La Nueva Federación, tesoro provincial

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El desarrollismo impuso en nuestra región dos marcas sustantivas: el Túnel Subfluvial y, de la mano de la represa de Salto Grande, la construcción de una nueva Federación. La implantación de la ciudad presenta características especiales que pueden ayudar a pensar en las alternativas del urbanismo, el lugar de los técnicos, de los gobiernos y de la comunidad.

 

El lago de Salto Grande, desde la Vieja Federación.

Mariana Melhem/[email protected]

Aunque distintas, la inauguración del Túnel Subfluvial y la concreción de la represa de Salto Grande se producen en un mismo período.

En efecto, a mediados del siglo XX, tras un período de marcado antiperonismo, de Fuerzas Armadas enfrentadas y un radicalismo dividido, llega a la dirección política del país Arturo Frondizi, quien suscribe, a través de la “Declaración de Chascomús”, un programa de gestión a través del cual adopta las directrices fundamentales del Desarrollismo, un modelo de Estado y Administración en boga en los países centrales.

Esta corriente en Entre Ríos adquiere un sesgo particular relacionado con la Reconstitución de la identidad regional a través de dos hechos que van a definir la configuración del territorio provincial en relación al resto del país haciéndola accesible, próxima y moderna.

Se trata de: la inauguración del Túnel Subfluvial gracias a la acción certera de los gobernadores Raúl Lucio Uranga y Carlos Sylvestre Begnis, y de la concreción de la represa de Salto Grande, obra que no solo propició la producción de energía hidroeléctrica, sino que constituyó una conexión terrestre internacional con la República Oriental del Uruguay y demandó el proyecto de una ciudad construida desde cero, única en Argentina del siglo XX.

Represa y cruce vial al Uruguay. Foto: Julio Blanco.

La instalación hidroeléctrica fue una obra que no solo propició la producción de energía, sino que constituyó una conexión terrestre internacional con la República Oriental del Uruguay y demandó el proyecto de una ciudad construida desde cero, única en Argentina del siglo XX.

Durante este período, la obra pública se manifestó en tres tipos de acciones para el desarrollo provincial: por un lado las obras de ingeniería para infraestructura conectiva y aprovechamiento energético, en segundo lugar la construcción de conjuntos habitacionales, escuelas y edificios de salud junto a la creación de entes autárquicos fundamentales como el IAPV. Y, dentro de este marco, la construcción de la nueva ciudad de Federación como consecuencia del embalse de Salto Grande.

No una, dos veces
Hablar de Federación necesariamente implica construir una periodización histórica que permita descubrir cada uno de los momentos de inflexión que originaron sus modificaciones.

Bucólica imagen del sitio de Mandisoví.

Los antecedentes más lejanos remiten al siglo XVIII, aunque sin acta de fundación ni fecha cierta y corresponden al paradero de Mandisoví, ubicado a la vera del camino que unía al Salto de Itú con Yapeyú en Corrientes.

A mediados del siglo XIX, siendo gobernador el Gral. Urquiza, manda a erigir un pueblo a orillas del río Uruguay donde se traslada la población de Mandisoví (1847). Las tareas de mensura, deslinde y amojonamiento de la Villa denominada Federación, se concretarán en 1867 y en poco tiempo se incorporará la línea férrea que la vinculaba a Concordia. Esa localización, la convertirá en el último puerto argentino sobre el río Uruguay al que llegaban jangadas de madera provenientes de Brasil y el nordeste de nuestro país; haciendo que la incorporación de este producto le imprima un rol industrial.

Sitio de Mandisoví, referencia en las estrategias de desarrollo regional.

El tercer momento, corresponde a su último traslado para mitigar los efectos de la inundación que generaría el embalse de la represa, dando lugar a la Nueva ciudad de Federación que hoy conocemos.

La represa
Fue un proyecto de larga data que se inicia el 30 de diciembre de 1946, con la firma del convenio Argentino Uruguayo y la creación de la Comisión Técnica Mixta de Salto Grande. La C.T.M. se integra y constituye en 1958 adjudicando, dos años más tarde, la preparación del proyecto y estudio de factibilidad a un consorcio de firmas internacionales.

La relación con la figura humana da una mejor idea de las dimensiones del proyecto hidroeléctrico.

