Dos Florines

Una profunda grieta que emerge tras bambalinas

El Consejo Empresario de Entre Ríos atraviesa por momentos internos complejos a partir de la decisión de otorgar la presidencia al joven dirigente de la Sociedad Rural Argentina y titular del Ente Nacional de Comunicaciones (Enacon).
Agrandar imagen Marsó, Zapata, Popelka y Etchevehere.
Marsó, Zapata, Popelka y Etchevehere.
En el Consejo Empresario de Entre Ríos (CEER) se ha abierto una brecha cuya definición no aparece por ahora en el horizonte inmediato. La decisión de elegir a Juan Diego Etchevehere como presidente de la institución ha dejado como secuela una saga de contrariados, ofendidos, disgustados, cuando no desencantados, al seno de la más importante entidad que nuclea a empresarios de la provincia.
Sucede que la presidente saliente, Patricia Popelka, se encontró ante la necesidad de proponer un sucesor a su cargo al fin de su gestión, y la realidad le espetó en la cara sus propias barreras. La advertencia de algunos empresarios acerca de la crisis dirigencial que sufren en sus entidades, en los estadios del Estado y la sociedad civil, se materializó de forma cruda ante su demanda que sonó sorda mientras caía en un laberinto sin retorno. El minotauro acecha.
Este reticulado de fuerzas no concurrentes se conforma de empresarios que no quieren asumir responsabilidades, muchos que están ocupados a tiempo completo con sus empresas –algunas con problemas serios–, existen los que dedican su tiempo libre a otros menesteres como la docencia, participar en otras instituciones, y están los que se culpan por haber ya quitado demasiado tiempo a su familia y prefieren orientar en ese sentido el lapso vacante.
Como fuere, Popelka –en rigor la entidad misma– se encontró ante la imposibilidad de proponer un nombre de consenso, que se impusiera por su propio peso específico, y fueron pasando los días y ella arrojó al debate interno el nombre de Juan Diego Etchevehere, un joven empresario que forma parte del grupo de empresas familiares que incluye unidades productivas agropecuarias en la provincia y el paquete minoritario de SAER, la empresa que edita El Diario, de Paraná.
Por ese lugar pasaron Silvia D’Agostino, Atilio Benedetti –en breve lapso–, Gabriel Bourdin, y en último término y por dos veces, Patricia Popelka.
Todo indica que, ante el intríngulis, no se encontró entre los principales empresarios alguien que tomara la posta. Noelia Zapata (La Agrícola Regional), a la sazón vicepresidente, no podía asumir la responsabilidad por sus compromisos en la cooperativa, y Raúl Marsó (Las Camelias) pidió postergar el nombramiento para un futuro período por motivos personales.
La entidad cuenta con importantes hombres y mujeres que hubiesen podido ponerle el pecho a la emergencia. Prefirieron acompañar desde otro lugar haciéndole una gambeta al sillón presidencial.
Ante este escenario, a sabiendas de las condiciones del contexto, Patricia Popelka decidió proponer al menor de los hijos de Zahorí Etchevehere.
La decisión cayó como un baldazo entre los empresarios con más peso que, con mayor o menor vehemencia, expresaron de viva voz su malestar.
El gesto institucional mereció, al menos, extrañeza en muchos sectores de la provincia, y todo indica que la presidente tuvo que incendiar la casa para prender un cigarrillo.

