Historias de vida

El cartero de las esquelas de amor

Enrique Warle estuvo en el correo de antaño. Era de los que se conocían a todo el barrio y llegó a ser Jefe de Brigada. Cuenta sobre el trabajo que obtuvo por Perón, y el amor que nació en el reparto.
Era un día gris, de esos que combinan llovizna y frío, en el invierno de 1952. Enrique Cecilio Warle trabajaba de encargado de obra en una construcción del barrio de Caballito, cerca de la cancha de Ferrocarril Oeste, en la Capital Federal. “Me voy a hablarlo a Perón a ver qué dice”, pensó en voz alta y encaró para la Casa Rosada. El presidente le prometió trabajo en el correo de Paraná, para que pueda regresar a su provincia. Desde entonces y hasta 1990, Enrique trabajó en esa institución como cartero y como Jefe de Brigada. En conversación con EL DIARIO, recuerda la cotidianidad de un oficio que fue mutando con los avances tecnológicos.

VOLVER. “Gracias a (Juan Domingo) Perón y a Eva me mandaron al correo”, relata Warle. “Fui a pedirle porque quería volver, murieron mis padres y tenía que hacerme cargo de la casa en Paraná”. Entonces tenía 23 años, y hacía poco más de seis que se había ido del pago buscando el porvenir, “siempre para adelante”. Primero Santa Fe, luego Rosario, y finalmente Buenos Aires. En esa época mucha gente de Paraná y del campo se iba a vivir a Buenos Aires procurando trabajo “porque acá no había nada”, recuerda. A pesar de llegar sin cita previa, expuso en la Casa de Gobierno que “quisiera hablar por un trabajo”; lo palparon de armas y Perón lo recibió, junto a Eva, en su despacho. Brevemente, les contó su historia. “¿Cuántos son?”, preguntó el general, que terminó ubicando a los tres hermanos: uno en la Aduana de Diamante, otro en el Ejército en Corrientes, y a Enrique en el Correo en Paraná. “Él fue el que me mandó para acá. Mis hermanos ni sabían de eso, les conté después de la reunión. Les di la mano a Perón y a Evita. Fue así, con cortesía y cortito”, reseña Warle.

REPARTO. Enrique saca su billetera y muestra una tarjeta expuesta en uno de los compartimentos, que lo identifica como “Jefe de Brigada”, el cargo máximo que logró en el organismo estatal. “Tenía que mandar a todos los carteros y mensajeros. Tenía 57 a mi cargo en aquel tiempo; ahora son un puñadito nomás”, compara. Pero antes de lograr ser jefe por tener una foja intachable, durante unos quince años le tocó repartir correspondencia a pie o en bicicleta. Paraná estaba dividida en 33 zonas para las recorridas. Cuando el reparto era grande iban dos carteros por cada área, y si había mucha correspondencia se hacían los ‘alcances’. La rutina comenzaba a las 6 de la mañana, clasificando las cartas simples y las certificadas, luego un camioncito repartía a los carteros en cada lugar, y finalmente volvía a buscar los paquetes faltantes -o “alcances”- que los hombres no podían cargar junto a su cartera, por lo abultado. “El paquete se dejaba a alguien de confianza en el barrio y una vez terminado la primera entrega se seguía con esos otros mazos. A pie, entre las 8 y las 13, cantando ‘Rosa de otoño”’ o algún otro tanguito, Enrique Warle hacía su trabajo. “Tú eres la vida, la vida dulce, llena de encantos y lucidez; tú me sostienes y me conduces hacia la cumbre de tu altivez”, entonaba el ritmo de vals escrito por José Rial que popularizó Carlos Gardel. “Cargaba muchos kilos, me tocaba calle Gualeguaychú entera hasta las Cinco Esquinas y toda la vuelta. Era pesado, había revistas también, me dolía el lomo”, manifiesta Enrique.

AMOR. En esos repartos conoció a su futura mujer y madre de sus cuatro hijos, de los cuales el segundo tiene su mismo nombre y también trabajó en el correo, entre 1981 y 2001. “Repartía por Villa Almendral, en el Thompson. Me entusiasmé con Ofelia, pero tenía miedo de casarme porque veía que había problemas en todos los matrimonios. La piba era buena, trabajadora, estaba de empleada en la casa de unos doctores. Yo era más bien bromista, entonces sus hermanas no me querían porque pensaban que era un vago. El que me ayudó fue su hermano Mingo”, narra Enrique sobre los inicios de su noviazgo a fines de los cincuenta.

Mingo tenía entonces 8 años, y era quien le pasaba a Ofelia las esquelas de parte de Enrique. A cambio, este le prestaba su bicicleta para dar unas vueltas. Ofelia cumplió 80 en enero; Enrique festejó sus 90 el viernes.

JEFE. Don Warle llegó a ser Jefe de Brigada y Jefe de los mensajeros (que reparten telegramas). El correo, como institución, siempre se caracterizó porque la gente entraba muy joven y podía hacer carrera. Con la primaria completa, sabiendo leer y escribir, ya se podía trabajar. Los que más ascendían eran los que tenían secundaria, pero aun así, una persona con primaria podía llegar a Jefe de Distrito. La privatización de los noventa cambió ese organigrama y reemplazó jefes por gerentes. “Como jefe salía a recorrer cuando había denuncias, si faltaba alguna cosa, porque siempre había problemas”, relata Enrique. La carta simple, si se pierde no hay reclamo; pero las certificadas tenían que volver con acuse de recibo. “Todos los días faltaba alguna”, dice el hombre. En 1990, mientras se atareaba en la construcción de un piso en su casa, al cartero le llegó un telegrama: le notificaban que durante un año seguiría cobrando el sueldo pero que no se presentara. A los dos meses le salió la jubilación, y ese fue su retiro en un contexto de reducción de personal.

