Abusos

El cura Moya fue a Tribunales pero se abstuvo de declarar

La Justicia investiga dos denuncias, una es por promoción a la corrupción, y otra es un abuso sexual simple, en ambos casos, agravados por ser un ministro de la Iglesia Católica.
Agrandar imagen Moya, suspendido en su función desde junio de 2015, fue el miércoles a los tribunales de Villaguay.
Moya, suspendido en su función desde junio de 2015, fue el miércoles a los tribunales de Villaguay.
El cura Marcelino Ricardo Moya concurrió este miércoles a los Tribunales de Villaguay, adonde fue citado para prestar declaración indagatoria en la causa por abusos que lleva adelante la fiscal Nadia Benedetti, pero se abstuvo de declarar.

Lo ampara la ley: nadie puede declarar en su contra, y el sacerdote, que desde junio de 2015 está suspendido como sacerdote y con la prohibición de oficiar misas en público, hizo uso de ese derecho.

Moya llegó acompañado por su abogado, Gustavo Amílcar Vales, hijo del exvocal del Superior Tribunal de Justicia (STJ), Hipólito Vales, escuchó los cargos que pesan en su contra y le dijo a la fiscal que no declararía. Benedetti ya anticipó que tras la feria, entre febrero y marzo próximos tiene previsto elevar la causa a juicio oral.

Dos casos. Moya, suspendido en su función de cura desde junio de 2015, cuando se abrió la causa penal en su contra, está desde entonces recluido en María Grande, la casa de sus padres, y en vez de hablar ante la Justicia prefirió que su abogado defensor Gustavo Amílcar Vales lo haga en su nombre.

Vales adelantó que en febrero, después de la feria judicial de verano, presentará un recurso para que se declaren prescriptos los delitos que se le imputan al cura. Son dos casos en los que está imputado Moya: uno es por promoción a la corrupción, y otro es un abuso sexual simple, en ambos casos, agravado por ser un ministro de la Iglesia Católica.

El 30 de junio de 2015 el arzobispado de Paraná dio a conocer un documento en el que anunció que Marcelino Moya fue desafectado de su función de párroco en Seguí.

La medida se adoptó luego de la presentación de la denuncia en la Justicia por parte de dos víctimas. Entonces, la curia sostuvo que no bien “se conocieron las denuncias periodísticas que involucraban a un sacerdote de la arquidiócesis, el arzobispo dio inicio a las investigaciones preliminares, según lo expresa el código de derecho canónico en el canon Nº 1717, regulados por las normas de Gravioribus Delictis”.

La expresión en latín “Gravioribus Delictis” alude a los “delitos graves”, como la pederastia, la acusación que recae sobre Moya, y conforma parte de las reformas introducidas en 2010 por el papa emérito Benedicto XVI para abordar los delitos de abuso de menores.

La Iglesia se preocupó en aclarar que las decisiones tomadas por la curia se basan en el canon Nº 1.717 del Código de Derecho Canónico, que ordena que cuando un obispo “tenga noticia, al menos verosímil, de un delito, debe investigar con cautela, personalmente o por medio de una persona idónea, sobre los hechos y sus circunstancias así como sobre la imputabilidad, a no ser que esta investigación parezca del todo superflua”.

En el marco de esas decisiones adoptadas por Puiggari, se resolvió “como medida cautelar”, apartar a Moya de su función de párroco, “y se le ha impedido el ejercicio público del ministerio, según lo determina el Derecho Canónico, hasta que la Justicia se expida”.

A la vez, abrió una investigación diocesana, a cuyo frente se ubicó al sacerdote Silvio Fariña. Pero esa investigación no pudo avanzar, y al final la Iglesia tuvo que pedirle a la Justicia que le remitiera parte de las actuaciones. Y ese material, luego, fue enviado por la Iglesia al Vaticano.

Trámite. La fiscal Nadia Benedetti le leyó los cargos y escuchó lo único que el cura tenía para decir en la Justicia: que no iba a decir una palabra, amparándose en su derecho a no declarar en contra.

Ahora, señaló la fiscal, lo que resta es acumular un par de pruebas más, y cerrar la instrucción. En febrero, o principios de marzo, el caso se elevaría con pedido para que la causa vaya a juicio oral.

Dos jóvenes, un estudiante de Derecho y un médico, lo denunciaron en la Justicia al sacerdote por esos abusos.

Moya fue vicario en la Parroquia Santa Rosa de Lima, de Villaguay, entre 1992 y 1997, y además docente en el Instituto La Inmaculada, y durante ese tiempo habrían ocurrido los abusos que ahora se le imputan. Las víctimas, dos jóvenes que eran parte de los grupos parroquiales.

