Ayudar, una experiencia que atraviesa y transforma

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Alegato en contra del individualismo que se ha instalado en la sociedad y que campea en los medios de comunicación, son numerosos los ciudadanos que sin pedir nada a cambio se involucran en acciones que habitualmente denominamos “solidarias” pero que sencillamente buscan replicar el gesto elemental de tender una mano, de hacer por el otro algo que esté al alcance de uno, por poco que parezca. En la nota que sigue se comparten dos situaciones ejemplares.

 

 

Redacción EL DIARIO / [email protected]

 

 La emergencia sanitaria provocada por la pandemia generó una multiplicidad de situaciones. Una de ellas es que distintos grupos de personas se han visto impulsadas a asociarse para colaborar y asistir a semejantes que estaban atravesando momentos críticos.

EL DIARIO charló con dos representantes de vecinos involucrados en acciones solidarias: Agustina Brufau, de Manos vacías, y Martin Pabón, de barrio Capibá. Lo que sigue es un extracto de lo conversado.

 

–Agustina, ¿qué es Manos vacías?

– De momento somos un grupo de voluntarios. Tenemos proyectado formar una ONG, estamos iniciando los trámites correspondientes.

El equipo está conformado por un grupo de personas que se han unido con un fin en común: ayudar a quienes lo necesiten. Nuestro lema es: tendremos las manos vacías pero el corazón lleno.

–¿Cómo surgió la idea?

–En principio trabajaba individualmente colaborando en diferentes lugares y asociaciones, merenderos, comedores y personas en situación de calle. Hasta que crucé mi camino con dos personas que hacían lo mismo y decidimos juntarnos para formar el grupo y poder abarcar más zonas. Quienes estamos al frente del grupo somos 3 pero contamos con la ayuda de voluntarios y colaboradores.

–¿Dónde han desarrollado las acciones?

–Desde que formamos Manos vacías, en merenderos y comedores comunitarios de diferentes barrios; más que nada en aquellos que no reciben ayuda gubernamental pero también aportamos a los otros. También hemos dado una mano a personas con diferentes patologías que han necesitado medicación de urgencia, sillas de ruedas y cosas por el estilo.

–¿Dónde funcionan y cómo están organizados?

–El principal punto de encuentro es mi casa, Intendente Blanda 1821. No obstante, contamos con otros lugares dentro de la Paraná, en Colonia Avellaneda y San Benito donde la gente puede acercar sus donaciones. De todos modos, si no pueden, buscamos la forma de recolectar nosotros donde nos indiquen.

Nuestra organización básicamente se divide en juntar las donaciones, hacer inventario de todo lo que recibimos, separar por talles desde bebés a adultos y acondicionar la ropa antes de ser entregada: la cosemos, lavamos, secamos y planchamos. Lo mismo hacemos con el calzado y los juguetes: los acondicionamos, primero. Una vez terminado ese proceso comenzamos a distribuir entre quienes lo necesitan.

Nuestra tarea lleva tiempo pero es sencilla: nos ponemos en contacto con los diferentes lugares y vemos cuáles son sus principales necesidades; si hay en el inventario repartimos enseguida; sino comenzamos una búsqueda por diferentes medios hasta conseguirlo.

 

REDES

–¿Cómo los contactan?

–Por medio de las redes sociales, principalmente Facebook e Instagram. Es un trabajo minucioso ya que rastreamos publicaciones para poder dar con aquellas personas que nos necesitan. También lo hacemos mediante los merenderos con los cuales ya colaboramos y tenemos en lista. Una mano ayuda a la otra. Nuestro Facebook es Grupo solidario Manos vacías y nuestro Instagram es @manosvaciasgruposolidario. WhatsApp 3436438257 – 3435047235

–¿Cuál es el balance de lo ocurrido en el 2020?

–Es un año particularmente difícil para todos. A pesar del aislamiento, creemos que nos unió más como seres humanos, vecinos y amigos. Es un año donde la empatía debe ser el ingrediente fundamental. Somos conscientes de las muchas y diversas necesidades que hay en todos lados y en ese sentido creemos que todo lo que podamos hacer desde nuestro pequeño lugar en el mundo puede generar grandes cambios. El amor hacia el otro es lo que nos motiva a seguir día a día. Nos llamamos Manos vacías porque somos un puente, un punto de unión; lo damos todo pero terminamos con el corazón lleno.

–¿Hacen acciones directas o colaboran a través de otras entidades?

