Qué propone Católicas por el Derecho a Decidir

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La discusión por el aborto

El 28 de septiembre fue el Día de Acción Global por un Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Para conocer la perspectiva actual de una ONG que rompe con los estereotipos del sentido común, NOSOTROS entrevistó a Keka Bosio, integrante de Católicas por el Derecho a Decidir.

 

Textos: Guillermina Ferraris

 

Las complicaciones por el aborto inseguro y clandestino constituyen la primera causa de mortalidad de las mujeres en muchos de los países de América Latina y el Caribe.

El 28 de septiembre se erige como una fecha en la que organizaciones transfeministas de todo el mundo hacen un llamamiento a las autoridades estatales, sobre todo de países latinoamericanos, para que lleven adelante políticas públicas que puedan garantizar la seguridad y gratuidad del aborto.

Católicas por el Derecho a Decidir Argentina es una organización que nace hace 27 años fundada por Marta Alanis, una mujer con una trayectoria de activismo en derechos humanos y feminismo de larga data.

Keka Bosio, integrante de la misma, explicó que son una organización de la sociedad civil, con el objetivo de promover los derechos de las mujeres desde una perspectiva ética, teológica, católica y feminista, buscando la equidad en las relaciones de género y el acceso igualitario de las mujeres y disidencias a ciudadanías plenas, tanto en la sociedad como hacia el interior de las iglesias.

«Nuestra misión es incidir en la sociedad, en su conformación cultural atravesada por muchos conservadurismos, y el religioso es uno de ellos. Somos un colectivo disidente al pensamiento religioso único y conservador que pretende imponer un sólo modo de habitar la fe, excluyendo a quienes abrazan los valores de justicia social y equidad en la diversidad. Somos parte activa de la Campaña por el Aborto Legal seguro y Gratuito en Argentina y estamos a favor de una maternidad elegida, deseada y no biologizada. Para nosotras es una decisión libre, oportuna, e informada”, expresó Keka.

 

El derecho al aborto seguro más allá de la moral

 

Acerca de la compleja relación entre el derecho a decidir sobre el propio cuerpo y la perspectiva desde la moral impuesta por la Iglesia católica como institución, Keka afirmó: “Apostamos a construir una mirada regional y disidente acerca de cómo la religión católica nos ha colocado a las mujeres y al colectivo LGBTIQ+ en un lugar subalterno, colonizando nuestras sexualidades y limitando asimismo la posibilidad de vivir nuestra fe de un modo liberador. La iglesia católica es una institución y como en toda institución hay disputas, hay procesos instituyentes y subalternos. Desde el Concilio Vaticano II se debate la libertad de conciencia en temas referidos a la sexualidad, el reconocimiento a la pluralidad, el respeto a la diversidad, constituyen la base de disputas simbólicas hacia el interior de las Iglesias”.

Y continuó: “en este sentido, la teología de la liberación con su mirada sobre les desposeídos de la tierra ha contribuido fuertemente a que católicas y católicos conozcamos el mensaje que esas enseñanzas dejaron como herencia y el gran debate que implican todavía hoy estas ideas para la comunidad creyente. Posteriormente, el surgimiento de las teologías feministas y de grupos progresistas que realizaron nuevas lecturas de los textos bíblicos, desde una mirada atenta al rol central de las mujeres en la fe, interpelaron a la comunidad cristiana reclamando el derecho de las mujeres a ser consideradas dentro de las instituciones, reivindicando incluso la posibilidad del sacerdocio femenino”.

 

Brindar alternativas

En vez de fomentar la prevención de los abortos, por ejemplo apoyando una educación sexual integral o promoviendo el uso de anticonceptivos efectivos, desde Católicas por el Derecho a Decidir comentan que «muchas veces las religiones crean problemas de conciencia, imponen un estigma, naturalizan que si o si debe existir la culpa en la conciencia de las personas que abortan, sosteniendo la suposición de que la interrupción de un embarazo implica necesariamente estar en contra de la vida humana y  juzgándonos desde esa posición. Nos quieren imponer un modelo de mujer que solo es reconocido en sus posibilidades reproductivas  y heteronormativas».

La ecuación que plantean es simple y clara: “Creemos que ejerciendo el derecho a la maternidad elegida y deseada, se crean las mejores condiciones de salud, protección y bienestar para la persona gestante y el ser que está en gestación. La maternidad forzada deshumaniza y nos pone en riesgo en lo que se refiere a nuestro proyecto de vida”.

Sobre el mandato de maternidad obligada, Keka explicó que “para nosotras la vida no es solo el desarrollo de células que se van multiplicando. Implica también que se pueda gozar de una “calidad de vida” y la responsabilidad de acompañar esa “vida” desde un deseo subjetivo, desde la autonomía, de personalizarla y darle entidad. Las mujeres, las personas gestantes no somos envases, la vida en potencia necesita de nosotras, como sujetos bio/sico/sociales”.

“Los grupos conservadores, católicos y evangélicos, que se oponen a la interrupción voluntaria del embarazo con argumentos que presumen estar “a favor de la vida”, excluyen a las mujeres, las colocan en un lugar difuso, como si nuestra vida, nuestras decisiones, nuestros derechos, estuvieran inexorablemente subordinados a este mandato de la maternidad obligatoria más allá de toda circunstancia”, reafirmó para concluir.

 

Posiciones encontradas

 

Se denomina provida o antiaborto a la posición moral y política que afirma la defensa del «derecho humano a la vida» sean cuales sean las circunstancias.

Argumentan que la vida comienza en el momento de la fecundación, de modo que el cigoto, el embrión y el feto se consideran vidas humanas.

Por esta razón, se suelen oponer a prácticas como el aborto inducido con Misoprostol o «aborto medicamentoso», ignorando que es una política pública recomendada por la Organización Mundial de la Salud para países en los que sigue siendo una práctica penalizada y criminalizada.