Una capilla para Miguel, el príncipe de los arcángeles

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Paraná recuperó un espacio cuya historia se confunde con la de la ciudad misma.

Cumplidos sus 198 años, la construcción más antigua que conserva la ciudad volvió a abrir sus puertas posibilitando un documentado recorrido por un espacio pensado, proyectado y realizado por un calificado equipo interdisciplinario responsable de su puesta en valor.

 

Norma Fernández Doux de Demarchi

 

Un trabajo ejecutado de forma conjunta del que participaron profesionales locales y nacionales y la colaboración de la Comisión Nacional de Monumentos, Sitios y Lugares Históricos, permitió materializar el proyecto de restauración de la Capilla Norte de la Parroquia “San Miguel Arcángel”, financiado con fondos provinciales administrados y ejecutados por la Fundación San Miguel.

El equipo estuvo integrado por los Arquitectos Mariana Melhem, Eddie Gabriel Terenzio y Alejandro Yonson con la participación de los Arquitectos Mariano Cohen, Juan Javier Maidana, Milton Granata, María José Marchetta y Patricia Castagno y el asesoramiento del Arq. Marcelo Magadán, el Ing. Roberto Yonson, María Elena Mazzantini, Ricardo Jaimovich, el restaurador Stéphane Descours, los técnicos Sergio Fabri y Faustino Sosa, sobre trabajos de investigación histórica a cargo del Prof. Walter Musich y de excavación arqueológica de Daniel Schávelzon.

En suma, un valioso equipo decidido a restaurar el patrimonio comenzado a construir en 1822, por iniciativa del Dr. Antolín Gil Obligado y Fernández, a cargo desde 1804, “de una dilatada jurisdicción cercana a las 70 leguas en territorio entrerriano… tan pobladas que se puede ir hasta Corrientes pitando un cigarro sin que se apague”, según carta que dirigiera a su padre el 22 de octubre de 1804, recién llegado al pago de la Baxada. La misiva se encuentra en el Archivo del Arzobispado de Paraná. Parroquia-Catedral “Nuestra Sra. del Rosario”.

 

Un poco de historia

Devoto de San Miguel Arcángel y de Santa Rosa de Lima, el Cura Rector de la Iglesia Matriz había manifestado en varias ocasiones, su empeño en levantar una nueva Iglesia, “… pues yo bien quisiera tener el consuelo aunque no fuese más que dar principio, pues siempre he tenido el pensamiento de hacer a Dios una casa, o aunque sea una casita y espero efectuarlo…”, según transmite en carta de marzo de 1805.

El sacerdote-constructor logró su propósito en dos oportunidades, paralelamente a su preocupación por el buen desempeño del oficio pastoral, por abrir una escuela de niños, por poner techo nuevo a la iglesia matriz, por la falta de confesores, por el poco espacio disponible en la Iglesia anterior, por la necesidad de conseguir los fondos necesarios; en fin, se confía a su padre: “…en trabajos me veo pero no encuentro ni sauces para tirantes”. A ello se suman la soledad, los problemas de salud y hasta los ratones, la plaga de langostas y la sequía “que han arrasado todo”. Así lo escribe: “…está esto pobre y el Cura también”; “no es posible hacerse insensible ante tanta necesidad”, además de otras expresiones que resume en una ingeniosa frase: “Está la pesca alborotada y no tengo anzuelos ni pescadores” (Cartas del 10/11/1804; 15/12/1804; marzo de 1805; 07/01/1806; 09/04/1808; y otras, donde precisa día y mes, pero no el año (17/04; 24/01); o solamente el año (1807; 1812).

“Todo me falta menos ánimo para empezarlo”, había escrito a su padre en noviembre de 1804 y así fue porque ni estos sufrimientos, persecuciones ni necesidades alcanzaron para amedrentar a un hombre de fe como él. Las oraciones elevadas a Dios Nuestro Señor, le posibilitaron bendecir y colocar la piedra basal de la nueva Iglesia Matriz en el Curato de la Baxada, en noviembre de 1807 y quince años después, comenzar a edificar la primera Capilla dedicada al Príncipe de los Arcángeles, el 14 de mayo de 1822.

