Paraná: Cuando viajar era mecerse en los formidables tranvías

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Cambiaban los auspiciantes y los entornos según la ciudad, pero los tranvías mantenían un carácter que los convirtió en íconos.

El relato de un vecino nos interna con lujo de detalles en un mundo de película, en el que los tranvías servían tanto para transportar personas como carne desde los mataderos. Corrales, la Plaza Alvear, el Antoñico y Puerto Viejo son puntos de un mapa emotivo que estos recuerdos nos hacen volver a recorrer.

Griselda De Paoli | EL DIARIO 

Hemos dicho repetidamente que desde este espacio pretendemos generar un nexo con la comunidad, compartir relatos que nos propongan el ejercicio de pensar lo que tenemos en común, pensarnos en relación a nuestros conciudadanos y en relación a nuestros entornos.

Los relatos memoriosos no sólo son amenos, sino que su difusión se transforma en un tributo a nuestros antepasados, a aquellos que transitaron por nuestro entorno antes que nosotros. Es claro que no hay otra forma de hacer memoria, que traer el pasado al presente, pero siempre desde un presente que lo reactualiza, lo reelabora con la mirada del hoy, acompañada con frecuencia por la nostalgia.

Intentamos construir este espacio a través de los distintos relatos que se constituyen en otras miradas, otras voces, cargadas de una resonancia articuladora en torno a lo que se comparte: somos conscientes que la memoria se dice de muchas formas posibles.

En la nota de hoy, la dice desde su pasión y minuciosa dedicación, Carlos Waigandt; pasión que quedó plasmada en una entrevista en la que compartió los resultados de su incansable trabajo de búsqueda y rescate de documentos y objetos que testimoniaran la historia, el rol, el impacto tanto de ferrocarriles como de tranvías de nuestra provincia y de nuestra ciudad.

La campanilla

Compartimos con nuestros lectores su relato fresco, fluido y cargado de información, como tributo a su dedicación y aporte al rescate de la memoria.

“Esta es la campanilla del tranvía a caballo. Está en mi poder desde aproximadamente un mes y medio. Tengo que limpiarla bien, ponerle una maderita y la voy a poner con una soguita, cosa que cuando tenga que hacer un trabajo en la casa que por lo menos me llamen así”.

“En el año 1949 dejó de tocar. El tranvía de caballo desapareció o se retiró en 1942. En ese año fue el último tranvía a caballos desde el matadero, desde Los Corrales hasta el Mercado porque se dedicaban al transporte de la carne, o de pasajeros. Desde 1869 el tranvía a caballo y el eléctrico desde 1920 a 1962: estos son los dos hitos de Paraná. Nuestra ciudad casi viene a ser, y no lo fue por poco, la segunda ciudad del país en tener tranvía a caballos gracias a la burocracia porteña. El problema argentino: Buenos Aires y el resto. En 1869 -hay copia de los contratos de los tranvías a caballo en la Municipalidad-, un vecino de Paraná, de origen inglés, llamado Jorge Suárez, nacido en Londres, era un representante marítimo cuando nuestro puerto era el Puerto Viejo, en la desembocadura del Antoñico. Este buen señor Suárez le presenta al gobierno de Entre Ríos un pedido para hacer un contrato para instalar el tranvía a caballos desde la Plaza Alvear hasta Puerto Viejo. Pero, se dilatan los trámites porque se necesitaba hacer un muelle y al hacer un muelle esto entraba en jurisdicción de la Nación”.

“Primero había que pedir permiso a la Nación, lo que pospone todo hasta 1872, 1873. Allí se inicia la historia del tranvía de caballos en Paraná y es uno de los primeros y único tranvía del mundo que no une una estación de ferrocarril con el centro de la ciudad sino que une la ciudad con el puerto. Para poder traer lo que se importaba a Paraná o Entre Ríos y llevar lo que exportaba a través del Puerto Viejo. Si ustedes se fijan en el escudo de la Municipalidad de Paraná que hizo don Santos Domínguez y Benguria, ahí están representados todos los elementos que se comercializaban y que se producían en la provincia. Y todas esas cosas se movía a través del tranvía a caballos: pasajeros y carga”.

Itinerarios

“Había coches de verano y coches de invierno. Las chatas de carga que arrancaban su trayecto desde calle Buenos Aires, cerca de la iglesia San Miguel; doblaban y tomaban por Alameda de la Federación, llegaban hasta el Parque y agarraban esa bajada (Melvin Jones) por donde está el puente de los ‘besuqueros’ (Puente de los Suspiros). Por ahí, donde supo funcionar el comedor don Gervasio, pasaba el tranvía por debajo, pegaba la curva y enfrentaba una propiedad y entraba en una calle junto a lo que conocemos como Coceramic, que era como un pasaje, cruzaba el Antoñico, pasaba por la propiedad y había un puente que un día se rompió. Por ese puente daba una vuelta más y llegaba al Puerto Viejo. Quedaba al resguardo en la Aduana y luego, a 500 metros más adelante, como yendo para la ex Fábrica de cemento, estaba la estación del ferrocarril. Entonces el tranvía a caballos hacía ese recorrido. Después vinieron una serie de propuestas, de contratos nuevos. Está todo archivado en la Municipalidad. Y el tranvía a caballos siguió y el de carga continuó funcionando hasta 1942 que fue cuando desapareció todo el andamiaje del tranvía a caballos. No puedo dejar de señalar que desde 1920 funcionaba ya el tranvía eléctrico, pero era para servicio de pasajeros. El tranvía a caballo de carga, estaba al servicio del matadero en Los Corrales”.

Don Waigandt, clase 1931

Carlos Waigandt es autor del libro “F.C. Central Entre-Riano. Vía libre hacia la Historia”, que publicara Ediciones del Clé en 2010.

Fue un ferroviario nacido en Ramírez Entre Ríos en 1931. Falleció en enero de 2012. Había llegado al ferrocarril por 1949 buscando un oficio. Con apenas 18 años ingresó de aprendiz en la sección Herrería y Diesel donde con el tiempo fue reconocido con el cargo de Mecánico Ajustador. Inquieto, se capacitó en la Escuela Técnica e Industrial de la Nación en la ciudad de Paraná para seguidamente entusiasmarse con eso de retrasmitir sus saberes a los compañeros en aquellas instituciones de formación que son las escuelas técnicas y talleres, o también por aquellos años Escuelas De Arte y Oficio, lo que significaba una salida laboral para los jóvenes ferroviarios. Waigandt recibió también el título de Instructor de Formación Profesional (CONET) mientras empezaba a guardar documentación histórica que luego atesoró y ofreció a quien llegara buscando referencias de los ferrocarriles de Entre Ríos en su casa y pequeño museo de la ciudad de Paraná.

AL MARGEN

Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected]