Clubes, reservorios edilicios para una sociabilidad refinada

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Símbolos arquitectónicos de una época, los clubes sociales o progreso han sido (y, en algunos casos, aún lo son) espacios de sociabilidad clave para una constelación de localidades entrerrianas. Cada cual tiene una historia que lo distingue y, a la vez, evidencian los anhelos de trascendencia de las clases que los impulsaron y sostuvieron.

 

El imponente Club Social de Gualeguay.

Mariana Melhem / [email protected]

Durante las tres primeras décadas del siglo XX las clases altas entrerrianas disfrutaron de los beneficios del modelo agroexportador de los que gozaba la provincia como parte de la región litoral. Un selecto grupo de familias habían amasado sus fortunas tanto con la producción agropecuaria como con la actividad comercial permitiendo destinar parte de dichos recursos a la adquisición de tierras, viajes al extranjero y construcción de viviendas rurales para el descanso.

Fachada del Club Social de Lucas González .

Así, ostentosas residencias urbanas hacían gala de las riquezas y se combinaban con la necesidad de exhibir a sus propietarios como pertenecientes a una clase culta y refinada que gustaba de funciones teatrales, líricas y también coleccionaba piezas de arte, mientras se mostraba sensible participando de sociedades de beneficencia.

Club El Progreso, en Concordia.

A nivel de los imaginarios, los grupos dominantes en las ciudades de todo el país veían en París el modelo de refinamiento, cultura y modernidad; para imitarla, aprovechando la ocasión del centenario de la Revolución de Mayo, se construyeron paseos públicos como parques y bulevares, teatros y bibliotecas y se instalaron los primeros balnearios.

Frente del Club Progreso, de Urdinarrain

A la moda
Mientras grandes tiendas de artículos importados definían lo que era “estar a la moda”, emergieron confiterías, café y billares que en algunos casos se combinaban con las modernas proyecciones de cine.

Estos clubes distinguidos suelen contar con un salón del que se enorgullecen.

Dentro de ese contexto, nacieron los clubes sociales y clubes progreso, fundados por miembros de esa aristocracia local con inquietudes, que necesitaba disfrutar de su tiempo libre organizando funciones, exposiciones, grandes bailes, deportes y juegos de salón.

Una de las tantas referencias arquitectónicas en Concepción del Uruguay: el Club Social.

Esos espacios, perfectamente identificables, en sectores clave de la ciudad, se constituyeron en verdaderos reductos de las familias tradicionales, terratenientes, militares, políticos renombrados o con ansias de serlo y comerciantes, a los que luego se sumaron familias de inmigrantes prósperas que obtuvieron el estatus social necesario.

Las sedes

El Club Recreo Argentino, en Gualeguaychú.

Aquellos clubes funcionaron primitivamente en propiedades alquiladas, pero en la mayor parte de los casos llegaron a construir su espacio propio con programas que incluían: Salón de Fiestas, Sala de Bridge, Cantina, Biblioteca, Sala de exposiciones, Patio Andaluz, Gimnasio para práctica de Esgrima, Cancha de pelota, entre otras actividades.

La Paz también tiene su Club Progreso.

Sin importar el tamaño de la ciudad los hubo en las más grandes como Paraná, Concordia, Concepción del Uruguay, Gualeguay, Gualeguaychú (cuyo Club de Recreo Argentino fue la institución de este tipo más antigua en la provincia), en las de mediana escala como La Paz, Victoria, Nogoyá, Rosario del Tala y también en las pequeñas como Urdinarrain y Lucas González.

El patio español es otro espacio que suele encontrarse en estos edificios.

Para construir sus sedes, seleccionaron las mejores localizaciones urbanas, convocaron a profesionales de renombre que desplegaron como repertorio formal adoptado al eclecticismo historicista para los más ostentosos, el art Nouveau o el Art Decó, acorde a la época en la que fueron realizados.

Algunos, como el del Club Social de Paraná, cuentan con una recova señorial.

A la medida o adaptados
Desde el punto de vista edilicio, estas instituciones tuvieron dos orígenes. Se erigieron a partir de obras proyectadas como sede social o se instalaron en antiguas residencias. Detrás de uno y otro proyecto emerge la voluntad y la organización de vecinos para materializar una idea que, de hecho, llevó varios años realizar.

Las escaleras le dan un carácter destacado a los interiores.

Entre las que surgieron desde los cimientos se hayan los clubes sociales de Victoria, Nogoyá, Lucas González, Rosario del Tala, Gualeguay, Gualeguaychú y el Club Progreso de Urdinarrain.

