Dos Florines

Masculinidad y la experiencia como valor agregado

La propuesta de la Barbería Leiva aprovecha un espacio que estaba vacante para demostrar que siempre se puede innovar en negocios y buscar nuevas maneras de hacer las cosas.
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Quizá haya tantas maneras de encarar un emprendimiento como emprendedores existan. Cada uno hace su camino singular, encuentra su fórmula del éxito (o intenta hacerlo). Pero otro concepto muy machacado en el mundo del emprendedorismo es el de la “innovación”, todos buscan ese factor que les permita “cambiar el mundo”, reescribir la manera de hacer las cosas aunque, también es sabido, la forma más práctica de innovar es tomar algo de toda la vida y hacerlo diferente, mejor, más atractivo.

Ahora bien, ¿hay algo más “de toda la vida” que la peluquería masculina? Difícilmente. No obstante Mauro Leiva se animó a darle un giro al asunto y, como él mismo reconoce, asumió el riesgo de empezar un negocio en Paraná dirigido a un mercado que por entonces era inexplorado, aunque con un importante público latente.

Un curso de barbería le permitió encontrar su verdadera vocación y desde entonces decidió especializarse en ese oficio. Peluquero de profesión, Leiva define a la barbería como un trabajo casi artesanal, en donde la experiencia que viven sus clientes ocupa un lugar muy relevante.

DOS FLORINES entrevistó al propietario y aportante del nombre de la Barbería Leiva, para aproximarse a una manera diferente de encarar un negocio que si bien, lógicamente no fue el “inventor” de este modelo, se animó a implementarlo en la ciudad, importando elementos de experiencias foráneas y adaptándolos a la cultura paranaense.
Click
– ¿Cómo arrancaste?
– Empecé a estudiar peluquería porque barbería, en Argentina, hay muy poquita gente. Existe una oferta muy escasa de maestros que te enseñen del rubro, quizás se puedan contar con los dedos de una mano.
Empecé con esto porque me gustaba trabajar más con hombres que con mujeres. Yo tenía mi peluquería unisex ya instalada con una socia, eso fue hace unos tres años.
Por aquella época ya se estaba empezando a ver el rubro de la barbería en gente que venía de afuera con una base previa. Entonces asistí al primer curso de barbería de la Argentina, que se dictó en Rafaela, provincia de Santa Fe, fue una formación muy específica y los asistentes éramos menos de 10 personas de todo el país.
A partir de ese curso me hizo un click y me cautivó el ambiente de la barbería, que se diferencia mucho de lo que es la peluquería en sí, no sólo de la peluquería unisex sino también de la masculina. Esto es algo mucho más detallista, artesanal y el ambiente es muy diferente.
Entonces directamente pensé en dedicarme solamente a esto. Hace dos años no había nada en Paraná, y exceptuando las grandes ciudades te diría que muy poco en el país también.
Riesgo
– ¿Cómo fue volver a empezar de cero?
– Abrir una barbería en Paraná implicó un riesgo, que estuve dispuesto a asumir en su momento y hoy afortunadamente estamos trabajando muy bien, con mucha gente.
En realidad había pensado abrir la barbería en Rosario, en donde el rubro ya estaba establecido y había público.
En Paraná no había nada y lamentablemente los comercios le tienen miedo a fracasar y no prueban nuevas cosas. Más allá de eso, pensé que tenía que intentarlo y me dije “soy joven, de última cierro y abro en otro lado” (actualmente tiene 31 años).
Así que me puse a estudiar el tema y creo que encontramos un nicho que al hombre le faltaba. Identificamos que había un público que estaba cansado de peluquerías unisex y de codearse con un ambiente predominantemente femenino; entonces pensamos en hacer algo más varonil, un lugar del que se pueda hablar de cualquier cosa, en el que mientras esperás te podés tomar un buen whisky, un café, una cerveza. Entonces tratamos de incentivar al cliente a que se quiera quedar y tenga motivos para querer volver, eso es básicamente lo que buscamos.

– ¿Ustedes abrieron la puerta a un nuevo segmento?
– Un poco sí, porque por ahí un coiffeur no está tan preparado en lo que respecta a la peluquería masculina en sí, sino que tiene una formación más tirada a la peluquería en mujeres, que generalmente también es la más rentable.
Por otro lado está la peluquería masculina tradicional, que tiene 50 años de estar abierta, a la que te llevaba tu viejo, porque pasa de generación en generación, y en donde el peluquero tiene 70 años y sigue haciendo siempre el mismo corte.

