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miércoles, octubre 28, 2020
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    Los rincones queridos del recordado Pocho Vírgala

    Abogado, militante político, dirigente deportivo y vecinal pero sobre todo recordado actor social y cordial ciudadano, Carlos “Pocho” Vírgala vivió tres cuartos de siglo en la ciudad en la que nació en 1925. Aquí, con su relato, regresamos a una Paraná que se ha evaporado en los pliegos del tiempo pero que no por eso merecemos olvidar. El jueves pasado Pocho hubiera cumplido 95 años.

     

    La que fuera la casa de Vírgala (25 de Junio 372) se desguazó en dos viviendas, pero alguna parte de su frente recuerda lo que supo ser. Foto: Gustavo Cabral.

    Griselda De Paoli / [email protected]

    Muchos paranaenses recordarán a Carlos Vírgala, conversador cordial, cálido, de relatos infinitos, sabía contar. En el año 1995, movida por la intención de contribuir a rescatar la historia viva en la memoria de protagonistas y testigos del devenir paranaense, tuve la oportunidad de hacerle una entrevista y le pedí que relatara la imagen que su memoria guardaba de su barrio, su dinámica, sus personajes.

    Sin vueltas inició su relato llevándonos con él a su calle, 25 de junio entre Tucumán y Córdoba recorriendo primero el interior de su casa, que él mismo describió como “prototipo” de época. Lo que sigue es parte de ese testimonio.

    “Yo nací en la calle 25 de Junio, entre Tucumán y Córdoba. Ese era mi barrio, digo que nací en ese barrio porque por esos tiempos, los nacimientos se producían en las casas, no como hoy día. Recuerdo -y es un decir- el nombre de la partera, doña Trinidad Rancillac; una calle de Paraná lleva su nombre”.

    “A mí me parece interesante describir mi casa, la casa donde yo nací, porque es el tipo, el prototipo de las casas que construía y ocupaba la clase media paranaense”.

    El recordado Carlos Vírgala.

    La casa
    “Esta casa comenzaba con una puerta de calle -amplia, grande, siempre abierta- que accedía a un zaguán. El zaguán conducía a un lugar de estar, lo que hoy se llama living, pero que tenía entonces otro nombre, era el vestíbulo. Accediendo hacia la derecha, ni bien se entraba por la puerta de calle, se introducía uno a un escritorio donde trabaja mi padre, y luego, hacia la derecha había una gran sala que usaban las señoras para recibir la visita.

    Había días de visitas en esa época y las señoras recibían a las suyas tal día. Mas atrás, después del vestíbulo estaba el primer patio; a la derecha, el dormitorio mayor, el de mis padres”.

    “Había un baño para la familia y -¡qué vergüenza me da recordarlo!- un baño pequeño que era el de servicio: realmente era una discriminación bastante odiosa”.
    “La cocina era de hierro, con una gran plancha. Entonces, se abría la cocina y se la prendía. Funcionaba a leña -de ñandubay, fundamentalmente- y se mantenía prendida durante todo el día. Arriba había un gran tanque al que subía el calor por un caño, entonces ese tanque tenía agua caliente durante todo el día. Se conectaba con el baño llevando agua caliente. Esa gran plancha estaba siempre caliente y se ponía la pava allí para que se calentara, de modo que en grandes pavas se tenía agua caliente todo el día. Por supuesto en la sala había un piano, era casi una obligación que las niñas de la casa tocaran el piano o cualquier otro instrumento, pero básicamente el piano. Mi hermana mayor había estudiado en un conservatorio, el de un señor que se llamaba José María Cresta y su esposa, doña Rosario Osinalde, y estaba en lo que hoy es la peatonal, frente a la librería La Cultura. Durante muchos años, esa pareja enseñó piano en Paraná».

    Todavía resuena un piano mudo por la cuadra donde vivió Vírgala.

    Recuerdos
    La memoria se compone de experiencias personales de vida, y socialmente es una construcción particular de todos los individuos que permite dar sentido a la propia vida y ponerla en relación con el entorno, así como Carlos nos introdujo en su casa, nos llevó a caminar por sus cuadras más queridas.

