ENTREVISTA

Pensar en educación para el desarrollo

Agustina Blanco, especialista en pedagogía y educación, en diálogo a fondo con EL DIARIO. Preside Educar 2005, un proyecto para capacitar directores de escuelas.
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Agustina Blanco
Agustina Blanco es una especialista en educación que desarrolló gran parte de su carrera en el extranjero. Se desempeñó como docente de Ciencias Sociales en escuelas públicas en los estados de Nueva York y Connecticut (EE.UU.), colaboró con el equipo de investigación de la Fundación Grupo Sophia y fue directora de programas educativos en Greenwich, CT, EE.UU. de la organización. Estuvo en Finlandia donde observó de cerca el exitoso modelo educativo que allá se implementa y que logró posicionar a ese país en los primeros lugares del mundo. “No fue fácil, llevó mucho tiempo y se lo propusieron como objetivo nacional”, resalta cuando se le pregunta por el secreto finlandés.

Blanco es presidenta de Educar 2050. En Paraná se reunió con miembros de la Fundación Nuevo Banco de Entre Ríos y del Consejo General de Educación de la Provincia. En la reunión se afinaron detalles para poner en marcha el Programa “Líderes Para el Aprendizaje” que está destinado a capacitar a rectores de escuelas secundarias de gestión pública de la Provincia de Entre Ríos.

El Programa Líderes para el Aprendizaje lo implementarán en conjunto la Fundación NBER, Consejo General de Educación de la Provincia de Entre Ríos, Universidad San Andrés y Educar 2050. Este proyecto busca generar el desarrollo profesional de los rectores de escuelas secundarias de gestión pública. La Fundación Nuevo Banco de Entre Ríos financia el programa.
Proyecto
“En el proyecto Educar 2050, Liderazgo para el aprendizaje, tenemos un formato de curso presencial con directores y supervisores de todo el país. Intentamos que sean de una provincia o distrito, para que se genere una red, en este caso lo estamos haciendo con el Banco y el Consejo General de Ecuación”, contó en diálogo con EL DIARIO.

-Se trabaja con directores porque son líderes en la organización…

-Exactamente. Hacemos hincapié en el rol pedagógico que tienen. En ese sentido nos parece que el liderazgo pasa a ser fundamental. Líderes de sus comunidades, de los docentes, haciendo foco en lo que tiene que ver cómo llevar una institución escolar hacia una mejora en la calidad educativa. Con formación en valores, en habilidades cognitivas, socio emocionales. Pero básicamente, cómo dirigir un equipo para que se haga un plan de acción y con objetivos.

-En la coyuntura, con carencias edilicias, socioeconómicas, de salarios, ¿cómo se implementa eso?

-El contexto tiene un montón de aspectos y todos, de algún modo, inciden. Son todos importantes y cada uno hará foco en el pedacito que más le preocupa o que más le concierne. Mi preocupación constante y de lo que nos ocupamos, hablo de Educar 2050, tiene que ver con cómo llevar un sistema de educación a un mejor lugar. Todo lo que tiene que ver con infraestructura es fundamental, pero está en manos de decisiones de gobierno. El tema de salario tiene enormes implicancias porque todo el mundo busca que las condiciones laborales sean buenas. Consideramos que son profesionales y como tales deben ser reconocidos y remunerados.

-¿Cómo es la formación del docente en la Argentina?

-Tenemos que considerar los dos aspectos fundamentales. La formación inicial, por un lado, previo a que accedan a la carrera, y la formación durante el ejercicio. Ambas son patas indispensables. En término de la formación inicial se debe hacer mucho foco desde las políticas públicas, hay mucho por mejorar. Es una de las cuestiones más debatidas y se está poniendo en agenda desde hace años. Hay demasiados institutos, una atomización muy grande. Atender a estos 1.300 institutos a nivel país para elevar la calidad de la formación es una tarea compleja. Creo que se está trabajando de manera colaborativa con los distintos ministerios, hay mucho por hacer.

El tema de la atomización ha hecho que haya institutos en los que se trabaja muy bien, de acuerdo a diseños curriculares más de vanguardia, y otros que no están lográndolo. Se requiere poder acompañar a todos para que mejoren, hay que exigir en muchos aspectos para que tengan estándares mínimos.

-¿En qué medida la jerarquización de la carrera docente está vinculada con lo salarial?

-Si pensamos en término de país, hay que tener en cuenta que cada provincia es una realidad diferente. Hay provincias que en términos salariales están bien y otras que no. Así como nosotros estamos convencidos que al docente hay que pedirle que se siga actualizando como profesional que es, también creemos que hay que mejorar mucho las condiciones laborales. Hablo de lo salarial pero también en las condiciones laborales del día a día. La figura del profesor taxi no lo ayuda a él y tampoco al sistema. En ese sentido, es muy importante apoyar políticas que tiendan al nombramiento por cargo, que cada docente esté máximo en dos escuelas, porque queremos que sean parte de esa escuela y que el tiempo que le dedica a esa escuela sea un tiempo de calidad.

Porque sino no puede dedicarle atención a un alumno, no puede planificar, no puede trabajar en equipo que es como debe trabajar la escuela. Eso haría que haya un mejor clima en la escuela, sentirse parte, son todas cuestiones que en nuestro sistema no es tan fácil.
En agenda
-¿La educación está en la agenda de los proyectos políticos actuales?

