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miércoles, octubre 28, 2020
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    Las redes sociales, escenario de una violencia que no cesa

    En diálogo con EL DIARIO, la licenciada en Comunicación Social y autoridad de aplicación del Protocolo contra las Violencias Sexistas de la UNER, Luciana Basso, reflexionó sobre el uso que hacen de las redes sociales los particulares y los medios de comunicación.

     

    REDACCIÓN EL DIARIO / [email protected]

     

    A los ciudadanos corrientes las redes sociales suelen presentárseles como algo dado, una mera vía de interacción, donde además de ponerse en contacto con otras personas se comparten imágenes, noticias, enlaces, y a menudo, opiniones personales. Muchas veces se ignora el carácter público de estas publicaciones y las personas se manejan como si sólo estuvieran intercambiando mensajes con sus contactos más cercanos.

    Desde unos años a esta parte, las redes sociales también vienen siendo un lugar material y simbólico donde muchas personas denuncian y visibilizan todo tipo de hechos aberrantes, como son la violencia de género y los abusos sexuales.

    En el mismo sentido las redes suelen ser la dimensión en que se produce la agresión. En este escenario, es meritorio el trabajo de distintos organismos e instituciones que han comenzado a problematizar el lugar de los ciudadanos y usuarios de estas plataformas.

    Numerosos y respetados especialistas e investigadores han puesto sobre el tapete interrogantes acerca de la responsabilidad de los usuarios ante la protección de derechos que han sido vulnerados. En esa línea, también señalan que es urgente preguntarse por los límites que debemos respetar al difundir ciertos tipos de hechos, situación que involucra a los productores, a los medios de circulación y a los consumidores o usuarios.

    Para conversar sobre estos asuntos, EL DIARIO entrevistó a Luciana Basso, licenciada en Comunicación Social y autoridad de aplicación del Protocolo contra las Violencias Sexistas de la UNER, uno de los espacios que ha considerado que vale la pena profundizar la reflexión sobre el uso de las redes sociales.

    Luciana Basso reflexionó sobre el uso que hacen de las redes sociales los particulares y los medios de comunicación.

    “Las personas que atraviesan situaciones de violencia basadas en el género tienden a culparse, a sentirse responsables, y es muy difícil que sin una apoyatura lleguen a una denuncia de carácter formal si no hay redes de sostén. Entonces, generalmente las redes sociales o los espacios más mediáticos terminan siendo espacios de visibilización”, indicó Basso, poniendo énfasis en que, como toda cuestión subjetiva, estas acciones no pueden calificarse como buenas o malas. “Sí es cierto que una denuncia, escrache o visibilización de estas problemáticas que no están hechas desde la formalidad, muchas veces no llegan a poder tener algún tipo de resolución. En algunas circunstancias, las personas solamente quieren eso, pero otras veces no”, precisó.

    –La pandemia profundizó el uso de las redes sociales, ¿Los problemas que emergieron son de este contexto o preexistían y no estaban del todo visibilizados en la etapa anterior a la pandemia?

    –Las redes pueden ser una herramienta monumental. Lo que sucede es que cada persona tiene diferentes criterios de uso, y hasta de “abuso” de las mismas. Es impensable que a estas alturas de nuestra vida social prescindamos de ellas, pero es importante preguntarnos más seguido acerca de ese “para qué”.

    En ocasiones las redes salvan, nos indican donde pedir ayuda, nos informan de posibilidades. Otra veces, las publicaciones que se viralizan pueden generar tremendos daños en la dignidad de las personas y la vida no vuelve nunca a ser como era… por eso digo que necesitamos repensar el lugar que les otorgamos y el uso que hacemos de ellas, teniendo en cuenta cada cosa que colocamos allí se dispara a límites insospechados incluso por la persona que hizo la publicación.

    En relación al contexto de pandemia, creo que nos ha servido para mirar de otro modo a las redes, y eso es bienvenido. Tenemos la oportunidad de reflexionar un poco más sobre estos temas, y discutirlos. El paso siguiente es que esas reflexiones se traduzcan en modo y acciones de interacción por estas vías que sean mucho más respetuosas, democráticas, justas.

    –Las redes sociales son plataformas de interacción; ¿existen sugerencias para utilizarlas de un modo conveniente para que se protejan los derechos de las mujeres y las disidencias?

    –Hay uno fundamental: el respeto por la dignidad de las personas. Es decir, si me llega un contenido que ofende, ridiculiza, discrimina, estereotipa de algún modo, tomar la decisión de  no reproducirlo.

    Cuando se difunden ese tipo de publicaciones, la dignidad de las personas queda gravemente dañada. No solamente los derechos de quien ha sido víctima de esa situación puntual, sino también de sus familiares, amigas y amigos, sus seres queridos. Entonces es mucho mayor el daño que estamos haciendo al repartir ese tipo de publicaciones, que cuando no lo hacemos. Allí hay una responsabilidad grande que tiene que ver con cómo difundimos, cómo hacemos conocer las diferentes cuestiones y qué tipo de implicancia tienen.

    Parece algo sencillo de entender; sin embargo, resulta difícil en la práctica porque nos habitan muchos prejuicios y matrices culturales que nos han enseñado lo contrario. Nos parapetamos en nuestros privilegios y no vemos que ahí está el gran salto cualitativo: poder interrogar lo que nos han venido diciendo y que se impone como un orden natural.

    Si bien hay poca legislación en lo referente a internet y a redes, somos éticamente responsables de lo que ponemos a circular y de lo que reproducimos.

    –Ante casos judicializados de violencia y abuso hacia las mujeres ¿Qué tratamiento se sugiere para las redes y para los medios?

    –A nadie escapa que los medios de comunicación son también empresas, y que persiguen un horizonte de “venta” de información que los posiciona. Entonces, puede pasar que, en ese afán por difundir primero o posicionarse en la pirámide de audiencia en un lugar más favorecido, atropellen derechos y comentan violencia simbólica o violencia mediática.

    Yo creo que, en eso, a quienes conformamos el público, nos cabe una responsabilidad. Tenemos que poder decirle a los medios de comunicación que no somos una masa que sólo consume, sino que estamos prestando atención a   lo que se dice, a cómo lo dicen, y a cómo nos informan. Creo que hay que hacer una fuerte interpelación a la ética periodística por encima de la ética comercial.

    La Defensoría del Público es una herramienta, pero también lo es la incorporación de compañeras periodistas formadas en perspectiva de género como Editoras, como Jefas de Redacción, como Directoras de secciones o de programación, y por supuesto en la dirección general de los medios.

    La información es un derecho humano, y hay que cuidarla.

    – ¿A qué se hace referencia cuando se habla de revictimización?

    –Hablamos de revictimización cuando difundimos detalles de los casos, imágenes, cuando se replican situaciones que tienen que ver con este tipo de hechos, porque atañen a la dignidad de las personas. Cada vez que nos llegue algo que tenga que ver con una situación así, es necesario que podamos pensar que siempre el piso y el techo de las intervenciones tiene que ser el respeto por los derechos humanos.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

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