103 ANIVERSARIO EL DIARIO

Memorias borradas y recuperadas

Leer, escribir y publicar: tres acciones sobre las cuales reflexiona, en el Aniversario número 103 de EL DIARIO, la docente universitaria Angelina Uzín Olleros.
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El comienzo. La reflexión que puedo hacer entre la palabra y la escritura está habitada por una enorme multiplicidad de nombres e historias, pienso en la existencia de los pueblos ágrafos que carecieron de escritura y confiaron la existencia de su acervo cultural a la memoria y a la voz de sus ancianos a quienes consideraban sabios. Esa transmisión de generación en generación fue construyendo un relato que –como ocurre con los mitos y con los sueños– cambia en el contenido narrativo pero al mismo tiempo permanece en el núcleo del mensaje y su difusión. Estas modificaciones guardan una relación con el problema de la verdad, hasta qué punto es verdadero un discurso que se encuentra alterado por quien está a cargo de su comunicación, pero el discurso verdadero también tiene sus complicaciones, porque el camino de la verdad no es unívoco ni es único.

Sócrates no escribió un texto ni construyó una escuela filosófica, su defensa ante los jueces que lo acusaban de corromper a los jóvenes porque los hacía pensar y dudar, su estancia en prisión en diálogo con Critón, uno de sus discípulos, a quien convence que él como ciudadano ateniense debe aceptar la sentencia y la condena que lo lleva a la muerte (399 aC), esta historia no llega a nuestros días por su puño y letra sino que ha sido difundida a través de Jenofonte y de Platón; el filósofo de la cicuta no deja testimonio más que a través de la memoria de quienes quedaron a cargo de su legado.

Desde sus comienzos la escritura heredó este problema de la transmisión, un ejemplo de esto es el caso del palimpsesto, que en griego significa grabado nuevamente y esto se debe a una necesaria economía en el papel, lo que obligaba a borrar un texto para escribir encima otro. El nuevo manuscrito siempre conservaba las huellas del escrito anterior, como el relato de los pueblos ágrafos, como la memoria que a pesar suyo se olvida de la totalidad de los detalles y selecciona una parte de los recuerdos. Nunca fue posible borrar todas las huellas de lo que se escribió antiguamente, una y otra vez se superponen letras, trazos, dibujos que asoman casi imperceptiblemente su leve presencia ante un campo visual.

Tres situaciones: la ausencia de escritura y la transmisión oral de los valores de una cultura; la vida de quien decide no escribir pero sus discípulos lo hacen por él; el papiro que en tiempo de escasez obliga a borrar lo escrito para superponer textos que alguna vez fueron recobrados debajo de las últimas redacciones.

El transcurso. Siglos más tarde en una adaptación de las prensas utilizadas para exprimir el jugo de las uvas usadas para la elaboración del vino, Gutenberg inventa la imprenta con una prensa de tipos móviles (1440); la suya es una historia triste, sin posibilidad económica para reproducir su creación muere en la pobreza. Pero su nombre quedará en la historia por ser considerado el inventor de la imprenta que hizo posible la difusión a gran escala de los escritos, los libros, las redacciones que hicieron a la existencia de una nueva cultura gráfica.

Fue en la ciudad de Praga que se localiza la aparición del primer periódico (1609) de manera quincenal, a veces semanal se publicaban estas noticias extendiéndose a otros países el hábito de dar a conocer los acontecimientos del momento, en Londres, Viena, París se publicaban los periódicos que eran distribuidos en librerías y negocios de las incipientes ciudades modernas. En Francia (1631) aparece la Gaceta que era de publicación diaria.

Como invención de la modernidad el periódico también fue vehículo de ideas políticas y revolucionarias; Kant (1784) confiaba en la existencia de los diarios para hacer un uso público de la razón y generar la autonomía de pensamiento en los ciudadanos del Siglo XVIII. Atreverse a pensar, hacerlo públicamente, sin restricciones, fue una clara defensa a la libertad de expresión y a la necesidad política de hacerlo para que circule la palabra escrita; las sociedades debían progresar científicamente y moralmente con el mismo grado de objetividad.

Un siglo después en la misma ciudad que vio nacer al primer periódico, Karl Kraus crea La antorcha (1899) para ironizar sobre la época y sus periodistas que, a su criterio, no tienen ideas pero escriben como si las tuvieran. El uso del lenguaje revelaba los males del mundo, su mirada era pesimista con relación al momento histórico en el que vivía, y la prensa era más un vehículo de hipocresía que de verdades sobre lo que acontecía.