    “Les quiero contar de algunos negocios del barrio que yo puedo recordar. Quiero decirles antes lo que comprendía el lugar: hacia el centro, la calle Santa Fe y, hacia el lado del Cementerio, hasta la calle Santiago del Estero. Después de Santiago del Estero venía lo que llamaban el barrio de La Bolsa. Lo llamaban así porque decían que andaba uno siempre con una bolsa; otros dicen que era porque andaba la gente pidiendo con una bolsa. En realidad, lo llamaban así porque en la esquina de 25 de junio y Sarmiento, había un negocio pignoraticio que se llamaba La pequeña Bolsa”.

    “Hay dos almacenes que recuerdo: en calle 25 de Junio esquina Córdoba, el almacén de don Juan Planas, un catalán muy dicharachero que le gustaba jaranear y tomarle el pelo a la gente. En la otra esquina estaba el almacenero Sanguinetti, un hombre de bigote para abajo. Recuerdo un mostrador grande, y en la puerta del mismo había un tablero de ajedrez y con él nos enseñaba a jugar a los chicos del barrio; fíjense cómo el tiempo entonces daba para estas cosas. Y don Sanguinetti nunca imaginó que allí aprendieron a jugar grandes ajedrecistas de Paraná, como el doctor Rivas, que era un médico psiquiatra, por ejemplo, o como Bertellotti, arquitecto, también destacado”.

    “En la esquina de mi casa había un conservatorio, el de las señoritas Palermo, allí enseñaban todas las artes habidas y por haber dentro de sus limitaciones. Una de ellas -que luego se casó- doña Aída Palermo de Abasto, me ha contado que con su padre le ponían música a las películas mudas, sin partitura, con la música que le parecía a su padre. ‘Y yo tocaba el piano’, decía la señorita Palermo”.

    En Moreno y Güemes, una plazoleta despierta una sonrisa a quienes conocieron a “Pocho” Vírgala. Foto: Gustavo Cabral.

    Testimoniantes
    La anécdota en pocas frases puede informar sobre la visión del mundo que tiene el narrador. El acceder al relato modifica la actitud pasiva frente a la historia de la propia experiencia hacia una activa, como testimoniantes, actores sociales con capacidad de condensar aspectos de la memoria colectiva, en este caso, de un barrio, haciendo posible que otros se reconozcan en la historia común. He aquí el valor este relato.

    “En ocasiones mi madre me mandaba a comprar empanadas. ¿A dónde me mandaba? a calle Santiago del Estero, a ‘doña Pepa Carta’. Yo me puse a investigar el tema de la Pepa Carta porque percibí que había gente de muy diversas edades que decían que habían comido empanadas de Pepa Carta. Resulta que, en el año 1914, por ahí, por las primeras elecciones, estaba doña Pepa Carta primera que empezó a fabricar empanadas. Esa Pepa Carta murió, claro, y su hija siguió fabricando empanadas, es decir, Pepa Carta Segunda. Pero esta también murió y la nieta de aquella primitiva Pepa Carta siguió fabricando empanadas también, bajo un nombre comercial. Son tres generaciones en el alma de una empanada”.

    “Les quiero contar que ese era un barrio muy familiar, de amistad, se conocían todos allí y frecuentaban lo que yo llamaba cultura de visillo. Por ahí había una señora que estaba muy atenta a todo. Mi padre, todos los días hacía el trayecto de ida y vuelta, conmigo, a su negocio y un día se enfermó y pasaron tres días sin que mi padre pasara por allí, entonces, rápidamente, la Felicitas fue a hablar con mi madre y le dijo: ‘María: ¿Qué pasa que hace tres días que Manuel no pasa por allá? ¡Y eso que cuando yo me voy a cocinar se queda María del Rosario!’”.

    Carlos Vírgala falleció en 2001. Pidió ser cremado y sus cenizas fueron esparcidas en la Plazoleta a la que se impuso su nombre, en Salta y Moreno, y en el Parquecito Marcelino Román.

    Algunos frentes recuerdan aún la cuadra donde creció «Pocho» Vírgala.

    Al margen 
    Siempre es oportuno reflexionar sobre la ciudad. El desafío en este caso ha sido enriquecer una acción conjunta llevada adelante entre EL DIARIO y la Facultad de Humanidades, Artes y Ciencias Sociales de la Uader. De esta experiencia participan docentes, alumnos e invitados, con la idea de poner en valor los bienes comunes y también repasar los asuntos pendientes. Para comentarios y contribuciones, comunicarse a [email protected], [email protected] y/o [email protected]

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