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domingo, noviembre 29, 2020
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    El ferrocarril, organizador de la economía y las poblaciones

    Para Entre Ríos, el ferrocarril fue una hazaña de conectividad interior y un puente norte sur entre la Mesopotamia y Buenos Aires. Pero también influyó notablemente en términos de ocupación poblacional de los territorios.

     

    La estación de Concordia es la de mayor volumen y desarrollo.

    Mariana Melhem / [email protected]

    El Estado Moderno, proyectado por Urquiza durante la Confederación, comprendía la unificación de la República con la promulgación de la Constitución, el poblamiento del territorio mediante el fomento de la inmigración y la instalación de colonias agrícolas, la creación del Museo del Estado para promocionar las bondades del territorio, el desarrollo de ciudades, la educación pública, la industria de la carne (saladeros) y el fortalecimiento de los puertos, entre otras propuestas programáticas.

    La estación de Paraná, cuando pasaba del proyecto a la materialización.

    Lo cierto es que esas acciones recién pudieron desplegarse a paso firme durante el denominado Período de Subordinación al Estado Nacional Centralizador (1880 – 1914).
    Merece destacarse que, en Entre Ríos, se había cumplido esta propuesta parcialmente: quedaba por solucionar la conectividad al interior del territorio y a su vez con el resto del país ya que, si bien los ríos vertebraban el movimiento norte–sur a través de sus puertos, faltaba una articulación que uniera rápidamente las dos costas y que en sentido norte sur agilizara la circulación de las cargas y sorteara los saltos del río Uruguay a la altura de Concordia para llegar al puerto de Buenos Aires.

    Primeras líneas
    El 9 de julio de 1866, se inaugura el Ferrocarril Primer Entre Riano. Era una línea de solo 10km que unía Gualeguay con su puerto. Fue construida por una empresa de capitales privados argentinos surgida de la iniciativa de los vecinos de la zona. Los emprendedores ciudadanos constituyeron una comisión al efecto para dar salida a los productos de la actividad agrícola y ganadera (sobre todo saladeril) a través de Puerto Ruiz, que contaba con profundidad suficiente para el ingreso de buques ultramarinos.

    La estación de Concordia. Foto: Lucas Quispe.

    El capital fue aportado por los vecinos de Gualeguay, el propio general Urquiza, los gobiernos Nacional y Provincial y la banca brasileña Mauá y Compañía.

    Los registros han preservado algunos datos más: para el proyecto y dirección de la obra fue contratado al ingeniero Juan Coghlan. Y, la primitiva locomotora, se llamó “La Solís”.
    De aquella estación, en Gualeguay, no quedan restos en pie ya que fue reemplazada por otra, en un emplazamiento diferente hacia finales del siglo XIX.

    La estación de Paraná, parcialmente utilizada.

    En orden cronológico se construyó otro pequeño tramo entre Concordia y Federación hacia 1874, bajo la denominación de Ferrocarril del Nordeste Argentino, que continuará hacia la localidad correntina de Monte Caseros al año siguiente.

    Hay una combinación de intereses que emergen en estas dos acciones. Queda claro por un lado que resultaba de suma importancia morigerar cierto aislamiento interprovincial y, sobre todo, garantizar la llegada de los productos hacia el puerto de Buenos Aires. No obstante, es conveniente advertir otro vector de impulso: la unión con los países vecinos de Uruguay, Brasil y Paraguay, que se concretará unos cuantos años después.

    El ferrocarril, fundamental para transportar personas y cargas.

    La empresa del Estado
    Al asumir como gobernador, Eduardo Racedo dispuso la creación de una línea ferroviaria del Estado que uniera las ciudades de Paraná y Concepción del Uruguay. Así se expresaba en 1884 ante la Legislatura para convencer acerca de las bondades del nuevo medio de transporte: “reduce las distancias, da valor a la propiedad, abrevia el tiempo, lleva las costumbres más adelantadas de la industria y cambia por completo la faz económica de los pueblos”

    La estación de Concordia produce también un impacto visual.