A comienzos del Siglo XX la escritura estaba relacionada con el poder y la dominación, también con la manipulación; las masas, la masificación, eran consideradas efectos nocivos de la propaganda desde el lado más oscuro de la palabra y su difusión. El tiempo se aceleraba y el mundo se achicaba, por obra de los medios de comunicación se globalizaba la noticia y la información. Un clima de época marcado por el nihilismo en algunos casos, la crítica a las tecnologías que estaban propiciando avances pero al mismo tiempo retrocesos.

McLuhan intenta una nueva interpretación de esta historia, confiando en los grandes cambios sociales que tienen su origen en la evolución de las tecnologías. Según él la cultura tipográfica condicionó nuestra manera de pensar la realidad en forma lineal, mientras que los medios electrónicos lo harían en forma multifuncional, la Galaxia Gutenberg (1962) modificaría dramáticamente nuestra percepción del mundo como individuos, vivimos en una aldea global por obra de los medios masivos de comunicación. Pero la influencia de los medios ha sido en los últimos años puesta en duda, ya no se considera en muchos enfoques de las teorías de la comunicación que el mensaje domina nuestras mentes y nuestras vidas.

El desenlace. Libros electrónicos, digitales, ciberlibros… Redes, textos que aparecen en posters, diapositivas, oraciones en pocos caracteres. Mensajes de texto, emoticones, expresiones onomatopéyicas, lenguajes que incomunican si uno no sabe decodificarlos. El uso y el abuso de estas síntesis llevadas al extremo nos alejan de la posibilidad de hablar y escribir un discurso, de desarrollar ideas, conocimientos, relacionando temas y problemas.

Estamos advertidos: el poder puede transformarse en dominación. La verdad puede ser una gran mentira que aparece en palabras e imágenes persuasivas. La información puede ser utilizada para vigilarnos, controlarnos y castigarnos. El que escribe responde a determinados intereses económicos, políticos e ideológicos. Los in-comunicadores hablan en los medios de la posmodernidad, de la ausencia de certezas, de la posverdad.

La rapidez que propician las nuevas tecnologías crea la ilusión de acceder velozmente a un conocimiento cierto del mundo, de lo real, no hay que detenerse demasiado, no es preciso hacerlo. Los ancianos no transmiten los valores de la cultura, el arte se reproduce y se recrea copiando y pegando fragmentos de obras que han sido consideradas objetos estéticos indudables. La velocidad es necesaria para no detenernos en detalles, en verdades, en memorias.
Personal del área Comercial, de EL DIARIO.


Existe una obsesión por la inmediatez, la aceleración. Paul Virilio en La velocidad de liberación (1997) reflexiona sobre esta actitud de necesitar la velocidad para resolver nuestra vida, pública y privada. Esta velocidad es una ilusión, porque en el cambio siempre está presente lo que permanece, desde los griegos antiguos la relación entre cambio y permanencia se piensa así y es así (VI aC).

En la velocidad se expresa subrepticiamente un programa de dominación, que por la rapidez de los sucesos no podemos percibir ni ver. Todo desaparece rápidamente y como dice la letra de un tango: “…es todo tan fugaz que es una curda nada más mi confesión…” embriagados de velocidad hemos perdido el placer de la contemplación, el goce del encuentro con el otro, la compañía que permite hablar y escuchar, escucharnos.

Quiero dar dos ejemplos para concluir. Uno es el de ver las revistas que están apiladas en las salas de espera de los consultorios o en las peluquerías, la mayoría de esas revistas muestran imágenes e historias de parejas que estaban juntas hace un año o dos y ya no están. Es más: uno puede reunir revistas de los últimos cinco años y ver cómo esas parejas que estaban juntas, ahora ya separadas están con otras. La velocidad sin límite. El otro ejemplo tiene que ver con un placer personal que cultivo desde hace años, ir al quiosco a comprar un periódico y leerlo en papel, un suplemento, un fascículo, un libro en papel.
Periodistas de la Sección Deportes, de EL DIARIO.


Sin detrimento de las tecnologías digitales en todas sus formas, también estamos advertidos de lo que decía irónicamente Kraus, podemos hablar y escribir sin ideas, como si realmente las tuviésemos. Pero las ideas deben estar necesariamente, lentamente, esforzadamente; como las emociones más profundas que anidan en nuestras vidas, ellas (ideas y emociones) no son veloces, van lentamente abriendo surcos en nuestras culturas y todos sabemos que las culturas son milenarias.


Autor: Angelina Uzín Olleros-Docente universitaria.

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