Críticas.
Juan Diego Etchevehere no tiene mucho en su acervo empresario para exhibir, y allí reside uno de los motivos de la fuerte resistencia interna que genera su figura.
Sí puede mostrar su accionar en la Fundación Pensar, una especie de think thank del PRO provincial que desde un inicio impulsó la candidatura de Mauricio Macri en Entre Ríos.
Las empresas agropecuarias que integra la familia han sufrido denuncias serias sobre maltratos a sus empleados, y al origen de la crisis actual de El Diario –más allá de los avatares de los últimos años y los problemas de la industria a nivel mundial– debe rastreársela en la falta de previsión y capacidad del management en las últimas décadas para anticiparse a los cambios y decidir un esquema sustentable, como sucedió con muchos medios gráficos de capitales de provincia en el país que pudieron reconvertirse y, a pesar de las dificultades, se mantienen medianamente erectos.
También le reprochan dirigentes de diarios entrerrianos, puertas adentro, su paso al frente de ADDE (Asociación de Diarios de Entre Ríos), entidad provincial que ha caído en su ocaso.
Por otra parte, desde el sector agropecuario y sus principales entidades cuestionan de la familia una sistemática propensión a buscar en el Estado el auxilio con fondos que se pudieran destinar a productores con real necesidad.
La decisión del Consejo Empresario despertó que algunos periodistas, recordaran, además, las causas penales que inició su hermana Dolores por estafa, y algunas cuestiones de índole personal. Eso no cae muy bien al interior del CEER, cuyos socios son siempre afectos al perfil bajo y prefieren no ser insumo de los medios por sus relaciones personales o institucionales, y para muchos esto es “inaceptable”.
En rigor, las empresas del grupo lejos están del concepto de responsabilidad social empresaria que tanto se pregona desde la entidad desde hace más de una década.
Pero, además, no convence que el presidente del CEER sea, simultáneamente, el titular del Enacom (Ente Nacional de Comunicaciones), ex Afsca, lo que lo convierte en un encumbrado funcionario del Gobierno nacional, sin perjuicio que es uno de los referentes de la Sociedad Rural Argentina en Entre Ríos. Toda una definición, sin juicio de valor.
Su nombre está indisolublemente asociado a un marco ideológico y político de la Argentina de las últimas décadas, y que hoy adquiere una relevancia especial. Independientemente de las inclinaciones políticas y el voto eleccionario de gran parte de los miembros del CEER, es generalizado el sentimiento que la institución ha dado un paso institucional en falso.
En su ADN está la huella de no involucrarse en la política –a pesar de la historia personal de muchos de ellos– y prefieren establecer relaciones equidistantes y ponderar el posicionamiento crítico sobre la economía y las políticas públicas.
El dato no es menor. Durante muchos años el Consejo Empresario de Entre Ríos se quejó de la falta de consideración de los gobernadores de Entre Ríos para escuchar sus propuestas e invitarlo a la mesa de decisiones.
Días atrás se escucharon públicas palabras de elogio hacia Gustavo Bordet por el trato dispensado en una reunión de casi tres horas entre el gobernador y los empresarios, donde abordaron temas vinculados a la infraestructura provincial, el gasto público y el diseño de acciones en conjunto. Algunos empresarios han considerado el hecho como “sin precedentes”.
El mensaje político que se envía hacia el poder público provincial con el nombramiento, al designar a un hombre tan identificado con el PRO, todavía no ha sido decodificado, al menos públicamente, pero puede generar algún ruido a futuro. Esto, sin embargo, es sólo fruto de especulaciones del cronista, pero que también se tejieron entre los hombres de negocios que integran el nucleamiento.

Espacios.
Nobleza obliga, vale destacar que las autoridades del CEER ponderan el compromiso que Etchevehere ha tenido con la entidad, desde su ingreso hace unos cinco años en representación de Las Margaritas SA.
Se le reconoce su participación en las actividades que se organizan, en las reuniones y en la programación de los foros anuales que la entidad organiza todos los años.
Dicen que se ha ganado su espacio a fuerza de participación, valor que, precisamente, ha menguado en los últimos años entre los empresarios.
Este ha sido uno de los motivos centrales por los que se lo ha propuesto para tan sensible cargo; y si bien su nombramiento ha generado escozor, no es menos cierto que de la asamblea –donde su nombre se impuso participaron unos 25 empresarios– ninguna boca se abrió para objetarlo o impugnarlo. No dijeron ni “mu”, sobre el hermano menor del presidente de la Sociedad Rural Argentina.
De este modo, el anuncio oficial cayó el jueves de la anterior semana durante la conferencia del economista Matías Tombolini, que Etchevehere se encargó de presentar como flamante presidente de la prestigiosa institución. Este viernes participó de la cena de los 25 años de la Bolsa de Comercio de Entre Ríos exhibiendo su nuevo rol.
Juan Diego Etchevehere deberá ahora demostrar que está preparado para tan encumbrado cargo, y tendrá que lidiar con una grieta abierta al interior que no será fácil de superar ante tan poderosos empresarios que no aceptan su asunción, según algunos lo expresaron off the record.
De esto dependerá gran parte del éxito de su paso al frente del CEER durante los próximos dos años.
Tiene por delante la necesidad de recuperar el impulso vital de la entidad como generadora de contenidos desde su Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales sobre la realidad provincial y apelar a la prudencia necesaria para los posicionamientos clave que la entidad debe procurar en un contexto económico difícil. Los puentes levantados son aún endebles, y no hay margen para errores.
La lupa estará puesta sobre sus pasos con especial énfasis, y él lo sabe.
Ha ocupado con inteligencia el lugar que otros han desechado, y cuenta con la ventaja de que sus pares tampoco podrán apostar al debilitamiento de su propia entidad. Personalmente se encuentra ante una oportunidad irrepetible, y de cómo surfee políticamente los desafíos de la entidad dependerá su gestión, rogando que no aparezca un cisne negro desde lo político o lo judicial que salpique a la institución.
Etchevehere sale a pelear una patriada personal con un ejército diezmado, ya que muchos generales no se aceptarán sus órdenes y balconearán los hechos un buen tiempo hasta comprobar la naturaleza de sus estrategias, y allí actuarán en consecuencia.
El resto lo definirá el tiempo, que no juega a su favor, y tendrá que convivir con impulsores y detractores. Quedará por delante ir tamizando a los heridos y las acciones definirán a quiénes se deberá cargar la factura de la decisión: el grupo que lo impulsó o el numeroso florilegio de socios que consideró que la decisión fue extemporánea.
Para el Consejo Empresario, “la suerte está echada”. La frase se le atribuye a Julio César, quien según la historia fue dicha luego de atravesar el río Rubicón, acto negado hasta ese momento porque significaba un límite geográfico que no estaba permitido cruzar.




Gustavo Sánchez Romero
sanchezromero@arnet.com.ar

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Consejo Empresario de Entre Ríos
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