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jueves, diciembre 3, 2020
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    Alicia Zorrilla: «Jamás perderé las esperanzas de que se hable y se escriba mejor»

    La actual presidenta de la Academia Argentina de Letras acaba de publicar “Sueltos de lengua”, en el que repasa con una gran dosis de humor los errores y horrores que los argentinos cometen diariamente en el uso del español.

     

     

    Como don Quijote de la Mancha, el héroe máximo de la literatura española, en Sueltos de Lengua, la lingüista Alicia María Zorrilla emprende una batalla desigual. Pero no enfrenta a molinos de viento, sino a los errores y horrores en el uso del español que escucha o lee cada día. Para delicia del lector, decide hacerlo con humor y transformar su pesquisa de incorrecciones sintácticas y léxicas en una sucesión de anécdotas desopilantes de la vida cotidiana: un diálogo en un taxi, un trámite bancario, los avisos clasificados de una inmobiliaria.

    La doctora Alicia María Zorrilla es presidenta y miembro de número de la Academia Argentina de Letras, y miembro correspondiente hispanoamericana de la Real Academia Española. Se doctoró en Letras en la Universidad del Salvador y obtuvo la licenciatura en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Es, además, profesora especializada en Castellano, Literatura y Latín y autora de Retrato de la novela, La voz sentenciosa de Borges, Diccionario de las preposiciones españolas. Norma y uso, Dudario. Diccionario de consultas sobre el uso de la lengua española, Diccionario gramatical de la lengua española. La norma argentina y Diccionario normativo del español de la Argentina.

    “Jamás perderé las esperanzas de que se hable y se escriba mejor”, dice la docente. “De hecho, mis alumnos así me lo demuestran, y también otras personas que me manifiestan la voluntad de lograrlo. Hablar y escribir con decoro significa respetar la propia identidad y a los demás hablantes que deben entender nuestros mensajes. Mi libro Sueltos de lengua no es un divertimiento, sino un llamado a que se reflexione sobre la lengua, sobre lo que tantas veces se dice sin pensar y provoca hilaridad. El humor no se opone nunca al aprendizaje y es tan serio como este; al contrario, sonriendo se fijan los conceptos, se enderezan los usos. Mi objetivo –señala- es que cada ejemplo permita aprender con una sonrisa y tomar conciencia de los dislates”.

    En cuanto al vicio más generalizado en el habla de los argentinos, la investigadora considera que “es no demostrar interés en no tener vicios lingüísticos. Por ejemplo ausencia de preposiciones cuando los verbos o los sustantivos las requieren; dequeísmo; queísmo; oraciones inconclusas; anglicismos, galicismos e italianismos que tienen sus equivalentes en español; redundancias; gerundios apabullantes, etcétera”. Por eso, dice, “los seres humanos debemos comprometernos con los valores y no ignorarlos como un impedimento en el camino. La lengua es un valor tan grande que nos convierte en personas”.

    Para Zorrilla es posible desterrar las muletillas. “Todo depende de proponérselo. ¿Cómo puede ser que una misma persona lance un `digamos´ y lo repita hasta el cansancio matizado con un `esteee´; después, un `¿me explico?´, como si su interlocutor careciera de entendimiento; más tarde, un `¿me entiende?´, rematado con un `¿sí?´ para verificar la claridad de su discurso o el estado cerebral del que lo escucha; o comience cada oración con el poco sesudo `a ver´ entonado con solemnidad? A veces, agrega un `¡dale!´ adornado con `nada´, el bastón más deseado para sortear los baches que crea la pobreza léxica”.

     

    BÚSQUEDA

    En el libro la autora comparte sus aportes acompañados por numerosos ejemplos que reúne del habla coloquial, cotidiana. Incluso rescata algunos de productos populares como la serie Alf o la comedia del Chapulín Colorado. En ese sentido, explica que “siempre centro mi búsqueda en la realidad lingüística argentina. Aprovecho los programas periodísticos; los zócalos televisivos, que me sorprenden cada día más; esos diálogos que parecen retazos que nunca pueden unirse; los titulares y las noticias de los diarios, y mucho más. Vivo atenta en espera de un milagro: que todos hagan el esfuerzo de hablar mejor. Tal vez, un día, -se esperanza- las palabras sean consideradas obras de arte”.

    El libro omite una tendencia creciente en el lenguaje de los argentinos, que es el uso del inclusivo. Sobre ese punto, y en relación a si es una variante de la lengua, Zorrilla destaca: “Como ya he escrito y hablado sobre el tema, no me pareció pertinente repetir mi posición lingüística en este libro. El lenguaje inclusivo no responde a la Morfología española, sino a una actitud sociopolítica. Considero que no es necesario reemplazar vocales o elegir consonantes como la x para referirse a la diversidad sexual. Lo importante es reconocer que existe esa diversidad y respetarnos mutuamente, ya que el respeto es amor. Demostremos que podemos darlo sin discriminarnos. Recuerdo ahora las sabias palabras del autor de El Principito, el escritor francés Antoine de Saint-Exupéry: `Lo esencial es invisible a los ojos´”.

     

     

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