-Creo que está siendo central en la agenda. Se está empujando fuertemente desde el Ministerio Nacional, los ministerios provinciales y también desde la sociedad civil. Estamos queriendo ser un poco más inteligentes, articular mejor, juntarnos, intercambiar prácticas. Lo contradictorio es que cuando vamos al individuo, y en eso entramos todos, la educación es como la séptima prioridad, porque obviamente hay otras cosas que son más urgentes, como la inflación o el empleo. Pero si pensamos como Nación, tenemos que empujar la educación porque es lo estructural, lo que hace pensar en una Nación que quiere desarrollarse.
Un modelo antiguo
-En Paraná tenemos la Escuela Normal, que es un pilar de la educación pública argentina…

-Hoy la conocí y me produjo una profunda emoción.

-Es un proyecto del siglo XIX y sin embargo el modelo áulico sigue casi tal cual como entonces, en la disposición de los pupitres y el pizarrón. ¿Hace falta una renovación?

-Me encanta que me preguntes esto. Cuando hablamos de mejorar sistema y cambiar sistema, yo hablo de mejorar en todo lo referido a lo anterior. Eso tiene que ver con modelos pedagógicos. Con la manera de aprender, ya no hablo de mejoras sino de cambio. Es una necesidad de transformación. Se sigue viendo el mismo formato, un pupitre detrás del otro. Hay un dicho que dice que si hubiesen congelado a alguien muchos años atrás y lo descongelasen hoy se encontraría con que todo cambio, salvo la escuela. Eso no es posible. Hoy estamos en una sociedad de conocimiento que no tiene nada que ver con lo que fue hace 50 años. Pareciera que a la educación le está costando cambiar. No me refiero tanto a la innovación tecnológica como la innovación pedagógica. Es mejor si hay conectividad, si hay dispositivos, tecnología en el aula. Pero si no la hubiese podemos tener perfectamente formatos innovadores.

No más con cambiar la forma en que están los bancos. Los chicos deben aprender de manera colaborativa, hoy el mundo trabaja así. Eso es parte de un aprendizaje. A veces se ponen los bancos de a grupo de a cuatros pero el docente sigue estando al frente de aula y los chicos tienen que darse vuelta para verlo.

Hoy los chicos teclean y consiguen la información que necesitan. Por eso es difícil que les interese el relato de un maestro que no es la mitad de interesante que lo va a hacer Youtube en menos de dos minutos. Seguir pretendiendo que las aulas sea un gran Google, en donde se pase información es obsoleto.

Los chicos debieran poder acceder a la información fuera del aula. Hoy se usa mucho la clase invertida, que lean textos fuera del aula, que vean videos fuera del aula y que vengan al aula a aplicar conocimientos.

-¿Qué rol tendría el docente en ese modelo?

-Es primordial, indispensable. El rol, su didáctica debe cambiar. Debe ser un acompañador, un facilitador en la construcción del conocimiento. ¿Cómo acompaña? A través de trabajos por proyectos, que resuelvan problemas, que armen debates o un símil de Naciones Unidas, por ejemplo. La teoría hay que aplicarla.

-¿Qué pasa con las calificaciones?

-Quiero ser bien clara: hay que distinguir la calificación de la evaluación. La calificación puede ser de diferentes formas. De 1 a 10, de 4 a 10, es una cuestión superficial y si nos ponemos a discutir no nos vamos a poner de acuerdo. Sí me importa hablar de evaluación de los aprendizajes. El docente necesita saber si los chicos están o no al nivel para saber cómo acompañarlos. El alumno necesita saber si está alcanzando objetivos. Ligamos la evaluación a una mirada más amplia que tiene que ver con una evaluación formativa. Es parte de un proceso de aprendizaje.

Si queremos desarrollar capacidades de autonomía en los chicos ellos tienen que saber para poder calibrar su aprendizaje. Hay que enseñar a los docentes a armar rúbricas, que no evalúen a los alumnos no sólo en el modelo de que repitan la lección, sino que viendo la presentación, qué dificultades tuvo. Eso hace el núcleo de una pedagogía de calidad.

-¿Cuáles serían niveles de conocimiento y competencia que debería tener un alumno que termina el secundario?

-En principio, lo más básico. En lo que está ligado a la lengua las habilidades básicas tienen que ver con la comprensión de textos, la escritura y la comunicación. Un chico del secundario por lo menos que pueda entender cómo hacer una inferencia.

Va más allá de la primera capa de decodificar letras, tiene que ver con poder deducir, sacar conclusiones propias, con poder inferir. Ese chico puede tomar cualquier texto universitario para tener un nivel de pensamiento crítico mínimo como para entender una consigna, trasladar un conocimiento previo a situaciones nuevas. Con las matemáticas, el razonamiento tiene que ver con la deducción. Más amplio, tiene que ver con las grandes competencias: el pensamiento crítico, que puedan vincular causas y efectos, presentar un tema con cierta claridad. Esto tiene que ver con haberles enseñado a debatir, argumentar. En la ciencia, con las competencias del método de indagación.

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