    Los estudios de factibilidad son sumamente interesantes: especificaban el trazado y extensión de vías, además del número y clase de estaciones y obras de arte necesarias como puentes y alcantarillas. El proyecto definitivo fue desarrollado por los departamentos Nacional de Ingenieros y Topográfico de la Provincia. La obra se adjudicó a la empresa local Lucas González y Cía.

    Los edificios eran también referencias constructivas en cada ciudad.

    Durante 1887 se concluyó el trazado hasta Uruguay y para 1891, se habían ejecutado varias extensiones que llegan a localidades importantes como Villaguay y Gualeguaychú. La red totalizaba unos 782 km de vías.

    Estación de Concepción del Uruguay.

    Capitales ingleses
    Luego de ese primer esfuerzo público, en poco tiempo se inició un proceso privatizador que terminó transfiriendo la línea del ferrocarril estatal de Entre Ríos a empresas inglesas. El programa incluyó la gestión de lo recibido y la ampliación de la infraestructura.


    Así el Central Entrerriano concesionó la construcción de algunos ramales a la firma “Entre Ríos Railways Company”, pero una crisis en las finanzas públicas en 1890, condujo a que dos años más tarde la línea sea propiedad de la Compañía de los Ferrocarriles de Entre Ríos, de origen británico.

    Tres cabeceras
    Como toda obra infraestructural, el ferrocarril está atravesado por una lógica funcionalista en la organización del espacio que se materializa a través del concepto de sistema y redes con puntos de articulación donde se levantan las estaciones que dan cuenta de su rol, a través de la jerarquía edilicia. Así las estaciones de Paraná, Concepción del Uruguay y Concordia, pertenecen a la primera categoría, mientras el resto del sistema está constituido por estaciones de segunda y tercera categoría más los apeaderos que permiten servicios mínimos.

    En los primeros tiempos, para el abastecimiento de agua al que obligaba el sistema a vapor, se hizo necesario contar con paradas de aprovisionamiento que se ubicaron a distancias iguales, aunque no existiera población alguna. Así, por una cuestión estrictamente técnica, estos sitios se constituyeron en el germen de futuras urbanizaciones.
    En todos los casos se trataba de líneas pasantes; no de terminales. Presentaban dos fachadas, una constituida por la galería del andén y la otra desplegada hacia el área urbana.

    El terreno de implantación se denominó cuadro de estación, allí se asentaba el edificio principal (estación propiamente dicha), los talleres, depósitos, galpones para cargas, bretes, torres de agua y playas de maniobras, que los transforma en elementos fácilmente repetibles a lo largo de todo el tendido.

    La reactivación plena del ferrocarril sigue siendo un añorado proyecto.

    Distintivo
    En cuanto a disposición y repertorio formal, las tres estaciones, Paraná, Concordia y Concepción del Uruguay, presentan elementos en común, aunque no se trate del mismo prototipo. En los otros casos, el lenguaje tiende a ser más funcional, las formas tipológicas son semejantes y se pueden vislumbrar similitudes: Victoria y Gualeguaychú, Nogoyá y Rosario del Tala, Urdinarrain y Villaguay.

    Estación Concordia Central. Foto: Julio Blanco.

    Concordia es la de mayor tamaño: se desarrolla en dos pisos y cuenta en sus extremos con dos torres más altas. Debido a su posición en el sistema, demanda mayor cantidad de servicios.

    La cabecera de Paraná y la de Concepción del Uruguay en origen presentaban los mismos elementos, aunque con una ligera variación en la altura de las torres, se trata de un cuerpo central de dos plantas y tiras simples hacia ambos lados. Esta correspondencia formal entre edificios se modifica en 1910 cuando Paraná construye el Bulevar (hoy Racedo) y con ello modifica la fachada urbana incorporando ornamentación profusa de raigambre francesa.

    Fachada de la estación de Concepción del Uruguay.

    La sistematización modular constructiva y el uso de materiales como hierro, madera y ladrillo de máquina son las particularidades que le dan unidad al conjunto.

    Las estaciones eran también motivos de postales urbanas.

    De puño y letra, el remitente le daba singularidad al mensaje transmitido.

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