Moya fue ordenado sacerdote el 3 de diciembre de 1992 por el exarzobispo de Paraná, Estanislao Esteban Karlic, y tuvo entre uno de sus primeros destinos la Parroquia Santa Rosa de Lima, de Villaguay. Allí, precisamente, habría sido el lugar donde ocurrieron los abusos.

Desde que se abrió la causa, Moya no puede oficiar misas en público.

Pablo Huck, una de las víctimas que denunció a Moya, ahora conformó una ONG, Compromiso con Voz, desde donde trata de concientizar sobre el flagelo de los abusos a menores.

Huck terminó la secundaria en La Inmaculada, y en 1997 se instaló en Rosario, y en Rosario se recibió de médico. Entre 1999 y 2014 tuvo tres terapeutas con las que trató la situación de abuso por la que atravesó de chico, y solamente a finales del año pasado pudo contárselo a sus padres. Cuando se lo contó a su hermana María del Huerto, ésta se conectó con el actual párroco de Santa Rosa de Lima, José Dumoulin, y éste lo impulsó a hacer la denuncia judicial.
Esta fue parte de la charla que mantuvo con EL DIARIO el día que decidió denunciar a Moya en la Justicia.
¿A qué edad ocurrieron los abusos?

No puedo definirlo con precisión. Ocurrieron entre los 14 y los 16 años. Pero en el relato que hice en la Justicia no pude precisar bien en qué año ocurrieron. Sé que dormía en la parroquia, sé que el cura me masturbaba, sé que me practicaba sexo oral. Eso no me olvidé, y no lo olvidé incluso a pesar del trabajo que hice por no recordar. Yo pensé incluso que iba a poder olvidar todo. Pero no pude. Siento como si me pasó una aplanadora espiritual. Incluso, tuve que alejarme de mi profesión, porque caí en el desinterés, en no poder ver al otro como alguien que necesitaba ayuda, sino que sentía desprecio por todo. Estoy como en una pausa.

Pudiste superar la situación, hacer la denuncia, ¿y ahora?

Hoy siento que me subí a una moto de 600 centímetros cúbicos y no me quiero bajar. Estoy jugado, quiero seguir con esto en la Justicia, y que no le pase a otro pibe lo mismo que me pasó a mí. Lo que me pasó a mí fue un robo de la inocencia, me quebraron la metáfora de la vida. Sentí que, de golpe, me dijeron en la cara que los reyes magos no existían. Yo siempre hice todo lo que debía hacer, como el chico bueno que era. Pero me pasó esto, y sentí que el mundo no tenía escrúpulos.

Debió ser un proceso duro llegar a la denuncia en la Justicia.

A mí me mueve un principio simbólico: primero, asumirme como víctima y después poder dejar de serlo. No quiero quedar atrapado en el lugar de víctima. Para dejar de ser víctima, tengo que llamar al orden a mi psiquis. Para dejar de ser ese chico abusado, tengo que pasar a ser un adulto denunciante, sin ser hipócrita.
La “preocupación” de Puiggari
Cuatro meses atrás, cuando estalló el escándalo carmelita de Nogoyá, donde la priora Luisa Toledo fue separada de su cargo por disposición del Vaticano, enviada a una casa religiosa de su congregación en Chaco, y la Justicia trata de dilucidar responsabilidades tras las denuncias de dos monjas por privación de la libertad y torturas, el arzobispo Juan Alberto Puiggari habló del caso del cura Marcelino Moya.

Puiggari llamó a conferencia de prensa para explicar de qué modo las monjas carmelitas usan el cilicio y cómo es la vida conventual, y descartó que se cometieran delitos hacia el interior del convento de Nogoyá.

Consultado sobre la causa Moya, se mostró molesto por el poco avance que ha tenido ese caso entonces, mes de agosto, e hizo notar, con cierto fastidio, que la Iglesia lo apartó a Moya del ejercicio del sacerdocio y que por eso se siente “injusto”.

“Estaría contento que se decida lo de Moya. Me siento injusto teniéndolo castigado, y que la Justicia no avance. Y la Justicia no puede decir que no hemos aportado todos los elementos que nos pidieron”, dice Puiggari.

“Estamos esperando que actúe la Justicia –planteó. El caso Ilarraz, aparentemente, viene más rápido, pero en el caso de Moya, hace un año y tres meses que yo lo retiré y la Justicia no avanzó”.

¿Qué pasó con la investigación de la Iglesia sobre Moya?

La investigación diocesana ya está en Roma. La investigación se hizo con elementos que reunimos acá, y elementos que aportó la fiscal. Pero en la fiscalía no han avanzado. Ni siquiera lo han imputado. No está imputado. Y hace un año y tres meses que empezó la causa.

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