Estos clubes, como el Social de Lucas González, han sido escenarios de numerosas expresiones artísticas y culturales.

En cuanto al Club Social de Gualeguay, debemos señalar que desde 1906 se puso de manifiesto la necesidad de contar con un local para la institución y se procedió a la designación de una “comisión edificadora”.

La imponente presencia del Club Social de Gualeguay habla también del poderío económico de esa microregión.

Es así como, localizado en una de las esquinas frente a plaza Constitución, fue inaugurado en 1909. Dos volúmenes definen la obra, uno macizo de proporciones verticales donde se aloja el ingreso y otro que enfrenta al espacio verde de la plaza y se retira en forma de terraza sobreelevada hacia la esquina.

Desde esta perspectiva, se observa mejor la riqueza del diseño exterior.

La escala de los espacios, junto al mobiliario y elementos decorativos, conforman una unidad de fuerte identidad. El renombrado pintor Cesáreo Bernaldo de Quirós, oriundo de Gualeguay donó «La Gitanilla» y «Hombres de Lazo», obras de su autoría que lucen en las salas.

Camaradería
El Club Recreo Argentino de Gualeguaychú nació en 1860 inaugurándose en 1906 el edificio sede con frente hacia calle 25 de Mayo. Fue proyectado por el Arq. Pons, quien lo concibió en dos niveles y un sótano. En planta baja dispuso el Gran Salón, Hall de Recepción, Galería de Presidentes y Fundadores, Biblioteca, Sala de Juegos, Patio Andaluz y Jardín.

Los espacios interiores estaban pensados para una sociabilidad propia de la época.

En el entrepiso se alojaron los servicios de cocina, lava vajilla y ropería. El acceso a Planta Alta se estableció mediante una escalera y un vestíbulo de llegada para acceder al Salón de Gala, al Gran Comedor y a las Salas de Juego de Señoras. En el sótano se encuentran las dependencias de servicio.

La madera en los muebles le daba donaire a los espacios.

Por su parte, el Club Social de Lucas González se fundó el 22 de julio de 1923 y fue escenario de las principales manifestaciones culturales y sociales del pueblo. Cuenta con biblioteca, Salón de Fiestas y dependencias de servicio. Las líneas de la fachada responden al Art Decó según el Proyecto del destacado Constructor Ángel Balbi.

En Paraná, frente a la plaza 1º de Mayo, sobresale el Club Social en una línea de edificación alterada por el paso del tiempo.

Luego están las antiguas residencias refaccionadas. En Paraná, por ejemplo, el Club Social se creó en 1904 y para la realización de la Sede, se adquirieron dos propiedades ubicadas frente a la Plaza 1° de Mayo. A cargo del proyecto estuvo el Arq. Bernardo Rígoli y se conoce que en algunos detalles de la fachada participó el estudio de Arqs. Fasiolo y Storti.

Estos edificios suelen ser intervenidos con el fin de aggiornarlos, no siempre de manera conveniente.

La obra se compone de una recova que actúa como articulación entre el espacio abierto de la plaza y el privado del Club. Un eje de simetría organiza las salas que se disponen a uno y otro lado hasta llegar al patio andaluz, tan requerido durante los veranos.

Las arañas suelen engalanar los amplios ambientes.

La sede del Club El Progreso de Concordia tiene su historia particular. Funcionó en uno de los locales en alquiler del edificio Casino Comercial perteneciente a la Compañía Anónima Limitada localizado en una de las esquinas de la Plaza 25 de Mayo desde 1908. Mas tarde se adquirió la propiedad Garat Zorraquin donde se estableció definitivamente realizando las ampliaciones necesarias.

Sujetos a los avatares económicos, los clubes concesionan sus espacios con fines gastronómicos o de entretenimiento.

Mientras, en Concepción del Uruguay, la entidad nacida en 1903 funcionó en locales alquilados entre los que se encontraba la sede posteriormente adquirida y remodelada para cumplir con las funciones que demandaba el Club Social, destaca su lenguaje de claras líneas Art Deco.

Las dimensiones de los ambientes se daba la mano con la sobriedad de los diseños.

Finalmente, la ciudad de La Paz cuenta con Club Social y Club Progreso, ambos instalados en antiguas viviendas de gran porte localizadas en la zona céntrica de la ciudad, que fueron adaptadas para responder a las necesidades de sendas instituciones.

Fachada del Club Social, en La Paz.