–Depende el caso, cuando es a merenderos o comedores colaboramos con ellos; cuando se trata de personas enfermas o en situación de calle, la acción es más directa.

No cobramos nada por ayudar. Todo es de corazón.

A las acciones las sostenemos con nuestros trabajos personales  y con la participación de los voluntarios y colaboradores.

–¿Y por qué lo hacen?

–La solidaridad, la empatía, el otro, eso es lo que nos mueve. Somos conscientes de las grandes brechas sociales que hay y creemos que desde nuestro pequeño y humilde lugar podemos ayudar y aportar para comenzar a generar cambios.

 

 

EN TORNO AL LIBRO

En el sureste de la ciudad -con la avenida Zanni como referencia fundamental- se erige el barrio Capibá. En todo ese sector las necesidades son múltiples, de todo tipo; muchas de ellas urgentes.

Uno de sus vecinos tuvo una ocurrencia: crear una biblioteca, y para eso aprovechó positivamente las redes sociales. A poco de publicar fueron surgiendo los ofrecimientos, que por cierto fueron de los más variados.

“La idea es juntar cualquier tipo de libros para armar una biblioteca en el barrio Capibá, desde cero”, dijo Martín Pabón.

“¿Desde cuándo están haciendo la campaña?”, quiso saber EL DIARIO. “Empezamos hace poco, el 25 de noviembre, con una publicación en el grupo de Paraná hacia el Mundo, para poder juntar los libros”, respondió.

–¿Cómo surgió la idea?

–La idea surgió hace dos años, de un grupo de vecinos. Mientras armábamos ideas para una nueva vecinal caímos en la cuenta de que muchos chicos no tienen internet y que tener una biblioteca sería de mucha ayuda para un mejor uso del tiempo libre.

–¿Quiénes serían los usuarios de la biblioteca?

–Estamos pensando en una biblioteca con espacio para todos, tanto para los que quieran leer una novela o un cuento o los que deban consultar porque tienen que hacer la tarea de la escuela. Soñamos con una biblioteca sin excluidos, para niños y niñas, para los y las adolescentes, para los adultos y para los ancianos.

–¿Han pensado el carácter que va a tener la biblioteca o se irá conformando a medida que vayan donando?

–Sin dudas la biblioteca se va a ir armando en base a los libros que nos vayan donando. A nosotros nos gustaría que tenga un carácter social, es decir que sirva para hacer la tarea escolar de distintos niveles. La pensamos como un punto de encuentro y también una oportunidad para ayudar a gente que tiene pocos recursos.

–¿Tiene sede la biblioteca?

–Por ahora va a funcionar en mi domicilio particular, en calle 937 entre Lisandro de la Torre y la calle 928, a una cuadra de avenida Zanni y del Camping de la UOM. Así arrancaremos hasta que en la plaza del barrio se haga el salón.

En el barrio Capibá están tratando de formar una biblioteca.

 

REALIDADES

–Además de libros y los muebles para guardarlos, ¿qué otros insumos necesitan?

–De todo: lápices, birome, hojas; incluso sillas y mesas para que la gente pueda sentarse a leer su libro. En fin, todos aquellos materiales que necesita una biblioteca.

–¿Qué respuesta ha tenido el pedido de donación de libros y cómo se han organizado para juntarlos?

–Ha sido muy favorable porque la gente es solidaria. La mayoría de las personas que donan son profesoras, maestras, que han traído sus libros, revistas, cuadernillos para que sea más fácil el aprendizaje.

Hemos tenido que hacer varios viajes en moto para buscar los paquetes aunque algunas personas los trajeron en sus propios autos. También nos ayuda un grupo solidario de chicas llamado Manos vacías; gracias a ellas nos juntamos con cajas de libros que no podemos traer en moto.

 

 

Un lugar en el mundo

–¿Cómo es el barrio Capibá?

–Es un barrio pobre, de casas bajas, donde todo cuesta mucho esfuerzo. Tiene una plaza que es una referencia barrial. Ojalá con el tiempo también lo sea nuestra biblioteca. Entre los vecinos hay albañiles, herreros, policías, enfermeras, trabajadores en fin, changarines. Muestra de las necesidades que hay, funcionan distintos merenderos. También tenemos un ropero comunitario y se está construyendo una salita.

A disposición tenemos una sola línea de colectivo, la 12. En general no hay veredas ni cordón cuneta, las calles son de tierra y algunas de brosa y mejorado.

Desde el punto de vista socio económico es un barrio de gente que se la rebusca: lo que se gana es para parar la olla.