El descuido que la pandemia fue dejando en evidencia

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Las desigualdades ya existentes se potenciaron durante a pandemia.

Un equipo de investigadores de FTS-UNER analiza, a pedido de EL DIARIO, las lecciones que la pandemia va dejando respecto de las diversas políticas de cuidado que se despliegan, desde los gobiernos y también en la microconvivencia cotidiana.

REDACCIÓN EL DIARIO | [email protected]

El perfil de las decisiones gubernamentales en torno a los roles de cara a la necesidad de morigerar el nivel de contagios por Covid 19, puso en evidencia no sólo las limitaciones de cierta perspectiva sino, sobre todo, el sobreesfuerzo que algunos sectores deben hacer para que otros se sientan cuidados.

Por eso, fue valioso entrevistar a los integrantes del proyecto de investigación «Recorriendo las tramas institucionales del cuidado: investigación colaborativa en torno al cuerpo y el cuidado”: Esteban Kipen, Marcelo Marmet , Vanesa Aparicio, María Eugenia Delsart, María Suárez, María Elena Saín, Leila Nuñez, Marina Benítez, Alejandra Florenza y Leticia Costa.

 

–Los cuidados venían ganando visibilidad. ¿Qué puso sobre la mesa la pandemia?

–La pandemia y el aislamiento están siendo una oportunidad de mirar lo que estaba, de ver las redes que nos sostienen, y las que nos atrapan, las carencias que tenemos como sociedad para pensarnos y reconocernos desde el cuidado. La pandemia generó una suerte de explosión del cuidado. Desde sus inicios y con las primeras medidas gubernamentales, hubo una apelación al enunciado del cuidado que devino, en algún sentido, en una banalización del mismo.

Especialmente los equipos de salud se vieron desbordados por la emergencia.

La mayor parte de las políticas implementadas han sido clásicas estrategias epidemiológicas, fundamentadas en una fuerte tradición médica/estatal. Las cuarentenas han sido las herramientas disponibles para combatir pandemias y pestes, desde antaño. Su eficiencia ha sido variable, pero son viejas conocidas. Se basan en el control y la vigilancia, en el ejercicio de una autoridad vertical sobre los cuerpos, las movilidades y las relaciones. No se trata de criticar o no dichas medidas, sino de revisar que un ejercicio de la implementación desde une otre de normas (más o menos rígidas) de comportamiento y la apelación a la responsabilidad individual para cumplirlas, difícilmente pueda ser pensada como cuidado.

La pandemia reducida a la matematización de los contagios, a la biología del Virus, a los modos de higiene y la responsabilidad personal nos hablan de un mundo disociado. Cuidarse es quedarse en casa se vuelve expresión del borramiento de diferencias, que pone el foco en el espacio de lo privado y lo íntimo pero que a la vez corre el sentido de lo colectivo como apuesta común a prácticas de cuidado co gestionadas entre todes.

RESGUARDOS

–El habitar queda reducido al cuerpo en el espacio y el cuerpo a la biología. ¿Cuáles cuerpos pueden ocupar legítimamente qué espacios? ¿Qué cuerpos son protegidos y cuáles expuestos?

–Dice el sociólogo Boaventura de Souza Santos que “cualquier cuarentena es siempre discriminatoria, más difícil para algunos grupos sociales que para otros, e imposible para un vasto grupo de cuidadores, cuya misión es hacer posible la cuarentena para toda la población. (…) Hay otros grupos para los que la cuarentena es particularmente difícil. Son los grupos que tienen en común una vulnerabilidad especial que precede a la cuarentena y se agrava con ella”.
En efecto, la pandemia potenció, visibilizó y puso de moda el hablar de cuidado. Esa banalización de la palabra que hace que cualquier cosa parece que tiene que ver con el cuidado, en muchos casos no hace más que vaciar de contenido esta dimensión fundante del sostén de la vida.
Se confunde la necesidad de “distanciamiento físico”, para que no haya circulación del virus, con “aislamiento” o “distanciamiento social”. En este sentido las palabras no son inocuas, y ahí hay mucho para pensar y seguir profundizando.
No obstante, más allá de los modos de control, las comunidades tienen mucha sabiduría que se ha vuelto potencia en este tiempo, que ha podido resistir a estos mandatos y sostener lazos, sostener cuidados, sostener espacios que nos constituyen como protagonistas de nuestras vidas.