– ¿Te parece que esto puede ser parte de una moda?
– Es cierto que cada vez están habiendo más barberías y en parte hay como una moda. Pero sinceramente a mí no me preocupa si la moda pasa, es posible que en un par de años toda la gente empiece a afeitarse, pero nosotros ofrecemos una experiencia. Al pelo siempre te lo vas a tener que cortar y cada uno elige ir a donde mejor le parezca y se sienta más cómodo.
Cuando nosotros abrimos la gente sacaba fotos desde la puerta y sinceramente lo que hicimos no es nada de otro mundo. Buscamos progresar y que Paraná progrese, por ahí ese miedo al riesgo cambia mucho la cabeza de Paraná, que sigue siendo un pueblo grande.
Propuesta de valor
– ¿Cómo definirías al servicio que ofrecen?
– Intentamos generar un ambiente relajado en donde nuestros clientes puedan abstraerse de los problemas cotidianos. Acá viene gente de todas las edades, e incluso miembros de distintas generaciones de una misma familia; por ahí vienen abuelos, padres y nietos y eso está muy bueno: se cortan al mismo tiempo, se sacan fotos y se genera un ambiente muy interesante.

– ¿Cuál es el factor distintivo de Leiva?
– Nosotros nos destacamos en nuestro trabajo por nuestra prolijidad: el tratar de brindarle a los clientes una experiencia, que pase un buen momento y me parece que nuestro fuerte más grande, más allá del profesionalismo que tratamos de tener, es nuestro ambiente muy relajado. Creemos que en parte los clientes agradecen tener un lugar en el que no sólo te arreglen bien la barba. Dicen que “el barbero siempre tiene tiempo para hacer un buen corte” y eso creo que es lo que ofrecemos: cuidado en los detalles y disfrutar la experiencia.

– ¿La ambientación del local tiene que ver con eso también?
– Nosotros básicamente tratamos de trabajar un ambiente “vieja escuela” o Old School (como se llama por su nombre en inglés). Hace varios años venía siguiendo a dos tipos de Rotterdam, Holanda, que tienen una barbería muy importante llamada Schoorem. Ellos comenzaron una gira mundial, pero lo más cerca que llegaban de la Argentina era a Brasil, entonces armé las cosas y me fui a Porto Alegre a hacer ese curso. Esto fue el año pasado y resultó una experiencia excelente, con un gran profesionalismo en donde traté de incorporar todo lo que pude de la vieja escuela de la barbería.
Barba
– Tienen una clientela bastante heterogénea. ¿A qué creés que se debe?
– Por suerte ahora se está desvaneciendo un poquito el tabú de que el profesional tiene que tener la cara limpia; aquello de que el abogado, el médico, tienen que tener traje y corbata. Y al hombre le viene muy bien esto porque, como no le gusta afeitarse, no importa el largo que use, está a la moda y le encanta.

– Más allá de la barba en sí, ¿hay algunos parámetros estéticos?
– Ahora se usa mucho la barba de diferentes largos, pero arreglada, un poquito marcada. Hasta hace unos años, dos o tres, se usaba la barba tipo vikingo, que crezca lo que crezca, no te la tenías que tocar entonces marcabas la masculinidad, pero hoy en día se está arreglando un poquito más y esto contribuye a sacarle a las nuevas generaciones ese tabú de tener la cara limpia.

– También hay todo un rito alrededor de la barba...
– Hay clientes que no se tocan más la barba y que vienen semanalmente, igual que con el pelo, porque los cortes son cada vez más cortitos, se usa mucho rasurado desde la oreja y eso en una semana se borra, se difumina entonces empieza a desaparecer y deformarse el corte. Por eso cada 15 días o semanalmente hay que darse una vuelta por la barbería a volver a remarcarse la barba.
En tu casa te despejás un poquito los pómulos, el cuello, pero todo lo otro se lo trata de dejar al barbero, para no tener que sacársela toda.

– Evidentemente lograron una fidelización importante de sus clientes...
– Sí, tengo un cliente que viene semanalmente a hacerse corte y barba y cuando nos tomamos vacaciones, en verano, me dijo que fueron las dos semanas más duras, era un náufrago el tipo.
Seguridad e higiene
– ¿Cómo es la primera aproximación de un cliente que nunca vivió la experiencia de afeitarse con navaja?
– Primero se le explica todo lo que se le va a hacer, que es lo principal, y se le muestra la higiene que tenemos. Hoy en día hay muchas enfermedades dando vueltas y no se puede jugar con la salud de un cliente; entonces le mostramos que tenemos estándares de higiene muy elevados, el cambio de navaja por cliente es obligatorio, no se puede utilizar la misma navaja en diferentes clientes, además eso también lo paga el cliente. Más allá del profesionalismo que le ponemos, es un derecho que tiene.