En 1962 se termina el proyecto y se demuestra la viabilidad técnica y económica de la obra.
Un nuevo consorcio internacional realizará la revisión y actualización del proyecto, concluyendo el estudio que mejora y ratifica conclusiones en 1971.

La nueva ciudad

La Vieja Federación contaba con su estación de trenes.

En 1972, ante el inminente comienzo de las obras de la represa y conociéndose que Federación quedaría afectada por el área de inundación del embalse, debiendo trasladarse una vez más, el Poder Ejecutivo Provincial encomienda el proyecto de la nueva ciudad de Federación al IAPV (Instituto Autárquico Provincial de la Vivienda de Entre Ríos) desde donde se conforma un equipo con especialistas de diversas disciplinas en las áreas económica, sociológica, física – regional, física – urbana, de trabajo social, jurídica, topográfica, capaz de realizar los trabajos requeridos con personal del propio instituto.

Así quedaba expresado en el Primer Informe Federación, Proyecto Nueva Ciudad de abril de 1973 “resolver el tema satisfaciendo los intereses de la población (…) pero aprovechando la coyuntura para configurar para el Instituto y la Provincia de Entre Ríos, un equipo capaz de encarar posterior o paralelamente a esta experiencia los estudios de planeamiento de desarrollo regional y urbano que la misma requiere”.

La reurbanización estuvo atada a múltiples discusiones, en tiempos donde ese detalle no era valorado de manera positiva.

Esta encomienda que comprendía no solo el trazado del proyecto urbano, sino que contemplaba el desarrollo regional en todas sus dimensiones y la participación de los vecinos en la elección de la nueva localización constituye un caso excepcional de planificación integral.

Quienes conocemos los testimonios de lo que ha significado el éxodo de los pobladores desde la vieja ciudad hacia la nueva, desconocemos que aquella propuesta de planificación integral encarada desde el estado, con profesionales locales y con participación popular, se vio truncada con el golpe militar de 1976.

Con los estudios realizados desde el IAPV, los modelos de simulación y la demolición ya acordada, el gobierno de facto determinó que no se construiría la nueva ciudad. Esto generó en los vecinos una gran desazón ya que se quedarían literalmente sin ciudad y sin viviendas.

Las casas tuvieron características que las unieron a cierta uniformidad.

De manera organizada lograron que la nación cumpla con la promesa de construcción, pero con el inconveniente ocasionado por modificaciones del proyecto entre las que se encontraban la reducción en la cantidad de viviendas, la no ejecución de ciertos edificios públicos y lo que es peor aún, la segregación de la población que al momento de mudarse quedó desvinculada de sus vecinos y sus familiares.

A esta crítica situación se suma que, en la región la ciudad perdió vínculos con las poblaciones más próximas al quedar desafectado el ferrocarril y cambiar la traza de la Ruta Nacional 14.

Ideas rectoras del proyecto
El trazado se organiza mediante un desarrollo lineal con calles mayores paralelas al lago. La calle principal es la comercial y conecta tres centros: el centro cívico hacia el sur que concentra la administración pública e iglesia parroquial; el centro cultural y deportivo en el tramo medio y el centro turístico en el extremo norte, con la terminal de ómnibus y equipamientos vinculados al emplazamiento del parque termal inaugurado en 1997.

Como original la recova urbana proyectada como techo continuo de las veredas define un ámbito característico que jerarquiza la calle. Las áreas residenciales han sido proyectadas en base a dos prototipos: unidades totalmente en planta baja y de dos plantas tipo dúplex. Las dos variantes cuentan con terreno propio y vinculación externa a las calles vehiculares.

Aquella ciudad, anónima y organizada puertas adentro de cada vivienda, por la inexistencia de espacios de socialización, ha encontrado en el desarrollo del termalismo, su modo de reconstrucción y hoy puede exhibir buenas arboledas, espacios públicos de generosas dimensiones y un trazado singular que define su identidad.

Algunos pocos testimonios en pie de la vieja ciudad, entre los que se encuentra el cementerio, paradójicamente en actividad y la ex maternidad, pueden recorrerse cruzando el puente construido para acortar distancias entre dos puntos que definen su historia.

Retazos de memoria quedaron resguardados en un museo.