Este tiempo se vuelve oportunidad de problematizar y repensar las nociones que tienen que ver con el campo del cuidado. Las tareas del cuidado, los espacios de descuido, el rol de las instituciones, del Estado, la feminización del mismo, entre otros, significan la oportunidad de integrar dichas dimensiones, junto con otras que sitúan al cuidado en el escenario del cotidiano, al cuidado como gesto, como actitud, como aquello que nos permite poner en escena la interdependencia de unes con otres, la necesidad de disponernos afectivamente, los modos que posibilitan esta construcción. La certeza de que todes cuidamos y a todes nos cuidan.

–¿Desde qué perspectivas se construye el campo del cuidado?

–En el campo de los cuidados, los mayores desarrollos los ha tenido en esta última década, no sólo la visibilización y problematización de las tareas respecto al cuidar, sino también las perspectivas que buscan pensar el mundo desde otros lugares, desde una Ética del Cuidado en tanto posibilidad de construir nuevos modos de estar siendo en el mundo.

Como en casi todas las dimensiones de la vida, los estudios y aportes de las ciencias sociales, tienen enfoques y perspectivas. Parafraseando a Jeane Tronto, según los alcances que busquemos darle a la palabra cuidado, serán los efectos y situaciones que esta categoría nos permita mirar.

El campo de los cuidados, ha sido una temática subalterna y subordinada, y aquellas que incluyen la mirada del cuidado de quienes cuidan, siempre fueron minoritarias. Desde la gestación y consolidación del orden patriarcal y luego el capitalismo, la división sexo genérica de la vida impuso que ciertas actividades fueran entendidas como principales y masculinas: el trabajo, la política, la economía, el gobierno; y otras consideradas secundarias, invisibilizadas y femeninas: desde la reproducción a la alimentación y el aseguramiento de las condiciones del vivir cotidiano como asistencia y cuidado a niñes, o enfermes.

ROLES

–¿Y quién ejerce la rectoría en materia de cuidados?

–En este contexto fueron las perspectivas médicas las que decían cómo cuidar a otres, las que profundizaron la invisibilidad y la feminización de las tareas del cuidar. Hoy se habla de la crisis de los cuidados, en parte por las dificultades de los modos de vida dominantes en el planeta, centrados en la producción y el individualismo, en parte porque desde hace décadas los movimientos feministas vienen denunciando la invisibilización de las tareas de cuidado.

Es ineludible reconocer que aún desde perspectivas que no cuestionan el orden capitalista, las tareas de cuidado tienen un impacto económico formidable. Son las actividades no remuneradas ni valoradas las que sirven de sustrato a la realización de las otras, consolidando y naturalizando desigualdades.

Entendemos que parte de la dificultad de mirar o mirarse como cuidador deviene de la confusión entre “cuidado” y “atender” o “asistir”.

Desde el equipo sostenemos que para que haya una relación de cuidado, la misma debe ser cuidadosa para todes les que participan en la trama, sino es descuido en la relación. Esto pone de manifiesto que los contextos de desigualdad dejan poco lugar al cuidado así entendido. Si no puedo elegir cómo, a quién, en qué tiempo cuido o me cuidan, si esa actividad se impone de un modo fijo sobre une sujete o un grupo, estamos hablando de desigualdad, no de cuidado. Claro que cotidianamente, a pesar de esto, el cuidado existe, pero a costos muy altos que asumen siempre los mismos rostros.

Así se pueden ver las tramas políticas y económicas que contienen, facilitan u obstruyen el cuidado. Para poder cuidar cuidándonos, eligiendo, debemos poder debatir las condiciones y los modos de producción.

Claramente el sistema patriarcal, colonial y capitalista, se ordena a partir de la invisibilización del cuidado, y de lógicas que necesitan del propio descuido y del descuido de los otros, de la naturaleza y de la desconexión entre toda la trama de cuidado. Aún así, el cuidado sigue sosteniendo y alimentando la vida.