– En este sentido, ¿necesitan habilitaciones particulares?
– Las habilitaciones tienen que ser avaladas por el centro de peluqueros, cada peluquero tiene que ser matriculado además como barbero y esto está muy bueno porque, hoy en día, hay mucha gente que se cree que barbero porque en un curso de dos horas le enseñaron a marcar una barba, pero no conoce nada de higiene, profilaxis, asepsia y de cómo se descartan las navajas.
Muchas veces se ven navajas descartadas en una botellita o en una alcancía, o algo similar pero es inaceptable, tiene que estar depositada en un descartador (parecido al de las agujas hipodérmicas de los análisis clínicos).
Entonces, a eso lo evalúa el centro de peluqueros, haciendo un examen de barberos y peluqueros, lo cual está muy bien porque se filtra mucha gente que, por desconocimiento, puede llegar a generar algún inconveniente importante a un cliente.
Futuro
– ¿Te ves a vos mismo como empresario?
– A la larga el crecimiento te hace empresario, pero las cosas se van a ir dando, hoy en día tengo que empezar a ver otros factores como el hecho de que, por ejemplo, no damos abasto. Necesitamos de otros profesionales, entonces está la posibilidad de abrir una escuela de barbería. Pero si el día de mañana esto nos queda chico, no quiero cerrar este local y reemplazarlo por uno más grande, preferiría sumar otro más, con más sillones.

– ¿Barajás esa opción?
– Uno quiere crecer, no a pasos agigantados, sino ir dándole el tiempo a cada uno de los procesos y acumular experiencia. Por ejemplo, si yo puedo abrir una barbería mañana con siete sillones, no sé si me va a ir bien; creo que eso se va a ir dando a medida que se consolide el público.

– Pero el proyecto de la escuela de barberos es una idea a futuro...
– La idea de una escuela de barbería está latente. Tengo muchos colegas que quieren aprender el rubro y saber cómo trabajamos nosotros.
Por ahí hay gente que no entiende esto y piensa que me puede jugar en contra enseñarle a otro peluquero lo que yo sé, pero si uno sabe algo por qué no lo vas a compartir. Yo mismo voy a cursos y aprendo de gente que me brinda cosas diferentes y si es algo que puedo incorporarlo a mi estilo de corte por qué no hacerlo.

– ¿Lo decís pensando en lo que referías respecto a la mentalidad de los comercios en la ciudad?
– Claro, pero además que otros aprendan lo que sabemos nosotros me serviría mucho, ya que si tuviera alumnos que supieran trabajar como yo trabajo, me evitaría tener que hacer un filtro a la hora de buscar empleados bien calificados porque ya conocerían nuestro método de trabajo y cómo nuestros clientes están acostumbrados. Esto también colaboraría con otras barberías, para que puedan prestar un mejor servicio.
Equipo
“Nuestro personal obviamente tiene que ser peluquero cuando ingresa, pero previamente lo capacitamos específicamente en barbería para después arrancar a cortar”, señala Mauro Leiva.
El equipo de la barbería está conformado, además de su propietario y fundador, por Waldemar Salas, un peluquero establecido que en su lugar de trabajo continúa estudiando los secretos de la barbería.
Jony Lencina es la incorporación más reciente del staff, “está recién arrancando en el ambiente de la peluquería”, señala Leiva, y explica que “si bien todavía no corta, está siempre al pie del cañón para ayudarnos y está preparándose para empezar a cortar·.
Barba y tattoos
Da la sensación de que la barbería tiene muchos puntos en común con el mundo del tatuaje, no solamente en las cuestiones formales como las medidas de higiene y profilaxis que se exigen para la habilitación de los locales, más allá de eso comparten el hecho de ser partícipes en la ruptura de esa barrera invisible de lo que es aceptado socialmente y tomado como normal.

Es una tendencia de elementos que ya están establecidos en sociedades más avanzadas y que progresivamente, aunque a ritmo lento, se van incorporando a nuestra vida cotidiana, tienen que ver con formas de entender lo diferente desde una óptica un poco más relajada y despojada de prejuicios.

Aunando estos dos elementos, quienes hacen la Barbería Leiva participaron de un evento que fusionó la barbería y el tatuaje, en una jornada destinada a promover el oficio.

La actividad tuvo por nombre Tattoo and Barber y se desarrolló este sábado de 18 a 0.30 en Salta al 130 de la capital entrerriana.

Allí participaron algunos de los tatuadores más destacados de la ciudad y el equipo de Leiva estuvo promocionando su trabajo. También estuvo presente el DJ Ema Martino y la marca de cerveza artesanal Oskar, con sus productos a la vez que el bar La Casa de al Lado, fue el soporte en la cocina

“El tatuaje y la nueva barbería siempre han estado relacionados, esperamos que este evento se consolide y pueda realizarse anualmente como un espacio de difusión de lo que hacemos y de un montón de actividades alternativas que suceden en la ciudad”, señaló Mauro Leiva.

Juan Manuel Alzamendi
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