Sólo una callecita recuerda a una bravísima Dragona

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En los bordes de Gualeguaychú, una calle proletaria le rinde homenaje a la Dragona.

En el combate de Paso de Belén, el 29 de septiembre de 1814 sobresalió por su denuedo y valentía la mujer entrerriana Juana Montenegro, que se batió junto a su esposo, soldado del Escuadrón de Dragones de Gualeguaychú que comandaba el Capitán Gregorio Samaniego. Por ese motivo, el director Supremo Gervasio Antonio de Posadas le concedió el grado de Dragón. Hoy, una modesta calle le rinde honores.

 

Rubén I. Bourlot / [email protected]

 

Las mujeres en la historia de Entre Ríos aun no tienen la visibilidad que se merecen, en parte por los mismos motivos que se da en distintos ámbitos.

Es el caso de Juana Montenegro, la Dragona, que fue parte de los entreveros cuando los porteños pretendían meter una cuña en estas tierras cobijadas bajo el protectorado artiguista.

Para poner la situación en contexto, estamos hablando de 1814 cuando el Directorio creó la provincia y mandó gobernadores intendentes, que fueron rechazados por los entrerrianos. Entonces, la Dragona encontró una fama fugaz combatiendo del lado de los porteños pero sobre todo demostrando de lo que era capaz a los demás soldados del escuadrón.

 

El Paso de Belén

El 29 de septiembre de 1814, en el Paso de Belén, situado sobre el río Uruguay, en las cercanías de Mandisoví, se produjo el enfrentamiento entre el caudillo artiguista José María Chirico o Chiribao y las fuerzas directoriales que respondían al gobernador intendente Blas José Pico.

Una jugosa crónica del historiador correntino Manuel F. Mantilla (tomada de su libro Narraciones, de 1888) relata los pormenores del combate.

“Al rayar el día de una mañana, triste y lluviosa del mes de setiembre de 1814, hallóse campado a inmediaciones del Paso de Belén el Coronel José María Lorenzo con ciento veinte dragones, una pieza de a cuatro y treinta milicianos de Gualeguaychú a las órdenes del Comandante Samaniego”.

Según la crónica “los artiguistas ocupaban el pueblo de Mandisoví al mando de José Miguel Chiribao haciendo de aquel punto el centro de sus operaciones (…)”.

“El gobernador intendente de Entre Ríos, teniente coronel Blas José Pico, marchó sobre ellos con toda la división de su comando, y tras una jornada forzada ocupó el pueblo el 28 de setiembre de 1814”, señala Mantilla.

Rehén del prejuicio habitual de quienes escribían la historia con la mirada puesta en un ideal de “civilización” el historiador correntino dice que “los perturbadores del orden”, habían abandonado el pueblo “llevándose a todos los habitantes, como las tropas de Artigas sabían hacerlo, a punta de lanza y a filo de sable” y que “infestaban con cuadrillas y partidas de bandoleros parte del territorio fronterizo a Corrientes, interceptando las comunicaciones de ambas provincias”.

Ataque sorpresa

El caso es que el efímero gobernador de Entre Ríos marchaba a ciegas entre la espesura del monte entrerriano pero tuvo la suerte de capturar un espía y por él supo que “los anarquistas (…)  se encontraban en el Paso de Belén. Inmediatamente dispuso que el segundo jefe de la división, teniente coronel José María Lorenzo, fuera a batirlos con ciento veinte dragones, una pieza de a cuatro y treinta milicianos de Gualeguaychú encabezados por el comandante Gregorio Samaniego”.

En la caracterización de Mantilla se advierte la perspectiva de la que enuncia. Indica, por caso, que, en la partida, acompañando a su esposo, iba “Juana Montenegro, una de esas mujeres que no abandonan a su prenda querida en las mayores rudezas de la vida, verdaderas heroínas del amor y ángeles de consuelo y de caridad a la vez en medio del fragor de los combates para cuantos caen derribados por el plomo. No compartía de las fatigas de su esposo en clase de soldado, como no lo hacían ni lo hacen sus iguales; era simplemente su ayuda para descargarle de todas las atenciones propias de su sexo. Pero, de varonil carácter, hacía siempre ostentación de un sable ceñido sobre la pollera, que nunca había desnudado pero que guardaba para los casos inesperados y extremos”.

