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sábado, diciembre 5, 2020
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    Hernandarias, una calle inscripta entre tabiques

    Pocas calles como Hernandarias pueden mostrar con tanta claridad qué noción de ciudad predomina entre los capitalinos de distintas generaciones. La extensión en curso de la Circunvalación puede ser una ocasión para reparar y reordenar.

     

    Víctor Fleitas / [email protected]

     

    La calle Hernandarias es paralela a la Avenida Almafuerte. Un punto de inicio de Hernandarias podría ser la intersección con Avenida Zanni. De hecho, es la primera arteria de esas dimensiones con que se topa quien a esa altura se dirija desde Zanni y Almafuerte hacia el sur.

    En su configuración espacial, en las características apreciables a simple vista al menos, emergen marcas de la historia urbana, que alimentan la conjetura de que el primer tramo de radicaciones residenciales debe haber estado entre Zanni y Caputto.

    Téngase en cuenta que hace poco más de 50 años, un acontecimiento transformador como la instalación del Túnel Subfluvial obligó a un descentramiento radical en términos de desarrollo territorial. En efecto, bajo la tesitura de que el futuro tránsito pesado debía circunvalar la ciudad, se pavimentó Blas Parera. Más allá del neurálgico cruce con Almafuerte, las ramas de ese árbol vial se desarrollaron como pudieron desde Zanni, Caputto y, perpendicular a ellas, por Newbery, para unir las nuevas referencias con la militarizada base área, el aeropuerto y, a través de estos enclaves vitales en aquella época, la ruta 12 que conduce a Crespo, Nogoyá y, bajo otra denominación, llega hasta Concepción del Uruguay.

    En su extremo este, Hernandarias está incorporada a un entorno industrial. Foto: Gustavo Cabral

    EL MERCADO

    La ausencia planificadora del municipio le permitió al negocio inmobiliario desarrollar un elemental esquema. De manual, la primera transformación de lo que otrora fuera un interminable vergel de tierras de labranza consistió en lotear aquello que estaba próximo a la infraestructura urbana existente. Por eso, apenas se supera un peligroso cruce sin semaforizar con Zanni, Hernandarias desgrana sus mejores postales constructivas, con chalets suburbanos en los que la fortaleza, la comodidad y los detalles (muchas veces, de buen gusto) han podido ser combinados en una misma ecuación.

    La avanzada residencial sobre Hernandarias parece responder a una matriz de oleadas. Así, luego, lenta o abrupta, pero siempre sostenidamente, el espacio enseña que ha ido siendo ocupado por grupos que portaban un menor capital en un sentido amplio (riqueza material, relaciones sociales o políticas, influencia) hasta que Hernandarias después de Soldado Bordón, se vuelve un caserío de frentes bajos, donde incluso se revoca por episodios -como en las telenovelas- y luego se pinta al agua con colores llamativos que tapan las imperfecciones propias de un oficio que se está aprendiendo o se improvisa. En esa parte, Hernandarias se angosta notablemente, con lo que pierde uno de sus atributos formidables. Al final, es un hilo de agua incesante que busca un destino de zanjón, del que ningún perro bebe.

    Es difícil precisar en qué momento ocurre, pero de pronto se cae en la cuenta de que las personas ya no caminan por las veredas sino por la calle. Mientras Hernandarias avanza hacia un amanecer de baldíos, el esfuerzo y las condiciones reinantes la obligan a ir sacándose capas de cebolla: empieza coqueta con pavimento y cordón cuneta, al rato luce un funcional asfalto ya sin cordón cuneta, después un modesto mejorado, más tarde la incómoda brosa y finalmente el desprovisto suelo natural.

    La sonoridad dominante también se modifica, por grados: los automóviles y motos que se esfuerzan en arrancar; la música tropical difundida con el volumen adecuado para que se entere la manzana de la calidad del equipo reproductor; el pajarerío que cuchichea mientras los gallos llaman al orden. En el mismo sentido, los medios de movilidad: rodados de modelos recientes o de alguna antigüedad pero bien mantenidos; motos, bicicletas y vehículos que funcionan gracias al milagro cotidiano de la mecánica; carros tirados por caballos o autos desvencijados que hacen renegar a sus dueños.

    Las posibilidades de mejora en las condiciones de habitabilidad de Hernandarias son amplias y diversas. Foto: Gustavo Cabral

    DEL OTRO LADO

    Pero Hernandarias no termina allí, pese a las evidencias. Más allá del ferrocarril que opera como un notable tabique urbano, la calle continúa un buen trecho, hasta el límite este del ejido. Es como un renacer de Hernandarias, diferente a su otro extremo, Zanni, tanto que aquí no hay residencias que asombren sino un enorme espacio industrial donde a la prioridad la tienen los camiones de carga y los móviles con que los operarios se manejan. Luego de Antonio Salellas (entrada formal al Parque Industrial), el Centro de formación, innovación y servicios de la Municipalidad es testigo del primer cambio brusco del tramo este de Hernandarias: mientras ante sí se escenifica una peregrinación camionera, a su costado se despliegan galpones retirados de la línea de frente, muchas veces afectados por el paso del tiempo; y tinglados que no superaron las primeras hiladas, con oxidados “pelos” que escapan de vigas y columnas, junto a enormes lotes libres de mejora. Hay pequeñas urbanizaciones, con tapial delantero de pallets o de tejido. A pocos metros, miran sin entender unas vacas en hilera mientras disfrutan de un manjar de fardo, delante de una tapera sufriente.

    Hernandarias de pronto se interrumpe, también aquí. El horizonte hacia el oeste es un monte o selva en galería, cuya columna vertebral son las vías del ferrocarril que, en Almafuerte, toma altura y se convierte en el puente de hierro que alguna vez fue un límite urbano y la advertencia de que San Benito estaba cerca.

    Justo en el punto de mayor tensión de ese degradé de infraestructura que produce Hernandarias desde sus extremos este y oeste, se está por terminar la Avenida de Circunvalación. Ojalá la ocasión se aproveche para que semejante inversión redunde en una mejor organización de ese sector y en una ocupación más razonada del territorio.

     

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