El Parque, su monumento y una perspectiva de ciudad

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Además de su monumentalidad como patrimonio público, el Parque Urquiza señala un norte en cuanto a cómo transformar nuestras ciudades. Un repaso por su historia nos propone un desafío a futuro.

 

El Monumento a Urquiza se inaugura oficialmente el 11 de noviembre de 1920.

Mariana Melhem / [email protected]

Este lugar del que los paranaenses nos enorgullecemos, estuvo primero en la visión del intendente Jaime Baucis cuando escribió decidido a Dolores Costa, viuda de Urquiza, solicitándole la donación de las tierras de la batería: “Me dirijo a Vd. para pedirle su valioso concurso en la realización de un pensamiento que halaga y fomenta el patriotismo de los hijos de esta Provincia y que es de gran utilidad para el complemento de la edilidad de esta ciudad. En la terminación de Avenida Rivadavia (hoy Alameda de la Federación), que conduce al Puerto, existe un terreno denominado La Batería y que se encuentra situado sobre la barranca que da al río Paraná. La Avenida que empieza en Plaza Alvear donde está el templo de San Miguel, tiene su natural complemento en ese terreno, por ser el punto en que ella termina. Tengo el pensamiento y también el deseo patriótico de construir en ese terreno una Plaza Pública que lleve el nombre del General Urquiza… creo que debe perpetuarse su memoria con signos, con emblemas y con estatuas, que recuerden (…) al que constituyó la República (…) Colocar su estatua en ese lugar, sería un acto de justicia histórica para conmemorar allí mismo, sobre la margen del río Paraná, que él fue quien estableció su franca y libre navegación, abriendo las puertas de sus canales a la civilización y cultura de todas las naciones del mundo (…)”.

La foto, de la Base Aérea, permite asomarnos a la perspectiva de Baucis cuando imaginó el espacio.

Dolores Costa accedió a condición que se erija un monumento conmemorativo.
A partir de esta propuesta comenzó la transformación del espacio costero y de la barranca, sustituyendo paulatinamente la actividad extractiva de la piedra caliza o mejor dicho, limitándola al oeste de la ciudad, del otro lado del Antoñico.

La propuesta de Thays en Paraná es diferente a la de los otros parques por él proyectados.

Plaza Urquiza
El proyecto de lo que se denominó Plaza Urquiza fue realizado por el paisajista Carlos Thays e inaugurado en 1895. Thays desarrolló, por una parte, el diseño urbano que anhelaba el intendente mediante un bulevar de trazado geométrico que une Plaza Alvear con el río y que alojaba en su eje el monumento a Urquiza. Y, por otra parte, un sector que incorporó las altimetrías y los cursos de agua naturales que ofrece la barranca, cuyas características pueden asimilarse al paisajismo romántico inglés, permitiendo que la vegetación crezca libremente sobre el territorio ondulante.

Este mirador el río es uno de los que Thays quiso jerarquizar.

Pero ese germen de lo que hoy conocemos como el Parque Urquiza, también demandó un tiempo para su completa ejecución que se extendió desde el 25 de diciembre de 1895 hasta el 11 de noviembre de 1920, cuando se inaugura el grupo escultórico conmemorativo.


Por cierto, la propuesta de Thays en Paraná fue diferente a la de los otros parques por él proyectados, ya que en este caso decidió integrar el entorno natural al proyecto, dejando emerger, en algunos sectores, las capas geológicas de la barranca conformadas por conchillas provenientes de un remoto tiempo marítimo o haciendo uso de los cursos de agua subterráneos que emergen como cascada sacando partido de los desniveles. La vegetación incluyó tanto las especies nativas como exóticas y se infiere la intención de contar con sombras en verano y espacios soleados en invierno, destacándose sobre todo, la floración que propone colores diferentes según la estación en que se produce.


Las escalinatas unieron puntos de diversas alturas mientras los senderos se ensanchaban produciendo balcones miradores para contemplar el río. Los elementos arquitectónicos utilizaron la piedra natural como revestimiento (tal el caso del murallón que se encuentra sosteniendo la barranca en la parte posterior del monumento) y un lenguaje de reminiscencia medieval en torres con almenas, lenguaje que también empleará Domínguez y Benguria para el conocido Puente de los suspiros inaugurado en 1896.

El conjunto escultórico
Con el horizonte fijado en el centenario de la Revolución de Mayo y la localización del monumento conmemorativo dispuesta en el centro de la Plaza Urquiza, se organizaron las diligencias para concretarlo. Se constituyeron diversas comisiones, se recolectaron los aportes económicos para su materialización y se organizó un concurso público al que se presentan los artistas más reconocidos de la época tanto del ámbito nacional, como internacional. Resultó ganadora una de las tres propuestas presentadas por el escultor español Agustín Querol, quien de hecho comenzó la ejecución de la obra, pero falleció en 1909 dejándola inconclusa.


Así las cosas, la comisión organizadora se encargó de saldar la deuda con la familia del artista, para disponer de las piezas ejecutadas y contratar a otro afamado escultor, de la misma nacionalidad, para que complete el conjunto.


Mariano Benlluire será el autor de la estatua ecuestre del coronamiento, la que realizó según su diseño, condición que se había fijado para la contratación. Una vez finalizada la tarea del artista, se ensamblaron sus partes en el lugar asignado. La inauguración oficial tuvo lugar el 11 de noviembre de 1920, fecha que conmemora la firma del Pacto de Unión Nacional.


El conjunto como tal permite recorrer las etapas transitadas para la conformación de la República, desde la batalla de Caseros, pasando por el Acuerdo de San Nicolás y cristalizándose en la jura de la Constitución. Además, hace visible un modelo de país centrado en la Instrucción Pública, por una parte, sostenida por la Agricultura, Industria y Comercio, por la otra. A través de otros recorridos se descubren las provincias, los emblemas y alegorías patrios, la libertad venciendo a la tiranía y coronando el conjunto la estatua ecuestre del homenajeado con la frase que le pertenece “Ni vencedores, ni vencidos”.

Esta imagen, del Fondo Pérez Colman, cuyo autor es González Acha, da una mejor idea del entorno pretérito.

Extensión

El proyecto de Thays fijó las pautas de crecimiento, así durante la segunda y tercera década del siglo XX se anexa el territorio del Rosedal y luego las costaneras. Nuevas obras de arte, nuevas arquitecturas como el Hotel, el Anfiteatro y la Nueva Costanera junto a la apertura de Puerto Nuevo, Puerto Sánchez y el Thompson, indican la tensión que solo interrumpe la traza del Túnel.