Vestir a la moda y apoyar a los negocios locales

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La feria Margarita está en la esquina de Alem y Cura Alvarez.

La industria de la moda es una de las que más produce y vende a nivel mundial. Las ferias americanas son una alternativa cada vez más elegida ya que ofrecen indumentaria a precios accesibles, de diversos talles y diseños, y son amigables con el medio ambiente gracias a su dinámica de reutilización. Además, ofrecen ganancias para las usuarias de la modalidad.

 

Por Aldana Badano

 

¿Cuántas veces decidimos renovar nuestro guardarropas pero nos encontramos con prendas en perfecto estado que nos gustaría poder vender para recuperar algo de ese dinero?¿cuántas veces cambiamos de talla y nuestra ropa queda intacta sin haber sido usada?¿cuántas veces los regalos que nos hacen quedan sin ser estrenados porque no nos sentimos cómodxs usando ese estilo de atuendo?¿cuántas veces queremos comprarnos alguna prenda para una ocasión sabiendo que no volveremos a usarla?¿cuántas veces queremos estar a la moda sin gastar todo nuestro ingreso?

Los sectores están divididos por artículos, pero no hay percheros divididos para varón o mujer.

Justamente es ante estas preguntas que surge la modalidad de feria americana, ya que ofrece la posibilidad de vestirnos como nos gusta sin tener que gastar mucho dinero en eso y la posibilidad de hacer dinero con ropa que ya no utilizamos.

Margarita es una feria americana de la ciudad de Paraná, ubicada en calle Alem, a metros de Cura Álvarez, que desde hace tres años ofrece ropa, calzados y accesorios usados de buena calidad a precios accesibles.

Además, funciona como activadora de la economía local por recibir ropa de cualquier cliente y dividir las ganancias por lo que al comprar allí no solo se apoya a un negocio local, sino que también se le ofrece una oportunidad de ganancia a esa persona que llevó su ropa a vender.

La dinámica de funcionamiento consiste en que cada interesada lleve al local la ropa que desea vender, allí las dueñas seleccionan las prendas que creen factibles de vender y le ponen un precio. Una vez vendida esa prenda, la mitad de la ganancia va para la persona que llevó la ropa y la otra para las dueñas del local.

Una vez vendida la prenda, la mitad de la ganancia va para la persona que llevó la ropa y la otra para las dueñas del local.

Las creadoras de Margarita son Victoria Fucks de 30 años y Romina Monzón de 27, más conocidas como Las Margaritas. Y se consideran “parte del motor de una economía  local. De hecho hace tres años que venimos apostando a este proyecto”.

“Esta idea no es nuestra, obviamente ya existía, solo la tomamos y adaptamos a lo que nosotras como consumidoras queremos, como nos gusta que sea un local en el que vamos a comprar, desde la organización a la limpieza, la estética, la atención, la música y el ambiente que nos gusta, ninguna cualidad  más importante que otra, sino que creemos que todas hacen a la experiencia margaritera, porque ofrecemos  eso, o lo intentamos. Más allá de un producto en condiciones y económico, acercar una experiencia al consumidor, a la que muchas veces no estamos acostumbrados. A nadie educan para atención al público y es el primer eslabón súper importante en una cadena para un negocio  exitoso”, comentan las dueñas del emprendimiento paranaense.

“Margarita surgió pensando en un ingreso, en ofrecer una alternativa inteligente y en desmitificar la ideas de ferias americanas y de que hay prendas de varón o mujer. Los mitos con los que queremos ir rompiendo y creemos modestamente que fuimos lográndolo aunque seguimos en proceso.”

Esta joven pareja busca desmitificar “la idea de que los locales con prendas de segunda mano se ven de cierta manera o son para un público de un estrato social particular. No se trata del acceso o no, sino de la inteligencia en el consumo, tampoco priorizamos marcas, nos importa el estado de los artículos y mostrar que existen  artículos que tienen aún vida útil y pueden seguir circulando y también queremos romper los estereotipos que las personas tienen  de las prendas, éstas las habitan personas y su uso le construye una historia que se comparte, nada tiene que ver con el género que le atribuyan. De hecho no tenemos percheros divididos para  varón o mujer. Los sectores están armados por artículos (camisas juntas, abrigos juntos, etc), acá cada uno busca, elige, se prueba y compra lo que le gusta, lo que desea, lo que le es cómodo”.

Luego agregan: “No es sencillo porque todo está segmentado en cualquier lugar que vayas de este modo y entrar a un lugar así, para quien no es habitual del local, es difícil. Además, nosotras no asesoramos a menos que se solicite porque creemos que insistir en vender hasta que la persona no está cómoda es invasivo y chocante. Acá cada uno tiene la libertad de habitar Margarita como mejor desee, a lo mejor la primera vez solo miran, o llevan un regalo porque aún no se sienten cómodos con un espacio donde no hay límites para crear su experiencia de consumo. Pero vuelven, les aseguramos que termina siendo grata, y al rotar todos los días, toda la semana la ropa, vuelven, siempre  consiguen algo como le llaman los habitué, que pasan dos o tres veces por semana”.

Estas dos jóvenes que le ponen vida a Margarita concluyen diciendo agradecidas: “Tenemos los mejores clientes del condado, no nos cansamos de decirlo”.