Mariano Quirós, un autor que narra Chaco en tono contemporáneo

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BARCELONA 15 11 2017 Icult Presentan el escritor Mariano Quiros que ha ganado el Premio Tusquets de novela FOTO de RICARD CUGAT

El escritor integra un grupo de autores que desde distintas provincias aportan una perspectiva con identidad y renovadora en el panorama literario nacional. La reedición de su novela “Río Negro” -que en 2011 recibió el primer premio en el Certamen Nacional `Laura Palmer no ha muerto´-, lo sitúa entre las voces más interesantes de la narrativa contemporánea. En una entrevista con EL DIARIO, el escritor contó aspectos de este trabajo y de su oficio.

 

CARLOS MARIN / [email protected]

 

Para Mariano Quirós, la literatura es una ocupación cotidiana. Sea como lector o como autor,  a este chaqueño nacido en Resistencia en 1979, la escritura lo acompaña a sol y a sombra. La reciente reedición de su novela “Río Negro” –nombre de un curso fluvial cercano a la capital chaqueña- lo colocó en la vidriera de los nombres más citados en el panorama literario nacional. El trabajo –publicado por Tusquets en su colección Andanzas- permite acercarse a un narrador consumado que junto a compañeros de ruta como Selva Almada y Ricardo Romero –entre tantos otros- están insuflando aire nuevo y vital.

El libro recibió en 2011 el primer premio en la segunda edición del II Certamen Nacional de Novela Laura Palmer no ha muerto. Para el escritor representó entonces un espaldarazo decisivo para incursionar en el género.

“Rio Negro es una novela importante para mí porque fue una de las primeras que completé; y siento que es la primera que escribí armada como novela”, acepta el escritor en la entrevista. Hasta entonces Quirós había hecho más bien ensayos, o, como confía, “experimentos”. Pero con esta obra “sentí por primera vez que escribía algo más o menos redondo, ya que cumplía, para mí, con los requisitos que suponía debía tener una novela”.

La historia que se narra en “Río Negro” tiene mucho de ironía, de humor ácido, para plantear la relación entre el protagonista y su hijo adolescente. La destreza de Quirós –que toma como inicio contrapuntear una idea de “El gran Gatsby” de Scott Fitzgerald- captura el interés del lector desde el primer párrafo. Y sostiene el interés hasta el desenlace, 217 páginas después, con un ritmo de la acción que se incrementa en una espiral ascendente.

 

ANTI PADRE

“Cuando tomé la figura del narrador de “Río Negro”, el personaje protagónico. lo pensé como una especie de anti-padre; alguien que rompe con la lógica del vínculo porque, en principio, detesta a su hijo, siente que ese adolescente es un imbécil, y le cuesta sentir cariño por él”, indica Quirós.

“También, intuyo, probablemente en aquel momento, cuando escribí la novela (tenía 29 años), probablemente estuviese resolviendo algunas cuestiones con la generación de mi padre”, agrega el escritor.  Hay algo en la historia que plantea cierto `ajuste de cuentas´ en relación a un grupo de jóvenes que en su momento “mantuvo cierta posición, ideales, y que luego los olvidó”.

Ese adulto protagonista refleja “un matiz de incorrección al expresar al militante `quebrado´, que apela al cinismo como una forma de sobrevivir. Que fue algo que hicieron muchos para poder enfrentar una época, durante la dictadura y después, que echaba por tierra ideas que en su momento eran muy duras, férreas”. Pero de pronto la vida, esos marcos a los que esa generación había adherido, se tornaban más laxos, más permisivos”. Incluso sus mismos hijos les mostraban otras posibles facetas de la vida. “Sabemos que la vida te da bandazos. Creo que tuve la pretensión de buscarle la vuelta a un personaje que apela al cinismo para sobrevivir, pero al analizar la relación con su hijo se ve perfectamente que más bien es una persona desesperada. Un vago que no se soporta a sí mismo, precisamente por esa condición”.

El relato de Quirós se enfoca en personas anodinas, que de un momento a otro consuman un acto tremendo. Y como en el esquema clásico de la tragedia, esos personajes entran en una vorágine que no pueden controlar, que lo desborda y que no se sabe dónde y cuándo concluirá.