Perspectivas

–¿A cuál perspectiva adscriben como equipo de investigación

–Partimos de un encuadre biocéntrico que considera al cuidado como esa dimensión esencial, no tanto como acción, sino como actitud frente a la vida y al mundo que nos rodea. El cuidar no sólo va a tener que ver con lo que yo hago, sino con los modos en que decido y decidimos sostener la vida. Así, el cuidado se transforma en una relación que trasciende lo humano, que pone la vida en el centro y que reconoce y se reconoce en una trama más amplia de cuidado de la naturaleza, de uno o una misma y de los demás.

Los modos de cuidar, ser cuidado y dejarse cuidar, son producidos socialmente. Se aprenden. Es necesario desandar esa idea de que hay quienes naturalmente cuidan, una suerte de cosificación o biologización del mandato del cuidado. El cuidado es un modo de ir siendo en el mundo, fruto de relaciones e interacciones, marcado por contextos. A nosotres nos gusta insistir que a cuidar, cuidarse y dejarse cuidar se aprende, siempre con otros y otras y siempre abiertos a la afectación recíproca.

Retomando a Michel Foucault planteamos que el cuidado de sí es ético en sí mismo e implica relaciones con los demás. Cuidar de sí es conocerse, ocuparse de sí para que sus pensamientos y acciones, de acuerdo con sus vivencias, conlleven valores adquiridos de su experiencia de vida para cuidar a les otres.

Así entendido el cuidado de sí es principalmente una idea ética y polisémica, producto de una construcción social y política en un contexto determinado. La vivencia del cuidado de sí, ocurre en cada cual de manera única.

Desarrollos

–¿En qué proyectos están enfocados ahora mismo?

–Este proyecto de investigación inicia por preocupaciones que traíamos desde pensar el campo de la discapacidad, los cuerpos y cuidados. Como equipo en 2011 comenzamos con actividades tendientes a pensar y brindar alternativas a la situación de que profesionales que estaban abocados a las tareas de cuidado, no contaban con espacios de cuidado, ni con el registro del propio cuidado.

En 2015 fue el primer proyecto de Investigación y de extensión sobre “Cuerpo y Cuidado de quienes cuidan” que nos llevó a trabajar con escuelas, municipios, al interior de la Facultad de Trabajo Social con estudiantes y profesionales graduados.

Hace 2 años venimos con el COPNAF, en el Proyecto de Investigación “Recorriendo las tramas institucionales del cuidado: investigación colaborativa en torno al cuerpo y el cuidado”. Venimos recorriendo las tensiones y las dificultades en las instituciones para alojar modos cuidadosos de habitar las mismas, y a la vez siendo testigos de la experiencia y los cambios que se van dando, tanto en las lógicas institucionales como en las personas que las constituyen.

Desde la escritura colectiva estamos terminando un libro que sistematiza algo del recorrido de estos años de investigación con respecto al cuidado. También estamos co-construyendo una red de equipos de investigación regional vinculados a ejes relacionados al cuidado que nuclea a equipos de la Universidad de Córdoba, al IRICE-CONICET en la ciudad de Rosario, y en lo local, nuestro equipo de la FTS-UNER y un equipo de FHAyCS-UADER.

–Y los intercambios se suceden…

–Es cierto. En este itinerario el viernes 20 de noviembre realizamos el conversatorio: “Gestos y rituales del cuidado: tejiendo puentes desde lo cotidiano” con Elena de la Aldea y Vivian Camacho, que fue un momento de encontrarnos con gente que está haciendo cosas, sentipensando el cuidado desde diferentes recorridos en distintos lugares (España, Italia, Ecuador, Bolivia, Uruguay y Argentina).  El encuentro nos permitió reconocernos en los gestos de cuidado que nos han constituido como sujetes y aquellos que hemos podido brindar, “somos el resultado de todos los cuidados que hemos recibido”, nos decía Vivian Camacho.

“Los gestos son lo más singular y propio que cada uno tenemos, y al mismo tiempo son lo más ancestral que tiene la humanidad, reúne el hoy con el ayer”, nos decía Elena de la Aldea. Ambas reforzaron la idea de que recuperar gestos de cuidados es recuperar la conexión con todo lo que nos rodea, con la comunidad, que es en definitiva recuperar la humanidad, ya que “separados del todo, nos envuelve la soledad y el miedo”.

Para quienes se encuentren interesados en conocer nuestro trabajo o lo desarrollado en el conversatorio específicamente el material está disponible en Youtube; pueden pedirnos el enlace a [email protected]