereses de los y las participantes.

Queremos intercambiar creativamente diversas técnicas para la construcción de material escénico entre actores, actrices, directores, directoras, dramaturgos, dramaturgas. Nos parece interesante conformar un espacio creativo de reflexión en torno a la tragedia como fenómeno social, tanto en el pasado como en la actualidad, para provocar el encuentro de distintas visiones acerca de la mitología griega y sus posibles analogías con nuestras sociedades y nuestro tiempo.

Trabajaremos metodologías actorales utilizando premisas que son el resultado de nuestra propia práctica en la construcción del proyecto escénico denominado Resistencia Trágica.

Nos interesa discutir con dramaturgos/as acerca de las implicancias, consecuencias y problemas en la “adaptación” de textos trágicos griegos y establecer un diálogo con los directores/as acerca de las posibles traducciones escénicas de las imágenes poéticas contenidas en los textos trágicos griegos.

Nos guiarán las siguientes preguntas:

¿Qué es la resistencia trágica?

¿Existió en la cultura que dio origen a la tragedia una inclinación intelectual al horror?

 ¿Por qué elegir historias de mujeres para navegar en el universo mítico?

¿Existe en la tragedia griega multiplicidad de géneros? ¿qué implicancias técnicas tiene esta multiplicidad cuando actuamos, dirigimos, escribimos?

La forma en que está construida una escena, ¿es un contenido en sí misma?

 ¿Determina el contenido de una escena una forma unívoca? ¿O nos ofrece un espectro de variables determinadas?

Los encuentros serán teórico-prácticos y tendrán elementos de actuación, dirección y dramaturgia. Todos los jueves de febrero de 20 a 22 nos encontraremos en La Escuela del Bardo a navegar estos mares míticos. El valor de la experiencia es de $3.000. Este aporte incluirá el libro “Resistencia Trágica. La construcción de la embriaguez y el ensueño”, que reúne las siete versiones de tragedias y mitos que construimos.

Los destinatarios son actores, actrices, directores, directoras, dramaturgos, dramaturgas, estudiantes de cualquier ámbito de la práctica teatral, personas interesadas en general.