Para armar esa galería de personaje con complejidades, con matices, el escritor cuenta que al protagonista “le adjudiqué ideas por momentos retrógradas e incorrectas. Por otra parte me aproveché de un lugar común, que coloca al escritor como alguien vanidoso y también, a la vez, perezoso. Quise trabajar sobre esa veta para llevarlo hacia el grotesco. En el medio aparece la relación de este personaje con los estupefacientes y el alcohol, lo cual altera los sentidos y las ideas enturbiando los sucesos”.

 

REGISTRO DE UNA CAÍDA

Desde el título, que menciona el río, hay aspectos que refleja la novela en los cuales el autor da cuenta -a través de las reflexiones que coloca en boca de la figura del narrador de los hechos- del devenir de la sociedad en la capital chaqueña. Y lo hace con un matiz crítico de lo que era y lo que pasó a ser. El relato expresa también una denuncia en la degradación de las condiciones ambientales y lo que sucede con el río junto al que transcurren los hechos.

El escritor acepta que la novela refleja a la sociedad de Resistencia “que es bastante distinta a la del resto del Chaco. En algún momento esa sociedad supo tener una pretensión de posible aristocracia, algo que por supuesto la ciudad nunca tuvo. Pero hubo personajes y personajes que creen que forman parte de algún tipo de nobleza. Es desde esa mirada que este narrador se planta y añora las épocas en que ese río tenía un balneario que congregaba lo más alto y lo más bajo de la escala social y las relaciones que podían llegar a establecerse allí. Incluso hasta las tragedias. Para eso apelé a recuerdos de gente mayor. Y en el medio está el hecho solapado de que el río –que dicen que era precioso- hoy sufre, agoniza”.

En la historia a los dos protagonistas, se suman otras presencias. Entre otros, aparece entonces el registro de otro sector social: el del personal doméstico que con el paso del tiempo pasa, de hecho, a ser integrado como parte de la familia para la que trabaja. Como en “Río Negro”, cuando la empleada doméstica toma la delantera en la acción para resolver problemas al protagonista.

“Es una idea clásica” –sostiene Quirós-. La empleada como miembro de la familia pequeño burguesa. “Pero digamos que la relación tiene rasgos desde el grotesco. Y más que familiar o pariente, está planteada como cómplice. En realidad es más bien una suerte de cómplice del estropicio que van haciendo los otros personajes. A veces es como una aparición que viene a resolver o a tratar de colaborar para aportar una solución a problemas, pero lo hace de un modo descabellado y brutal”.

En esta historia el rol de la madre, la gran ausente/presente, es clave. Su ausencia temporaria es detonante de un descontrol, a la vez que su regreso es la posibilidad de restauración de cierto orden. El conflicto es que “entre otras cosas de las que el protagonista no quiere hacerse cargo está la relación con su mujer. En algún aspecto es más un hijo de su esposa que un esposo. Del mismo modo también entabla la relación con su hijo; como si fuese un hermano mayor de éste. Creo que ese es el síntoma de inmadurez que me interesaba exponer”.

 

Literatura regional

-¿En términos de literatura regional  dentro del grupo de autores de tu edad, 40 años más o menos, a quiénes ubicas en ese grupo y qué caracteriza lo que escriben?

-La mayoría de lo que leo está relacionado con la obra de mis contemporáneos, entre ellos Selva Almada y Ricardo Romero. Percibo que hay un estallido temático y estilístico. Hay una enorme diversidad en los modos de apreciar, de hacer y de entender la literatura. Además. El desprejuicio es uno de los puntos más interesantes de nuestra generación. Por otro lado, me sirvió mucho leer a mis contemporáneos y ver cómo afrontaban el mundo de sus provincias y sus pueblos desde la perspectiva literaria. Cómo escapaban a la tentación folclórica del lugar, de la región, para hacer una literatura que se lleva puesto cualquier tipo de condicionamiento, como lo hace Selva (Almada).

 

-¿Cuánto hay de ese estereotipo de escritor perezoso en tu propio trabajo?

-Escribo mucho a la par que también intento leer bastante. Trabajo todos los días. Pero no soy metódico, cosa que en algún momento sí tuve, con horarios y rutinas. Ahora lo hago en momentos distintos del día. Mientras tanto, siempre tengo algo en camino. Y en este año de Pandemia escribí mucho. Espero haberlo hecho bien (Risas).