Para saber qué comemos

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La ley permitiría advertir a los consumidores sobre los excesos de azúcares, sodio, grasas y calorías, entre otros.

Ley de etiquetado frontal: derechos en materia de alimentación

 

El martes pasado un plenario de comisiones de la Cámara de Diputados de la Nación reanudó el debate del proyecto de ley de etiquetado frontal de alimentos. Para profundizar en el tema, NOSOTROS dialogó con la nutricionista y divulgadora entrerriana Laura Larrateguy.

 

Textos: Guillermina Ferraris

 

Hace algunos días, la Cámara de Diputados de la Nación reanudó el esperado debate por el proyecto de Ley de Etiquetado Frontal de Alimentos, una iniciativa que permitiría advertir a los consumidores sobre los excesos de componentes como azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías, a partir de información clara, oportuna y veraz.

En una entrevista con la nutricionista y divulgadora entrerriana Laura Larrateguy, repasamos los motivos por los que esta ley se vuelve una herramienta fundamental para generar un cambio en el hábito alimenticio de los argentinos.

Laura se recibió de nutricionista en el 2008. Siempre le gustó la nutrición materno-infantil pero hace 6 años que se especializa y dedica a esta rama, de forma exclusiva.

–¿Por qué es tan importante que se sancione esta ley en nuestro país?

–La ley busca garantizar el acceso a la información del consumidor de alimentos. Hoy en día lo que está pasando es que en Argentina la mayoría de la gente tiene el hábito de abastecerse de alimentos en el supermercado, con productos “de góndola”.

La verdad es que cuando uno empieza a dar vuelta el paquete y a leer la letra chica, porque es realmente muy chiquita: comunmente se necesita sacar una foto con el celular y ampliarla para llegar a leer o llevar una lupa para hacer la compras, aunque parezca ridículo…

En muchos envases, es muy difícil leer la “letra chica” de los componentes.

Cuando eso ocurre, empezamos a descubrir que hay muchos compuestos químicos especialmente diseñados por la industria para mejorar la palatabilidad, es decir para generar por ejemplo la sensación de que una galletita se nos disuelve en la boca.

Normalmente cuando nuestras abuelas y bisabuelas las cocinaban, usaban una cantidad enorme de manteca que hoy a la industria le significa un costo altísimo, entonces para que lograr el mismo efecto, evocando los mismos recuerdos de esa experiencia, de forma mucho más económica, la industria busca otras alternativas.

También para endulzar o generar esa sensación de adicción cuando abrís un paquete de «talitas» y no te comés una, cuando querés acordar te comiste todo el paquete.

“Si tengo la información puedo decidir, si no la tengo me llevan para donde quieren”, dice Laura Larrateguy.

Genera una sed terrible por la cantidad de sodio y tiene una cantidad de compuestos químicos que actúan a nivel cerebral para estimular el apetito o inhibir ciertas hormonas que nosotros tenemos, que son las que nos regulan el apetito y la saciedad.

Cuando una hormona está alta empezamos a tener hambre y cuando está más baja, entonces estamos saciados. Eso se ha ido corrompiendo desde el inicio de nuestra alimentación, cuando a los seis meses nos empiezan a dar nuestras primeras comidas.

Quizás antes, los estudios nos muestran que nuestra alimentación empieza desde la concepción, lo que la madre elija para nutrirse va a impactar directamente en lo que ese feto reciba como nutrición, a través del líquido amniótico, hay estudios muy recientes en los que se analiza que nuestra formación interna en cuanto a sabores y olores comienza también en esta etapa.

–Por dar un ejemplo, actualmente el 40% de niños en edad escolar tienen exceso de peso. En ese sentido, ¿creés que la ley serviría para iniciar un cambio en los hábitos alimenticios?

–No digo que con el rotulado encontremos la cura para la obesidad, pero sí es un gran avance y es un puntapié inicial. Uno de los principales efectos de la ley sería conocer qué es lo que estamos comiendo, ser conscientes y conocer qué efecto tiene en nuestro cuerpo.

Hay un montón de alteraciones de la conducta alimentaria o trastornos a nivel hepático, es decir el hígado no funciona igual. El jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) por ejemplo, que está presente en casi todos los productos ultraprocesados, recién ahora se está conociendo el efecto que tiene en el organismo humano.

Los últimos estudios realizados en 2018 se hicieron en ratas y los datos que arroja son alarmantes: se le daba la misma cantidad de JMAF en las dosis a la rata, que un humano que consume bebidas azucaradas, no eran dosis extremadamente altas sino las que consume un humano promedio.

Las ratas estaban preñadas y se analizaron ciertos marcadores en las crías: aumentaban los marcadores de células tumorales en la lengua de las crías, aumento de probabilidad de desarrollar hígado graso, el desarrollo de obesidad, aumento de la ingesta calórica total, quiere decir que consumir JMAF te hace comer más porque te desregula.

Creo firmemente que esto impacta para empezar a cambiar hábitos en la mesa de los argentinos. La información es poder, si tengo la información puedo decidir, si no la tengo, me llevan para donde quieren.

También va a sacar a la luz muchos productos y marcas consideradas como «saludables», que en realidad no lo son. Durante años tuvimos una publicidad engañosa que impactó fuertemente en nuestras decisiones.

Estoy súper convencida de que esto es el inicio de un cambio en el patrón de consumo, lo cual no significa, que es uno de los mitos, que va a disminuir el consumo de productos. No, habrá que replantear la industria. Que de hecho La Serenísima ya empezó a hacerlo. Empezó a sacar yogures que son yogurt de verdad.

–¿Qué pasa en los países en los que ya rige esta ley como Chile, Uruguay o Brasil?

–Las experiencias en otros países son muy recientes como para mostrar si hubo un impacto en el consumo en términos de cifras. Pero hablar con consumidores a través de las redes sociales, se evidencia que el consumidor razona un poco más o por lo menos tiene esa sensación de que compra los alimentos sabiendo lo que pueden generar en su cuerpo.

En eso se impacta. Más allá del impacto, es otra herramienta para que la industria alimenticia tenga que pensar un poco más qué es lo que está generando con sus productos y ayuda a regularizar un poco más la situación.

–¿Cuál es el interés del lobby que hace que esté frenado el proyecto?

–Los intereses del lobby son económicos y los profesionales de la salud y de la Cámara que están influenciados por el lobby lo hacen meramente por una cuestión económica.

Referentes de la nutrición y docentes de universidades nacionales, la presidenta de la Sociedad Argentina de la Nutrición, gente muy reconocida a la que evidentemente le importa más lo económico. Lo que ellos dicen es que esto va a traer problemas para la economía regional de cada lugar, sobre todo para la región las azucareras que está en Tucumán.

Esto no puede estar más lejos de la realidad, porque el propósito de la ley es mostrarte la cantidad de azúcar que tiene un producto pero no disminuye el consumo de azúcar y la producción, esa azúcar puede estar destinada a elaborar otros productos que sean mucho más nobles.