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jueves, diciembre 5, 2019
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    Rabia Hermanos: la compleja belleza de lo aparentemente simple

    La primera obra de teatro escrita y estrenada por Raúl Eusebi, calificada por su autor como `drama rural´, refleja una historia de personajes entrañables, perdedores plenamente humanos, que apuestan a la utopía y la esperanza para redimir sus vidas.

     

    Carlos Marín | coordinacion@eldiario.com.ar

     

    En una pista de baile de un pueblo rural, cuatro historias se cruzan en una madrugada. En el lugar, restos de papel picado, algunas mesas ya vacías y un dejo de nostalgia que intensifica el ambiente con luces mortecinas, indican que la fiesta terminó. En la Pista Rabia Hermanos queda aún el remanente de un momento de jolgorio.

    Ese es el instante en que Buscanidos, un canillita, el observador de lo que acontece, que conoce algunos secretos de esa comunidad, elige para comenzar a descorrer el velo para que comience la acción. Y aparece en escena para narrar una historia que será el nudo de `Rabia Hermanos´, obra teatral escrita y dirigida por Raúl Eusebi que se estrenó en El Callejón de los sueños.

    Sentada en una mesa, junto a la pista, una mujer, Balina, permanece, esperando. Tacuara, un joven del pueblo, que la pretende, intenta entablar una conversación. Está enamorado. Sin embargo no es plenamente correspondido.

    Como náufragos obligados a convivir por las circunstancias -que intentan levantar un refugio para sus emociones en un punto ignoto de la geografía-, ambos exponen sus argumentos acerca de la vida y el amor: desencantada una, apasionado el otro.

    En esa delicada esgrima verbal que ejercitan, atravesarán distintos momentos. Balina y Tacuara ejecutarán una contradanza con la cual, progresivamente comenzarán a acercarse. Pero esa aproximación se verá modificada abruptamente por la irrupción de una presencia inesperada: Santo, con quien la mujer convivió; un gran amor en su vida con el cual tuvo una relación turbulenta que terminó de modo poco feliz.  Personaje maduro, Santo es un boxeador que regresa al pueblo, destino final al cual arriba tal vez a despedirse definitivamente de sus sueños de juventud. Esos que lo llevaron lejos y lo han traído, vencido, a `la casita de los viejos´.

    La duda, los interrogantes, penetrarán en Balina y el tercero que regresa al pueblo se introducirá como cuña en el vínculo con su pretendiente más joven. El pequeño brote que ha germinado del encuentro entre Balina y Tacuara, correrá entonces el riesgo de marchitarse por la espina que instala la duda.

    Comenzarán entonces a aflorar los recuerdos y a la par de ellos se expresarán el amor, los enojos, las ilusiones –alcanzadas y marchitas-, las alegrías y las frustraciones que dan cuenta de la cotidianidad en una pequeña comunidad rural.

    Los personajes de Rabia Hermanos, ubicados en un pueblito, trascienden en su composición el ámbito local para proyectarse con matices de universalidad. De ese modo, una historia que transcurre en una pequeña comunidad rural, puede trasladarse al ámbito de un conglomerado urbano, cualquiera sea su escala. Porque en el fondo –expone la historia escrita por Eusebi- la esencia del ser humano es la misma aquí, allá, en todas partes. La soledad, los desencuentros, las ambiciones, la frustración, el dolor, son cuestiones que atañen por igual a las personas, donde sea que se encuentren. O se desencuentren. Y que se traduce en esa rabia que llevan los personajes y que el autor de la obra ubica en el título.

     

    Trabajo convincente

    La historia escrita por Eusebi reúne personajes definidos por la nostalgia y un matiz de ternura, ligados por su condición de perdedores que no reniegan de la esperanza.

    El mundo que traducen los cuatro personajes de `Rabia Hermanos´ es trasladado a escena por un elenco integrado por Alicia Martino (Balina), Javier Farías Ruhl (Buscanidos), Santiago Acosta Cis (Tacuara) y Sergio Noro (Santo).

    La puesta –que pudo verse en El Callejón de los sueños, en una temporada de cinco funciones durante dos fines de semana- cuenta con dirección de Raúl Eusebi, quien además es autor del texto.

    “Rabia hermanos” es la primera obra teatral que ha escrito y que decide llevar a escena. Su debut como dramaturgo lo presenta como un autor con diestro manejo de recursos técnicos. La estructura del relato es clara, y el lugar que otorga al trabajo de los actores, a través de pequeños monólogos expresa su propio recorrido en las tablas, en las que tuvo al maestro Lito Senkman como referente.

    Con un registro de fuerte tono emotivo, Eusebi sintetiza en la dramaturgia elementos de su propia biografía lo cual le posibilitó configurar una ficción que conmueve y convence. Tanto por la destreza en hilvanar la historia, como por la solvente representación en escena. Es que para él “El actor es el artífice de la representación”. Su enfoque como director –que contó con la asistencia de Beby Pereira- se vislumbra en la marcación de caracteres y espacios. En ese panorama se destacan Santiago Acosta Cis, que con Alicia Martino –diestra en la composición de su personaje- generan el clima adecuado para la relación entre Tacuara y Balina. Ese buen trabajo se ve potenciado por el aporte que plantea la intervención de Sergio Noro. En su composición de Santo, el viejo boxeador derrotado,  Noro expone su talento y alcanza los momentos más brillantes en lo actoral.

    En ese conjunto, Javier Farías Ruhl marca presencia en momentos puntuales de la acción, en especial en el intenso monólogo de cierre.

    El conjunto se completa con una escenografía resuelta con simplicidad y sencillez, una planta de luces que acompaña con solvencia, y una banda de sonido con música original de Chino Padilla  y producción sonora de Leandro Drago y Heber Schaff, que cumple con acierto la función que le corresponde.

    Como ocurre en la vida, “Rabia Hermanos” aborda una historia en la cual se plantea la complejidad de lo aparentemente simple. De ese universo caórdico de pasiones que atraviesa lo humano y que halla su redención en el amor y la esperanza.

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