HISTORIAS URBANAS

Serpientes, vara de Asclepio y copa de Higía, en las viejas farmacias

Serpientes, vara de Asclepio y copa de Higía forman parte de la arquitectura antigua de algunas farmacias ya desaparecidas en Paraná, las que mostraban símbolos de la actividad comercial del lugar.

De la arquitectura antigua de algunas farmacias, ya desaparecidas en Paraná, mostraban los símbolos de la actividad comercial del lugar. En la vieja Farmacia del Indio se pintó un simpático fresco que muestra una docena de ángeles jugando con los objetos de las alegorías.

Puede bastar un letrero para indicar donde existe una zapatería, o una farmacia, o alguna entidad que haya sido fundada para determinados fines, para tal o cual rubro. Pero también puede ser que todo eso se indique mediante el despliegue de arquitectura y que los mensajes vengan fundido a las formas que los proyectistas, con oficios perdidos en los vericuetos que imponen la practicidad y la urgencia, plasmaron en las fachadas.

Entonces, en esta ciudad una farmacia podía llegar a identificarse como tal a través de las alegorías universales: el caduceo, que es esa vara con una serpiente enroscada, el copón, pero también con otros objetos de indeleble identificación con la actividad de las droguerías, como puede ser un mortero.

La misma evolución y el cambio de rubro comercial que albergaron algunos edificios construidos como farmacia han hecho que se perdieran esas alegorías. Por ejemplo, en las esquinas de San Martín y Uruguay, donde ahora hay una tienda de ropa para hombres, existe, en lo alto pero ahora tapado por un letrero enorme, esos símbolos que indicaban qué tipo de negocio se encontraba allí.

Abajo de se letrero de la tienda hay, escondido de la vista de los transeúntes de la peatonal, el copón de farmacéutico, alguna vara de Asclepio, que es como se identificaba entre los griegos, o Esculapio, entre los romanos.

En las enciclopedias que explican los símbolos de la medicina y de la farmacia, dicen que “el símbolo más común es el de la serpiente, animal que según los antiguos griegos, vivía tanto sobre la tierra como en su interior. Asclepio tenía el don de la curación y conocía muy bien la vegetación y sobre todo las plantas medicinales”.

Asclepio era hijo de Apolo y de la mortal Coronis. Apolo confió el pequeño Asclepio al centauro, “éste le inculcó las artes de la medicina y de la caza. Apolo y Atenea intervinieron también en su educación, esta última le entregó dos botellas llenas de sangre de la Gorgona. Una de las sangres estaba envenenada, y la otra contenía propiedades para resucitar a la gente. Asclepio llegó a dominar el arte de la resurrección y cuenta la leyenda que devolvió a la vida a un gran número de personas importantes”.

Algo parecido a lo que ocurrió en la esquina de San Martín y Uruguay, es decir que el símbolo arquitectónico ligado a la actividad comercial del lugar quedó tapado, sucede en el edificio de la esquina oeste de Enrique Carbó y Belgrano. Allí también había un despliegue de alegorías de la farmacia que quedaron tapados por los posteriores letreros que, aunque útiles, podrían ser pasibles de una crítica: carecen de gracia.

No deja de ser llamativo para estos tiempos, casi incompresible, pensar que se podía construir un salón enorme con alegorías realizadas por los más reconocidos proyectistas, arquitectos y frentistas acaso con la idea de la perdurabilidad de las cosas. Parece entonces que nadie pensaba en tropiezos comerciales.

DEL INDIO. Una de las farmacias más destacadas que tuvo la ciudad fue la que se ubicó en la esquina de Corrientes y Andrés Pazos. Se la llamó Farmacia del Indio y reinó en esa céntrica intersección por más de sesenta años.
Luego del cierre de esa farmacia tradicional de Paraná, el edificio fue adquirido por la Municipalidad de Paraná, que prontamente le encontró destino: oficina y salón de actividades del Concejo Deliberante.

No es el recinto desde donde se legisla, sino que es un lugar donde se hacen encuentros, actos, reuniones.

De esa vieja farmacia queda el edificio con sus ornamentos pintados entre los años 1902 y 1904. Se trata del fresco que convida belleza desde la altura del cielorraso y que alude, también y por eso lo mencionamos, a la actividad farmacéutica que allí se desarrolló por casi todo el siglo pasado.

La pintura es una de las obras que Ítalo Piccioli dejó plasmada en nuestra provincia. En Paraná también pintó los frescos del Teatro “3 de Febrero”, y a las otras pinturas hay que hallarlas en otras pocas localidades del interior entrerriano.

La restauración de esas pinturas, que muestran un motivo de ángeles con atributos propios de la farmacia, también estuvo a cargo del artista plástico Raúl González.

El cuadro pictórico, en este caso, muestra a una docena de angelitos con posturas propias de su especie, libre de maldad, pero con cierta actitud infantil, acaso traviesa. Es que uno de esos angelitos carga la serpiente desenrollada de la vara de Asclepio, mientras que copa de Higía aparece a un costado, abandonada, sin despertar el interés de los seres alados que prefieren divertirse repartiéndose los olivos. La simbología de la farmacia está en toda la pintura junto a esos ángeles que Piccioli crea de su puño y de su genio, de sus pinceles y sus óleos.

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