Asiaín, su trabajo y su legado, en una muestra que repasa momentos de su obra

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Carlos Asiaín afirmaba ser un “agradecido a la vida”. Y lo demostraba en sus actos y en sus trabajos en diversos campos de la creación artística.

Con el título “Ayer, hoy, mañana y siempre. El legado de Carlos Asiaín”, la Asociación Amigos del Museo y Mercado Provincial de Artesanías habilitará hoy a través de canales virtuales –y a dos años de su fallecimiento- una muestra con trabajos del recordado artista.

Redacción EL DIARIO |[email protected]

 

La fecha escogida para esta inauguración es una evocación, un tributo a la memoria de este infatigable creador que falleció hace exactamente dos años, el 20 de noviembre de 2018. De allí también el nombre de la muestra, que sintetiza las aspiraciones de quienes la ha concebido: “Ayer, hoy, mañana y siempre. El legado de Carlos Asiaín”.

La muestra organizada y producida por Rubén Ballesteros y Rodolfo Romero junto a un grupo de amigos de Asiaín integrados en la Asociación Amigos del Museo y Mercado Provincial de Artesanías “Carlos Asiaín”permitirá a quienes la visiten acceder a un patrimonio prácticamente desconocido para la mayor parte del público.

La muestra estará disponible a partir de esta tarde a las 19 a través de los canales institucionales de Facebook de la Asociación de Amigos del Museo Asiaín: en Facebook: Asociación Amigos Museo Asiaín; en Instagram: amigosmuseoasiain.

Las piezas que integran el conjunto de obras pertenecen a colecciones privadas y han sido vistas poquísimas veces. Se trata de objetos de diseño, prendas pintadas, vestimenta teatral y otras creaciones que el plástico concretó en diversos momentos de su vida y para diversos proyectos.

En el conjunto se destacan las piezas artesanales que el artista confeccionó en la primera mitad de los 70, cuando luego de un viaje que realizó junto a Ballesteros por regiones del Noroeste y Noreste del país quedó deslumbrado por las artesanías tradicionales. Fue un flechazo fulminante. A su regreso a Paraná, Asiaín comenzó a elaborar piezas en diversos materiales que ofrecía en ferias de aquella época.

Esa pasión –en la que combinó sus facetas como dibujante, diseñador, innovador- se mantendría a lo largo del tiempo, hasta llevarlo a incursionar en la confección de magníficas piezas en cerámica esmaltada con sus dibujos. Y a dirigir durante más de tres lustros el museo que hoy lleva su nombre.

A la par, podrán hallarse entre esta serie de tres videos breves –alrededor de cinco minutos cada uno- y una serie de galerías fotográficas, obras que forman parte del Patrimonio del Museo Provincial de Bellas Artes. Y rarezas –como páginas de diarios de viajes y anotaciones- registradas por Romero a partir de un minucioso trabajo de seguimiento y rescate realizado junto a Ballesteros.

“Carlos era sobre todo dibujante, pero cada pieza que elaboraba tenía luz propia, más allá de la técnica que empleara o el material”, recordó para EL DIARIO Rubén Ballesteros.

Para Rodolfo Romero, Asiaín “tenía una productividad enorme. Siempre digo respecto a su obra que uno comienza a tirar un hilo, a partir de un folleto, de un catálogo, de un programa teatral o de un artículo, y comienzan a aparecer una cantidad increíble de cosas”.

Por otra parte, en la evocación no puede dejar de señalarse el compromiso ético, estético y social del artista, que lo llevó a comprometerse políticamente y a desempeñar cargos en la función pública.

Refinado, buscador curioso, aventurero de muchos sueños, mucho más que un diletante y un dandi –si el empleo de estas expresiones en su sentido más pleno alcanzan para abarcarlo- Carlos Asiaín tuvo el amor como norte. Fue un enamorado permanente de la existencia.

“Todas las mañanas salgo de casa dispuesto a ser querido por la gente. Y generalmente lo consigo”, admitió alguna vez en una entrevista en EL DIARIO, con ese humor delicado de la ironía que lo caracterizaba.

Ese ida y vuelta con sus semejantes fue uno de los pilares sobre los que sostuvo su vida y su trabajo como artista; testigo y protagonista de parte del devenir del siglo XX y el inicio del XXI.

Afirmaba ser un “agradecido a la vida”. Y lo demostraba en sus actos. Su piel estaba abierta en todos sus poros a la sensibilidad. Y su generosidad podía no conocer de límites.

En el mundo que supo crearse, un mundo íntimo, amable, bello, Carlos Asiaín finalmente asumió con serenidad el destino que la vida le había trazado: iluminar su existencia y la de otros con la llama imperecedera del arte.

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