“Soy fanática y apasionada”, Romanela en Revista Muy Entre Ríos

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Foto: Gustavo Cabral.

Así se define Romanela Amato cuando habla de su profesión. De todas las aristas y posibilidades que brinda la carrera de modelo ella se siente más cómoda en la pasarela, aunque ama hacer fotos y campañas gráficas. La caracteriza su actitud, su determinación para encarar proyectos nuevos y el amor y el compromiso que tiene con la maternidad, camino que comenzó a transitar cuando apenas tenía 21 años. La también sommelier nos abrió las puertas de su casa en Paraná para charlar sobre lo que le dejó el 2020 y sus sueños por cumplir este año.

 

Textos: Paola Netto

 

Tenía 3 años cuando se subió por primera vez a la pasarela acompañando a su madre en eventos y desfiles. Recuerda entre sonrisas que atesora fotos  de esos momentos en donde su sonrisa le mostraba a todos que ese sería su camino y una de sus grandes pasiones.

“Mi familia siempre supo que iba a ir por ese lado.  Cuando firmé mis primeros contratos en una agencia allá en Buenos Aires, siempre me brindaron contención y apoyo. Tenía 14 años cuando me fui a Buenos Aires y eso fue un cambio muy grande en mi vida.  De ir al colegio todos los días a vivir sola en un departamento de la agencia con modelos, totalmente independiente, trabajando, moviéndome en una ciudad tan enorme, con todo lo que eso significa. Fue un cambio fuerte para mí pero me ayudó a lograr una madurez a muy temprana edad. Yo estaba muy cómoda y muy feliz, tenía todo acá en Paraná, mi familia, mis amigos pero también me ilusionaba mucho encarar esta carrera. Al principio viajaba, cuando apenas tenía 12 o 13 años para algunos trabajos concretos pero después fue imposible sostener mi vida acá en Paraná y decidí mudarme  y terminar la secundaria a distancia. Fue dificil, pero totalmente consciente de que era lo que me hacía feliz”.

Romanela trabajó para marcas muy reconocidas como Lody, Marcela Koury, Medias Mora, Nivea, Scombro Jeans, cuatro años con Roberto Giordano haciendo la campaña para el reconocido productor y muchos comerciales audiovisuales.

Si bien la mayor parte del año la pasa junto a su familia en Andorra, siempre anhela volver a disfrutar unas dos o tres semanas a Paraná. En este año particular las vacaciones en la  capital provincial se demoraron algún tiempo más.

“Llegamos uno o dos días antes de Navidad a Paraná. Por suerte pudimos llegar. Estábamos muy preocupados, ya hacía un año que no veníamos y se nos hizo muy largo” dice la modelo respecto a la visita a su ciudad natal, viaje que intenta concretar por lo menos una vez al año.

Uno de sus sueños: ser mamá

“Desde los 13 a los 21 mi carrera fue muy vertiginosa. Sentía que ya había vivido una vida al lado del modelaje. A los 17 años me fui de Argentina a vivir con Javi (Javier Saviola), siempre mantuve mis contactos y seguí trabajando para las marcas con las cuales tenía contrato. Hice compañas en Portugal, España, Chile  y cada vez que regresaba al país cumplía con otros trabajos. Pero todo eso se frenó cuando fui mamá. Sentía que en ese momento debía ocuparme de ellos. Javier estaba todo el tiempo afuera por su profesión, los nenes necesitaban que yo esté con ellos. No me podía permitir viajar e irme porque no tenemos tampoco a alguien cercano que pudiera cuidarlos y tampoco me gustaba la idea de criarlos con niñera, entonces sentía que era el momento de ser sólo mamá”, reflexiona la modelo, mamá de Julieta  de 7 años y Fabricio, de 6.

“El convertirme en madre siempre fue mi sueño preferido, lo sentía desde chica y siempre supe que quería ser mamá joven. Soy mamá ante todo, si ven mi perfil en Instagram soy eso, es la base de mi vida. Vivo para y por ellos. Fabri es un artista y Julieta vive arriba de los tacos. Hace unos días se subió a unas botas texanas y me pidió un par. Ya me dijo que cuando sea grande quiere ser modelo como su mamá”.

 

“Mi posmaternidad”

“Cuando fui mamá aparqué mi carrera de modelo y me dediqué 100% a mis hijos. Me puse a estudiar para ser sommelier en una universidad de España, porque siempre me gustó el tema de los vinos y quise aprender más. Al principio lo hice como un hobbie más que como una salida laboral pero luego surgió que en Andorra montamos una empresa relacionada a los vinos, eventos y catas y sin querer pasó de ser una distracción y un pasatiempo a ser un trabajo. Antes de la pandemia organizaba eventos y catas en hoteles y espacios para unas 40 o 50 personas. Incluso estuve asociada durante dos años con una chica argentina también que tenía su cadena de peluquerías, entonces hicimos un sistema de peluqueria estilo drybar. Vos ibas a la peluquería y podías disfrutar de una copa, ahí entraba mi participación. Yo tenía mi corner con todos los vinos y mientras estabas ahí, yo podía ofrecerlos. Le iba buscando la vuelta intentando que el mercado del vino esté presente”.

“En 2019 estuve en Mendoza, vine a probar la mercadería acá porque allá en Europa la gente me lo pedía muchisimo. Siempre en la cata intento incorporar producción argentina para que también se conozca y reconozca más. En Andorra al estar entre España y Francia se consume mucho vino de estos dos países, y al público en general le cuesta salirse de esa elección. Pero a futuro uno de mis deseos es llevar nuestros vinos para venderlos allá. Es un mercado dificil, pero tengo buenos contactos  y espero poder cumplir esta meta pronto y poder retomar los eventos este año”.

Su relación con el Conejito

“Cuando empezamos el noviazgo estábamos en etapas muy distintas. Cuando comenzamos la relación yo tenía 15 años y  no me sentía preparada, pero 7 años después llegaron los niños y fue una alegría inmensa, fue muy buscado y deseado. El es un padrazo, su profesión hizo que no pudiera disfrutarlos los primeros años como él hubiese querido. Pero ahora, con Javi ya retirado podemos compartir y complementarnos más. Estamos más estables y plenos. Nos disfrutamos mucho”