“Al verla seguir la expedición – continúa Mantilla-, cuando sus compañeras quedaban en el pueblo, los soldados, siempre traviesos y pifiones (sic), le hacían farsas y burlas. Ella no se ofendía: era corrida en jaranas soldadescas:

— ¿A qué viene? ¡Qué feo va a disparar! La víctima será el marido, que por defenderla se hará matar.

“Tales y parecidos flechazos recibía y contestaba, diciendo de vez en cuando: — ¿A qué vengo? Ya verán. Ya verán a lo que vengo.

Para colmo de los invasores, llovió a torrentes toda la noche. Recién con las primeras luces del día pudieron tener noticias del enemigo. Samaniego se les adelantó y “para llamar la atención de ellos y conocer su paradero hizo disparar unos tiros al penetrar en el bosque”.

A sable partido

“Los artiguistas, que estaban próximos, en número de más de doscientos armados de lanza, sable y fusil, cayeron sobre él y detrás de él salieron de su guarida, trabándose el combate en terreno limpio con todas las fuerzas de Lorenzo. Minutos después de producido el choque, cayó un fuerte aguacero que imposibilitó el uso de las armas de fuego, quedando en virtud de ello con superioridad los anarquistas, por su número”.

—“¡Carabina a la espalda, sable en mano y a la carga!”, fue entonces la voz de mando que dio Lorenzo a su tropa, y se lanzó con ímpetu sobre el enemigo.

“Juana Montenegro desnudó también su sable, y, colocada al lado de su esposo, se entreveró en la pelea, ágil, entusiasta y valiente como el dragón más renombrado del regimiento. Deshechos y derrotados los artiguistas, ella siguió encarnizada la persecución a través del monte, donde quedaron girones de su pollera, volviendo al campo de la acción de los últimos, con un fusil arrancado personalmente a un enemigo y que entregó orgullosa a Lorenzo como trofeo de su valor”.

–Para esto vine, dijo enseguida con orgullosa altanería a los soldados, que la aplaudían y vivaban.

 

El reconocimiento

La actuación de la brava dragona no quedó en el anonimato porque su jefe, el coronel Lorenzo, le transmitió al intruso gobernador sus hazañas “al lado de su marido, (que) atacó sable en mano peleando como un soldado y después de la acción presentó el fusil tomado al adversario”, y éste se dirige al Supremo Director del Estado, Gervasio Antonio de Posadas, para dar “cuenta de la acción ganada a los de Artigas en el Paso de Belén por las tropas a su cargo, al mando del teniente coronel D. José María Lorenzo y la bizarría con que la mujer del Dragón, Juana Montenegro avanzó sable en mano como los soldados”.

Como corolario Posadas suscribió un decreto concediendo premios a los que intervinieron en el combate y que “Juana Montenegro pase revista en el expresado regimiento desde el día del ataque, y se le abone por toda su vida el haber de Dragón”.

Fuentes consultadas

Mantilla, Manuel F., (1888), Narraciones, Buenos Aires, Imprenta Europea.

Reusmann de Battolla, Elvira, (1910), en Páginas inmortales: el libro de oro de la mujer americana: episodios, anécdotas, acciones históricas, citado por P. Grenón S. J. compilador, (1931), Documentos históricos, T. 21, Secc. Patriótica N° 4, Patriotas cordobesas, Córdoba, Archivo de Gobierno.

Archivo Artigas, Tomo XVII, (1980), Campaña contra el gobierno de Buenos Aires, 1814 –1815.

Gazeta Ministerial del Gobierno de Buenos-Ayres, (26 de octubre de 1814), núm. 127, pág. 671, en Biblioteca de Mayo, (1963), Tomo XIV

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