“… en el centro del terreno que hoy ocupa y con entrada y frente al O., sobre la actual calle Buenos Aires, entonces llamada San Miguel. Es la capilla que hoy se encuentra detrás del altar mayor, que remata en una cúpula central y que contenía una pila de agua bendita de procedencia misionera. A los lados se construyeron dos salas, una para sacristía y otra para el capellán. De acuerdo a esto, la Iglesia se habría empezado a construir de adentro hacia afuera. En el altar, de madera, se veneraba en su centro a San Miguel, y a los costados a San Gabriel y San Rafael. Había además una torre con dos campanas, al E. de la cúpula”. (Juan José Antonio Segura. Historia Eclesiástica de Entre Ríos. Nogoyá, 1964; 97).

 

Una solución

De esta manera se solucionaba “… la situación de los pobladores ubicados en la zona de ribera y al norte de la entonces Villa. La particular topografía de nuestro suelo impedía, en tiempos lluviosos, la concurrencia de aquellos fieles a la única iglesia existente en la villa frente a la Plaza Mayor (hoy 1° de Mayo), pues depresiones del terreno formaban un pequeño arroyuelo en las actuales calles Uruguay y Cervantes, imposibilitando el paso de los vecinos”, según ilustra Pérez Colman, C. B., en “La Parroquia y la ciudad de Paraná”, Paraná, 1930.

Ofelia Sors posibilitó algunas localizaciones en el amplio terreno limitado por la calle San Miguel a la altura de Carlos Gardel y Laprida, entre ellas, que la primitiva Capilla con salida hacia la actual Buenos Aires, limitaba hacia el S., en la misma manzana, con propiedad de José Acevedo, la que a su vez, en la misma dirección S., daba a propiedad de Juan Garrigós conocida con el nombre de “El Molino”, dado que había molinos harineros. Hacia el E., los terrenos en su mayor parte pertenecían a la Curia, linderos al conocido barrio del Tambor (O. Sors. Paraná. Dos siglos y cuarto de su evolución urbana (1730-1955), Paraná, 1981; Griselda de Paoli de Bellmann Eguiguren. Ampty  Oyenden. Nuestra Memoria; Paraná; El Ateneo, 1994).

Antolín Gil Obligado y Fernández no abandonó sus aportes pecuniarios para la obra; retirado de la Villa, continuó colaborando para el pago de ladrillos y su acarreo, como antes lo había hecho con la cal y la arena transportadas en piraguas por el río Paraná.

Según versión heredada de antiguos entrerrianos, la imagen de San Miguel Arcángel que se ha ubicado en la Capilla Norte, llegó a Paraná a solicitud del Presbítero Antolín a un compañero de estudios sacerdotales en Córdoba, que se desempeñaba en el Arzobispado de Lima (Perú), por aquél entonces. Es una talla policroma realizada en madera y metal, atribuida a la cultura colonial alto peruana del siglo XVIII. También se ubicó la pila bautismal jesuítico-guaraní en el revalorizado recinto dedicado al venerado Príncipe de las milicias celestiales, el Santo Patrono de la Provincia de Entre Ríos.

Y un merecido reconocimiento. La restauración de la Capilla Norte de la Iglesia San Miguel Arcángel, obtuvo Reconocimiento Internacional correspondiente al Premio Iberoamericano otorgado por la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y el Centro Internacional para la conservación del Patrimonio. El destacado 2do. Premio testimonia la calidad del trabajo especializado asumido en equipo, acompañado por el Gobierno de la Provincia posibilitando la puesta en valor del patrimonio arquitectónico más antiguo de la historia entrerriana.

 

AL MARGEN

Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected].