Sueños inmigrantes en el fondo de los baúles

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Italianos (e italianas, aunque no aparezcan en la foto) tuvieron una presencia significativa en los procesos inmigratorios.

En las últimas décadas del siglo XIX y las primeras del XX se produjo en las sociedades urbanas del litoral argentino un fenómeno inédito: el ingreso de grandes grupos de inmigrantes, muchos de ellos italianos.

Griselda L. De Paoli  | [email protected]

Entre Ríos precedía a la Nación en lo que a política inmigratoria se refiere (1853. Urquiza, Colonia agrícola militar de Las Conchas; 1857, San José). Encuadrada dentro del proceso de subdivisión de la tierra alentado eficazmente por el Estado se produjo la fundación de numerosas colonias destacándose entre ellas las que incluían población de origen itálico ya sea en forma total o parcial (Hernandarias, Colonia Municipal, Cerrito, Refino, María Luisa, Crespo, Rivadavia, Celina, Antonio Tomás, Brugo, 3 de Febrero). Si bien es innegable el carácter agrícola de estas colonias debemos hacer notar que los italianos afincados en ellas tendieron a orientarse rápidamente a la actividad comercial en carácter de abastecedores, se convirtieron en propietarios de la tierra que trabajaban, subarrendándolas en algunos casos para dedicarse a otras actividades.

 

ENCLAVES

Los centros más prósperos estaban sobre el río, eran núcleos de acopio y embarque. Pero la gran actividad de inmigración y colonización que caracterizó a la segunda parte del siglo XIX se apaciguó, retrotraída por factores entre los que gravita la presencia de latifundios cerrados al trabajo agrícola u ofrecidos sólo al arrendamiento. Como dice Gastón Gori, tierra, inmigrantes, colonias, fueron términos obligados en las infinitas aventuras económicas emprendidas por argentinos y extranjeros en nuestro suelo; término para la especulación, el abuso, el favoritismo, la explotación de los recién llegados y también para el trabajo honrado, el negocio limpio, la prosperidad y la conquista de la propiedad en una sinfonía de cosas claras que por sobre las cosas turbias hicieron lo que fue considerado el progreso de la Nación y de la provincia.

La segunda etapa, corresponde a los últimos años del siglo XIX y comienzos del XX. Debemos considerar al respecto, que ya en el siglo XX se inició un proceso de desaceleración del crecimiento de los pueblos que se habían conformado a lo largo de la costa del Paraná debido a que el río se fue convirtiendo poco a poco en un factor de aislamiento al disminuir su utilización como vía de comunicación esencialmente a raíz de la legislación aduanera, la extensión de las líneas férreas, el trazado y abovedado de caminos, la construcción de badenes y alcantarillas que cambiaron la concepción del sistema de comunicación y transporte.

Un viejo anhelo de la Municipalidad de Paraná pudo concretarse a fines de 1878: colonizar los terrenos fiscales del municipio de acuerdo con la ley de inmigración y Colonización del 1 de octubre de 1876. De tal manera hubo de darse el inicio de colonización con tres familias de Véneto integradas por veintidós personas, concediéndose a cada uno de esos núcleos familiares una chacra, en los mismos términos estipulados por las leyes nacionales sobre colonización.

COORDENADAS

Esta gente fue ubicada al sur de la ciudad y según lo consigna Ofelia Sors “se tendió al mantenimiento de las familias y se garantizó el desembolso invertido en la construcción de sus viviendas. Todas ellas poseían carros y bueyes y sus primeras siembras, después de desmontadas aquellas tierras vírgenes fueron de papas, batatas, maíz y trigo”. Por ordenanza de enero del año siguiente (1879) se dispuso la venta de los terrenos del ejido a los primeros inmigrantes (2 pesos fuertes la cuadra).

Entre enero y febrero de 1879 también se autorizó a la Municipalidad a contribuir al sostenimiento de una colonia que acababa de fundarse (3 de Febrero). El agrimensor Arriola realizó la carta topográfica del ejido de la colonia instalada en los campos conocidos como del Castillo, que fueron adquiridos por Carlos y Juan Brugo a la Comisión Protemplo de San Miguel (a quien la había transferido el gobierno para solventar la construcción del templo).

Estos terrenos no pertenecen al Municipio de Paraná, pues corresponden a la actual San Benito (Colonia 3 Febrero) en el distrito Sauce, llamada así en conmemoración de la batalla de Caseros y formaron su plantel con ocho familias italianas.

En 1880 se autorizó a la Municipalidad a vender las concesiones intermedias que se reservaron al instalar colonos en 1879.

 

EXPEDIENTES

Expresa Ofelia Sors, que de acuerdo con los datos suministrados por la Oficina de Inmigración de Paraná durante el año 1888 entraron en la ciudad 473 inmigrantes de los cuales 24 se integraron a la Colonia Municipal, 27 se ubicaron en Los corrales nuevos (hoy, Villa Uranga), y 19 en Bajada Grande (Fuente: El constitucional 9-1-89).

La llegada de estos colonos hizo que fuera necesario, con el apoyo de la provincia, mensurar y subdividir la zona de chacras para ubicar a las nuevas familias colonizadoras (campos de Paracao, campos de Alejandro Carbó, del Castillo, Góngora y otros situados en la costa del arroyo Las Tunas).

Fueron en total 90 inmigrantes que llegaron en el mes de mayo de 1889 y pertenecían a las siguientes nacionalidades: 49 eran italianos, 23 españoles, 11 franceses y 7 austríacos, 48 de ellos eran agricultores y el resto lo componían dos yeseros, un minero, un albañil y personas con diferentes oficios. En septiembre de ese año se registra la llegada de 70 inmigrantes en su mayor parte agricultores.

Emoción epistolar

Lo que sigue es un fragmento de carta de la inmigrante Catalina Viola de Maine a su hermano Simón Viola, recopilado por Lermo Rafael Balbi .

“…Esto que te decimos es la verdad y cada palabra que pongo en este hoja, es de conocimiento de Miguel que me dice en todo momento qué es lo que conviene que un hombre sepa para venirse a América con el entendimiento claro y la voluntad despierta.

En la oficina de inmigración te dan informaciones importantes, que no son muchas, es cierto, pero de cualquier manera aquí, el gobierno recibe bien a los italianos porque los escucha, los manda al centro de migraciones en donde les muestran en la tabla de trabajo las ocupaciones que se van precisando, si no te has decidido a labrar la tierra, porque esto último es lo que ha elegido la mayoría ya que hay una forma barata y cómoda de tener un campito por el sistema que ellos llaman de moderada composición, esto es: ir pagando de a poco con lo que te da tu labranza y las cosechas, sobre todo de maíz, lino y trigo que rinden más que nada. Con ventajas como ésa (eso sí, siempre que hagas algún sacrificio), uno puede quedar contento de haber cruzado el mar si es que no viene con la cabeza llena de fantasías. Este es un país muy grande y se necesita andar día y noche para llegar al lugar en donde vas a levantar tu casa y sembrar, y cuando llegás ahí, como nos pasó a todos los que nos vinimos, en los primeros momentos pensás si no te han mandado al fin del mundo, porque te encontrás en medio del desierto, sin montañas, sin piedras ni árboles, de manera que podés seguir el recorrido del sol en el cielo desde el momento en que levanta hasta esconderse por el otro lado…”

 

AL MARGEN

Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected]