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miércoles, octubre 28, 2020
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    Dos colonias para poblar y diversificar la producción

    Dos ciudades, como Villa Urquiza y San José, atesoran marcas de cuando desde Entre Ríos se soñó con otro país. Todavía hoy aquel proyecto nos interpela y nos pregunta por el cuidado de lo heredado y los programas con los que modelamos el futuro.

     

    En San José, se entrecruzan las identidades religiosas y ciudadanas.

     

    Mariana Melhem/[email protected]

    La Confederación fue un período clave como expresión de la aspiración federal de la Argentina del interior. En ese marco, en tanto nueva sede del gobierno, Entre Ríos fue objeto de múltiples inversiones. Por ejemplo, se debieron encarar obras sobre todo en Paraná como Capital Provisional y en Concepción del Uruguay como Capital Provincial. Pero también, al transformar en ciudades a pequeños pueblos, hubo que dotarlas de obras de arquitectura para la sede de la administración y obras de infraestructura básica.

    Paralelamente, se sancionaron ordenanzas para la ejecución de veredas, la instalación de mercados para la faena, el cumplimiento de los enterramientos en cementerios y no en las inmediaciones de las parroquias. Hay claras marcas de una comunidad que empieza a complejizarse pero sobre todo de una voluntad por lo que hoy llamaríamos planificación: es decir, que sea el Estado el que ejerza la rectoría en asuntos vinculados a lo público.

    Una de las más antiguas viviendas que quedan en pie en Colonia Nueva.

    En ese sentido, como era necesario organizar y promover la producción en el ámbito rural, diversificándola y considerando la salida a los puertos como estrategia para la comercialización, se ensayan dos propuestas de Colonias agrícola, localizadas una en cada costa, trayendo para su concreción a colonos europeos.

    Vale subrayar que en Entre Ríos el régimen de colonización tuvo un carácter protegido, diferente al caso norteamericano, que se basó en la inmigración espontánea y libre. Aquí, el colono contaba con un contrato de colonización, cuyo objeto era su permanencia definitiva y con un elemento movilizador: la actividad agropecuaria. Se trataba de un sistema mixto: oficial, o a través de un contratista o empresario colonizador. La acción de los agentes colonizadores es una mezcla de mecenazgo y afán de lucro.

    El Museo Regional Casa Aceñolaza, en Villa Urquiza, frente a una plaza en la que las herramientas de labriego no pueden faltar.

    Retribución
    Luego de la Batalla de Caseros, se pensó en la necesidad de colonizar los campos aptos para la agricultura. La idea era que se radiquen familias extranjeras, tal como lo habían hecho ya Paraguay y Estados Unidos de América.

    Parroquia Inmaculada, Villa Urquiza.

    El primer intento fue la Colonia Las Conchas creada en torno a un campo propiedad del Estado, localizado entre la desembocadura del arroyo Las Conchas y la salida del arroyo Chapetón, con una extensión de dos y media leguas frente al río y ocho leguas hacia el interior.

    El propósito de esta instalación era, por una parte, recompensar a los ex combatientes de Caseros otorgándole un lugar donde establecerse junto a sus familias para dedicarse a tareas agrícolas, y por otra ensayar la propuesta de establecer nuevas actividades productivas en territorio rural, que sean alternativas a las ganaderas las cuales tenían la desventaja de no demandar mucha mano de obra y que a su vez hacían uso extensivo del suelo prácticamente deshabitado.

    Molino Santa Isabel en la ruta hacia Villa Urquiza (Colonia Nueva).

    El grupo inicial establecido en 1853 estuvo a cargo del Teniente Coronel de Clemente, al que se le había otorgado el título de Jefe de la Colonia. Recibió por parte del Estado: una parcela, herramientas, animales para el trabajo y provisiones. Estaba integrado por casi 15 familias cuyas cabezas eran militares. Se dice que este ensayo, no tuvo buenos resultados en tanto que algunos colonos vendieron la tierra, quizás porque la medida de las parcelas era muy reducida.

    Cementerio criollo de Villa Urquiza.

    En cambio, existen registros que atestiguan la instalación de otras actividades productivas tales como fábrica de baldosas y yeso, por una parte, y por la otra se sabe que hacia 1855 se renovó el cargo de Jefe de la Colonia a manos del Coronel Doroteo Zalazar.
    En 1857 se solicitó la instalación de una escuela de primeras letras. Hacia 1858, en la misma estancia del Gobierno, se funda la Colonia Urquiza y dos años más tarde se denomina Villa Urquiza, encargándose al Ing. Juan Fossati el proyecto de subdivisión y delineado.

    Estos mojones en la historia permiten ver cómo se construyó el territorio de lo que hoy conocemos como Villa Urquiza, cuyo ejido abarca las parcelas de la colonia Las Conchas o Colonia Vieja, las de Colonia Nueva y parte de Colonia Crespo. De aquellos primeros momentos aún se mantiene el Cementerio Viejo, la Parroquia Inmaculada construida en la década de 1870 y el Almacén hoy transformado en Museo.

    Plano de la Colonia Villa Urquiza.

    San José como modelo

    Vivienda de Alejo Peyret, jefe de la colonia San José.

    En 1857 luego de la primera experiencia de Villa Urquiza y la exitosa concreción de la Primera Colonia Agrícola Organizada de Esperanza en la provincia de Santa Fe, Entre Ríos se anima a replicar el proyecto. Esta vez capitalizó a favor un acuerdo fallido para traer colonos suizos a la provincia de Corrientes.

    En efecto, la firma contratista Beck, Herzog y Cía. registraba diariamente a los interesados en emigrar, mientras Juan Lelong era el contacto con Argentina. Una situación inesperada movió a Carlos Beck a realizar gestiones ante Urquiza. El primer lugar elegido fue cerca de Ibicuy pero finalmente se optó por tierras al norte de Concepción del Uruguay.

    Galería de la casa de Alejo Peyret.

    El ingeniero y topógrafo francés Carlos Tomás Sourigues se encargó de delinear el trazado para la distribución de las tierras. Según el administrador, Alejo Peyret, las concesiones fueron delineadas y amojonadas siendo de seiscientas varas por cada costado. Fueron entregadas una a cada familia compuesta por cinco individuos adultos, junto a cuatro bueyes mansos, dos vacas lecheras con cría, dos caballos, cien pesos bolivianos para comprar semillas e instrumentos de arado. Además, se garantizó la manutención hasta la primera cosecha, pudiendo también cortar paja y madera en los terrenos inmediatos.

    Plano de la Colonia San José, con los nombres de quienes partieron del Viejo contingente. Fuente: Archivo de Sion (Suiza)

    Vinieron carretas y bueyes a trasportar las familias con sus muebles y bagajes sobre sus terrenos y estas improvisaron sus habitaciones en medio del campo y hasta en la calera, no muy confortables pero suficientes para resguardarlas contra la intemperie; al mismo tiempo se les entregaron animales de labor, bueyes y caballos.

    Algunas fotos nos informan sobre la vestimenta y los espacios que habitaron los colonos.

    En San José se destaca la construcción cultural en torno a un sistema de organización social solidaria, participativa y muy afecta a la construcción colectiva. La propuesta resultó tan exitosa que se transformó prácticamente en el modelo de colonización y subdivisión de la tierra de todo el departamento Colón, que vio nacer a la Villa Colón, Villa Elisa y Colonia Hughes, entre muchas otras.

    El Museo de la Inmigración guarda tesoros del pasado de San José.

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