Cultura, Home, Show, Sociedad

La Morisqueta teatro vuelve a escena con Babilonia, clásico de Armando Discépolo

El grupo dirigido por Claudia Zaragoza, presenta la obra de Armando Discépolo “BABILONIA. Una hora entre criados”; el estreno será el sábado  a las 21 en el Centro Cultural La Hendija (Gualeguaychú 171).

Hace varias temporadas que el grupo dirigido por Claudia Zaragoza trabaja grandes textos de la literatura.

Luego de incursionar en la obra de Roberto Arlt, el elenco regresa a escena con “Babilonia. Una hora entre criados”, un clásico de la dramaturgia nacional que fue escrito en la década de 1920 por el dramaturgo Armando Discépolo, uno de los más brillantes autores que diera el teatro argentino.

La historia que narra la obra aborda la situación de miles de inmigrantes arrojados de Europa tras la quiebra de sus ilusiones, que vienen a la ciudad de Bs. As. En la capital del país se ofrece la aceptación de un trueque humillante (muchas horas de trabajo agotador a cambio de un magro plato de comida y un techo prestado). Un trueque que genera un fuerte contraste con los sueños de “hacerse la América”.

En la obra, el sótano de una casa de “nuevos ricos”, un grupo de inmigrantes desesperados, pugna por salir de ese “abajo”, en patético accionar, buscando el “arriba”. Paradójicamente los dueños de esa casa son personas que fueron pobres como estos criados.

Discépolo con su descarnada mirada introduce al espectador en ese oscuro submundo, cocina de la gran mezcolanza como cambalache, dónde todo se junta, se mezcla y se apila. Una visión despiadada de la realidad de entonces, que no es muy diferente a la que periódicamente nos vemos forzados a padecer fruto de la inescrupulosidad de quienes avanzan en su voracidad por tener, aún a costa de la miseria general.

Antes del estreno, Claudia Zaragoza explicó algunas características de este proyecto. “Nos interesaba plantear un trabajo que exigiera  salir de la comodidad y forzar de alguna manera el encuentro con lo inesperado”, confió la directora a EL DIARIO,

– ¿Por qué seleccionaron “Babilonia” para llevar a escena?

– A principio del año opté por trabajar con un clásico en el Taller de Avanzados que desarrollo en Amet. Llevé al grupo varias propuestas de obras que me interesaban: Dragún, Ionesco, Jarry, Weiss, Discépolo. Luego de empezar el trabajo con algunos de los textos se definió que se encararía Babilonia por varios motivos.

Uno, que es uno de los autores nacionales más importantes y de mayor actualidad en sus planteos, a pesar de haber pasado casi cien años en relación a la situación social que muestra. La desigualdad, la miseria, la lucha descarnada entre iguales se sigue manifestando hoy en día desgraciadamente  en esta como en aquella babilonia.

Otro motivo fue que este taller mantiene conmigo un trabajo desde hace varios años y quería plantearles un reto a ellos y a mí misma. Se trataba de plantear un trabajo que les exigiera y me exigiera  salir de la comodidad y forzar de alguna manera el encuentro con lo inesperado, la provocación a un nuevo juego a pesar de ser un texto que habla de realidades al parecer -y subrayo sólo al parecer- distantes.

– En la puesta ¿qué resonancias hallaron en relación al presente como interpelación al espectador? ¿Dónde, les parece, está la mayor potencia de esta propuesta?

-Creo que la potencia de Babilonia radica en que seguimos mezclados como en un cambalache muchas veces apilándonos unos encima de otros sin consideración ni respeto por el otro, por aquellos que la pelean día a día tratando de levantar la cabeza a pesar del pié que tienen encima.

La falta de escrúpulos continúa como entonces, pese a que existen avances en muchos órdenes; repito, la inescrupulosidad sigue a la orden del día en muchos, sobre todo en “los de arriba”, como plantea Discépolo.

En cuanto a nuestra propuesta considero que una de las potencias que tiene es el texto del autor; otra, el compromiso y la entrega de los actores en escena y fuera de ella; por último, la propuesta de puesta que realizo. Una propuesta que toma algunos conceptos de Brecht y  los vuelca sobre la escena, generando otra mirada a una obra absolutamente valiosa.

En relación al espectador, creo que uno nunca puede estar seguro de la visión que éste  tomará. Por supuesto que hay una (la nuestra), pero creo en que el espectador en forma individual (no “el público”), realiza con todo lo que ve su propia construcción dramatúrgica, al igual que el actor, el director y demás componentes de quienes llevan adelante el trabajo. Nosotros interpelamos, sí, y esperamos recibir una respuesta: la risa, la emoción, el silencio, las preguntas, el pensamiento… todas y cada una de ellas son respuestas que esperamos a la pregunta que es Babilonia.

Desafíos

-Desde lo estético, ¿cómo plantearon la escenografía, el vestuario y la técnica?

-En consonancia con el planteo anterior, y para ser consecuentes en relación a Brecht, trabajamos de una manera casi despojada en escenografía, vestuario y técnica. Elementos mínimos en algún caso. Proponemos que el actor y el grupo sean el eje del trabajo junto al eje textual que, en este caso, posee una enorme importancia.

-¿Cuál fue el mayor desafío para el grupo al plantearse que querían llevar a escena la obra y durante el proceso de trabajo? ¿Cuántos meses trabajaron hasta llegar a este momento del estreno?

-Creo que el mayor desafío fue encarar el trabajo de una obra que representa para cualquiera que la lea un reto de comprensión, de juego, de entrega, de pasión.

Durante el proceso de trabajo, que llevó varios meses desde el mes de abril aproximadamente, se jugó, se indagó, se produjo una entrega que fue cada vez mayor a medida que el proceso fue avanzando hasta cristalizar en el estreno.

A cada integrante, como a mí misma, el desafío que se nos plantea en este trabajo puede ser también particular. Puede tener que ver con enfrentar nuestros temores y nuestras ansiedades y ponderar los objetivos grupales por encima de nuestros objetivos particulares.