El dilema de volver a clases en tiempos de pandemia

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Las clases, en las condiciones que la cuarentena lo permite, han continuado a través de distintos medios.

La primera aproximación que tuve con el mundo docente por fuera del ámbito del aula y la escuela fue por la mamá de una novia, que era docente. La veía trabajar, a ella, la maestra, sábados y domingos. También era celadora en una escuela nocturna. En mi mente adolescente no cabía aquella situación. Mi padre trabajaba todos los días, pero al menos tenía libres los domingos a partir del mediodía. Aquella docente preparaba clases, corregía exámenes, hacía boletines de calificaciones y llenaba planillas. Esto ocurrió a principios de los años ’80.

Opinión / Néstor Belini

 

En tiempos de pandemia y aislamiento social, preventivo y obligatorio, el rol de los docentes volvió a cobrar singular importancia.

Sin embargo, aquellas circunstancias excepcionales no han logrado conmover los lugares comunes desde los que se aborda la labor docente.

Denostados cada comienzo de ciclo lectivo por legítimos planteos salariales, estigmatizados y puestos en cuestión sus saberes y competencias en tiempos “normales”, “los docentes” enfrentan hoy una nueva encrucijada: volver a las aulas en medio de una pandemia para la cual aún no existen soluciones concretas, como una vacuna por ejemplo. Sólo el aislamiento ha dado muestras de efectividad para prevenir la propagación del Covid-19.

Temerario

Con escuelas con problemas estructurales, que no son responsabilidad de los docentes, con maestros y maestras que en tiempos de “normalidad” adquieren elementos de limpieza e higiene de sus flacos bolsillos, proponer el regreso a clases es temerario.

Las erráticas decisiones de las autoridades sólo alimentan la confusión. Se publican a diario los crecientes números de contagiados y muertos, se regresa a fases restrictivas, se apela a la conciencia individual para evitar la propagación del virus, pero concomitantemente se impulsa la posibilidad de regresar a las escuelas.

El abordaje periodístico hegemónico intenta ubicarlos en el lugar de los que se oponen, se niegan a regresar a clases. Las entrevistas a docentes y dirigentes del sector respecto del “regreso” son incisivas, agresivas, sin concesiones. Incluso en algunas los entrevistadores no escuchaban las respuestas de los entrevistados y seguían insistiendo en arrancarles una opinión “personal”, sobre si se vuelve o no a las clases, dejando instalado que se negaban a responder. Y como se sabe, “el que calla, otorga”.

Abordajes

Las entrevistas transitaron por todos los lugares comunes que se han construido durante años en torno a la docencia y el rol de los sindicatos. Una especie de bipolaridad se apodera de los abordajes.

Se recurre a la importancia de la presencia en el aula, al contacto entre alumnos y entre estos y sus docentes, al espacio físico escuela, pero aquellas mismas circunstancias no son importantes y no son parte de las respuestas de las autoridades cuando de reclamar condiciones de infraestructura edilicia, entre otras, se trata.

Respecto de los sindicatos, cada una de las cuentas del rosario que los estigmatiza y denuesta fue prolijamente destacada en cada entrevista.

Se trata de colocarlos en el lugar de los que “no quieren trabajar”, de los que ponen palos en la rueda perjudicando a los alumnos. Vale recordar que un sindicato vela y lucha por los derechos de sus afiliados, incluso de los que no lo están. No conozco un sindicato que haga de la asamblea una conducta irrenunciable como el de los docentes.

En este sentido, si el colectivo decide que no están dadas las condiciones para regresar a las escuelas, es una decisión ampliamente debatida y votada, que las autoridades deben considerar.

No se trata de un paro. Se trata de una pandemia que modificó las condiciones de existencia y de la que aún no se sabe las consecuencias que deparará.

Conectividad

Es conocido, salvo para quienes lo quieren negar o relativizar, que los docentes han trabajado durante la pandemia.

Las clases, en las condiciones que aquella permite, continuaron mediante distintos medios. En este sentido la conectividad a Internet es indispensable, como así también que los alumnos tengan sus respectivas computadoras.

Hay que destacar que el pago de la conexión a la red de redes corre “por cuenta” de los docentes. La brecha digital ha operado en contra de los alumnos que no cuentan con aquellas herramientas.

Esto es responsabilidad del Estado, de las autoridades que en cada momento histórico tienen a su cargo la responsabilidad de conducirlo.

He escuchado a defensores de los sistemas de gobierno neoliberales escandalizarse porque muchos alumnos han dejado de estar escolarizados.

Por hipocresía o analfabetismo político, se escandalizan de las consecuencias que generan los modelos que votan.

Un debate que podría aportar a transitar el camino hacia una educación que genere hombres y mujeres capaces de pensar por sí mismos es el que debe poner en cuestión los contenidos que hoy “reciben” nuestros hijos e hijas.

¿Seguiremos aceptando que se los “eduque” para ser mano de obra barata, con los conocimientos mínimos indispensables para ocupar los pocos puestos de trabajo disponibles?

La pandemia puede ser una oportunidad para comenzar a debatir una temática que hasta ahora ha sido ocluida de la agenda educativa.