Las aguas corrientes, una política de higiene urbana

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Acostumbrados a abrir el grifo y que simplemente allí esté, no siempre somos conscientes de que el servicio de agua potable fue incorporado como parte de una política general que se enfocó en una mejor convivencia urbana y también en elevar los estándares de salud.

Mariana Melhem / [email protected]

Al promediar el siglo XIX la provisión de agua potable era una preocupación para las ciudades de mayor tamaño ya que había aumentado la cantidad de habitantes y los aljibes no aseguraban el suministro necesario en cantidad y calidad, mientras los aguateros tampoco podían ofrecer garantías.

Oficinas de la planta en Gualeguay.

Es que los requerimientos en torno a la salud de la población se habían puesto más exigentes transformándose en un signo de progreso.


La fuente de la plaza-1° de Mayo de Paraná, ornamento y recuerdo de lo que circula bajo tierra.

No en vano se habían impulsado medidas de ordenamiento urbano siguiendo los principios del higienismo tales como el establecimiento de veredas para circular, la instalación de mataderos y mercados para faena y venta, el arbolado en el espacio público para el saneamiento del aire o el riego para controlar el polvo producido por el tránsito de carros.

Fuentes y tanques ornamentales

Las obras además eran expresiones bellas, como lo indica este detalle de la fuente en plaza Alvear.

Las aguas corrientes eran la salida que permitiría garantizar las condiciones mínimas de higiene y salubridad, pero ¿cómo mostrar una obra que no se ve porque su tendido debe ir bajo tierra? Un buen recurso fueron las fuentes ornamentales ubicadas en las plazas principales de acceso público y los tanques constituidos en hitos de progreso.

Tomas de la planta de Concepción del Uruguay.

Hacia 1886, la Municipalidad de Paraná llamó a licitación para establecer las Aguas Corrientes mediante un sistema de concesión con las siguientes condiciones: la empresa debía iniciar las obras y entregarlas a los treinta meses de firmada la escritura para el servicio público, la instalación de la Toma debía estar aguas arriba del saladero del Sr. Ignacio Crespo, las obras comprendían cañerías de hierro fundido, maquinarias, bombas en duplicado del sistema más adelantado y moderno, estanques, filtros de arena y todos los accesorios y complementos necesarios para asegurar un servicio efectivo y un suministro continuo, tanto para las necesidades de la ciudad como para el ensanche futuro.

Del interior de la planta de Gualeguay, sobresalen las maquinarias de origen alemán, en excelente estado de conservación.

Además, delimitaba el área servida por el tendido, la colocación de bocas de incendio, válvulas para riego en cada mitad de cuadra con la obligación del riego diario por parte del concesionario y la instalación de dos fuentes, una en Plaza 1° de Mayo y otra en Plaza Alvear, de “fierro” (sic), de un modelo elegante y de lujo, con una altura mínima de veinte pies y con la inscripción Municipalidad de Paraná.

Oficinas y tanque de la planta de Victoria.

La empresa a cargo de las obras fue la inglesa James Anderson con oficinas en Londres y una vez finalizadas, en el período estipulado, vendió a la Municipalidad el servicio en funcionamiento. Las obras de la Planta Potabilizadora localizadas en el punto más alto de la ciudad se construyeron entre 1888 y 1935 siendo la más antigua, la denominada casa química.

Expropiar

Tanque de Concordia, en San Lorenzo y Entre Ríos. Gentileza: Daniela Vicario.

En Concordia, mediante Ley provincial de 1919, se autorizó la expropiación de tierras para la instalación de la toma de agua en el predio “San Carlos” siendo adjudicataria de la construcción y explotación la empresa Bonneu, Parodi y Figini.

Símbolo de estas obras son los tanques que, construidos con dos años de diferencia, se yerguen en importantes puntos de la ciudad: el de Entre Ríos y Avenida San Lorenzo (1920), de lenguaje ecléctico que oculta la torre de soporte y el de Av. Eva Perón y Mendiburu (1922), que exhibe su estructura de hormigón.

Tanque de Concordia sobre calle Eva Perón, con su estructura de soporte de hormigón armado.

Hacia 1928 la concesión fue transferida a la Compañía Nacional de Saneamiento S.A. y años después los servicios pasan a Obras Sanitarias de la Nación.

Un mismo proyecto

Planimetría del proyecto para las plantas de Gualeguay, Victoria y Gualeguaychú.

En la década de 1920 Gualeguay, Victoria y Gualeguaychú, construyeron sus respectivas plantas potabilizadoras de acuerdo al proyecto elaborado por Obras Sanitarias de la Nación y materializado por la Entidad Provincial Autárquica (OSER.), creada por la Ley provincial N° 2817 del 16 de noviembre de 1923.

Una parte del conjunto se localizaba próxima al río de donde se tomaba el agua, mientras en el área central de la ciudad se instalaron las oficinas y el tanque. Las obras incluían: Planta Potabilizadora de Agua, Usina Generadora de Electricidad para los motores, viviendas para el personal de mantenimiento y jefe de planta, piletas de decantación, oficina para personal de turno, sala de dosaje de productos químicos, depósito y talleres de mantenimiento.

Referencias de la sala de bombas, en Concepción del Uruguay.

El lenguaje adoptado, tanto para el conjunto de la toma como para las oficinas, respondía a la búsqueda estilística del momento que veía en el Neocolonial, una referencia para la construcción de la identidad nacional.

Redes infraestructurales
Bajo el concepto de tendido de redes en Concepción del Uruguay las obras de saneamiento se iniciaron hacia 1925 de la mano de Obras Sanitarias de la Nación y abarcaron tres sistemas fundamentales: Provisión de Agua, Desagües Cloacales y Servicio de Corriente Eléctrica.

Tanque de Obras Sanitarias, en Urdinarrain.

El detalle del proyecto y los principios básicos en los que se sustentaba, quedaron expresados en una publicación explicativa que contenía memoria descriptiva, planos de componentes arquitectónicas, mapas de tendido urbano, esquema de funcionamiento, datos estadísticos, inversiones y explotación financiera, acompañados por fotografías del proceso de ejecución y detallando año de inicio de obras, habilitación del servicio en 1928 y estado de situación a la fecha de impresión en 1933.

Las componentes arquitectónicas destacan el uso del Hormigón Armado para tanques y elementos de soporte, por una parte y para el resto de las construcciones muros de ladrillo a la vista y revocados con ventanales que describen un arco subdividido por líneas verticales y cubiertas de techo a cuatro aguas con tejado.

A escala doméstica

La vieja torre de la sala química, en Paraná.

Las obras de salubridad para Nogoyá, Rosario del Tala y Urdinarrain, llegaron durante la primera gestión peronista a mediados de la década de 1940, fecha que puede inferirse por el lenguaje característico.

En los tres casos se asientan en un gran predio con instalaciones de escala doméstica, de baja altura y cubiertas de tejas coloniales, rodeado de profusa vegetación, que deja emerger el volumen del tanque consistente en un cilindro de base ligeramente ensanchada cubierto por una especie de sombrerete de tejas de base poligonal.

Reflexión
Lo que emerge es solo una pequeña parte de un sistema de obras complejas que alimentan nuestras ciudades y que fueron pensadas como servicios esenciales hace más de un siglo.