SERVICIO. “Ahora la pasan bien porque llevan dos piloncitos, nomás”, se compara Warle con los carteros actuales. Su oficio fue, durante mucho tiempo y hasta antes de los años noventa, el de un comunicador importante. “El Correo fue un elemento fundamental para la sociedad: llegaban las felicitaciones de cumpleaños, las cartas de amor, noticias de parientes y amigos lejanos, la gente esperaba que le mandaran algún dinero”, explica. “Más a fin de año y en las fiestas. Todo era por correo. Y a nosotros, como nos conocían, nos regalaban sidra y turrones. Eso se fue perdiendo”, añora Enrique.

“Las cartas de amor se notaban porque las mujeres las perfumaban; y cuando la esperaban, porque se los notaba alegres. Como cartero te dabas cuenta que llevabas buenas noticias. Y al ir todos los días había confianza y uno preguntaba y le contaban. Como persona allegada y andando en el mismo recorrido, cuando querías saber algo se lo tenías que preguntar al cartero: los chusmas del barrio son los carteros”, agrega.

Las malas noticias eran, usualmente, las judiciales. Eso parece no haber cambiado demasiado, aunque a la correspondencia actual se suman los impuestos, multas, tasas y los telegramas de despido. “El mundo del cartero era un trabajo positivo, la gente te recibía con ganas, con deseo”, remarca Enrique Celestino Warle.


El Correo de ayer a hoy
“La función de los carteros sigue siendo parecida: llevan la correspondencia; aunque sin duda es más variada, desde los recibos de pagos de las distintas empresas hasta cartas de familia”, comenta sobre la empresa contemporánea Juan José Tosello, Jefe Zonal del Correo Argentino en la Provincia de Entre Ríos. “Hay gente que todavía utiliza el correo para ese tipo de comunicación tradicional. Además, hay comunicaciones legales con certificadas, con aviso de retorno, cartas documentos, y muchísimos productos que le dan al cliente las posibilidades de comunicarse con eficiencia y reparo legal”, amplía.

LOGÍSTICA. Hoy el correo, explica Juan José Tosello, hace hincapié en la logística y en mejorar los sistemas informáticos. En Paraná, asimismo, hay un proyecto ambicioso respecto al edificio histórico. “Se va a modernizar en el corto tiempo” anticipa. Además de despachar cartas, otros servicios que brinda a la comunidad son el pago de los planes sociales, o los trámites de reincidencia que son necesarios para renovar el carnet de conducir de profesionales, por ejemplo. El correo está organizado en sucursales, agencias, estafetas postales (quedan algunas aún, en parajes lejanos), y en unidades postales. Estas últimas son tercerizados a los que se les ofrece la franquicia; es decir, no son empleados del correo pero prestan determinados servicios, permitiendo llegar a lugares donde no existen sucursales ni agencias. En Entre Ríos existen 55 sucursales y dos agencias. El correo está relacionado íntimamente con la Aduana, y trabaja junto a Gendarmería y AFIP en el reparto de paquetería internacional. “Hay que tener la capacidad necesaria en informática y personal para adecuarse a los tiempos: lo que viene del exterior es muy variado, hay que controlar toda esa parte también”, señala Tosello.

RIESGOS. “Hoy los carteros ya no llevan paquetes grandes, que quedan a cargo de pequeños transportes que recorren la ciudad. Los carteros reparten todo lo que medianamente entra en la cartera y no sea de un excesivo peso que les ocasiones esfuerzo físico extra”, indica Tosello. “En cuanto a los riesgos, los perros son anecdóticos. La gente los conoce, ellos saben en qué lugares hay perros y dónde no, cuáles son buenos y cuáles no. Pero hay sitios que son de peligroso acceso y ocurren robos y hechos violentos. Hay barrios que son complicados para hacer el reparto. Las metodologías van variando para tratar de ingresar a todos los lugares. La policía nos da una mano muchas veces, y en otros casos asumimos algunos riesgos”, desarrolla el Jefe Zonal.

ACTUALIZACIÓN. El correo es una empresa con rango constitucional, lo que significa que su funcionamiento está previsto por la Constitución Nacional. “Somos el correo de bandera, hoy se llama Correo Oficial de la República Argentina, pero pasó por distintas etapas, siempre en el Estado excepto a fines de los noventa hasta 2003. En ese tiempo el Grupo Macri tuvo la concesión, pero en 2003 se recuperó para la administración estatal”, sintetiza Tosello. “Somos la empresa con mayor cobertura geográfica de la Argentina, con más de 1400 sucursales y la mejor logística”, promociona. Los servicios han ido variando y se fueron adecuando a los nuevos tiempos: “Las ‘cartas de familia’han disminuido por el uso de internet, mails y WhatsApp, pero nosotros también hemos tenido en esto una oportunidad, porque lo que se vende o comunica por internet luego se envía por correo. Eso nos ha facilitado el crecimiento enfocándonos en la paquetería y la logística. Las empresas que mandan paquetes, venden y se comunican con sus clientes, han visto en el correo una posibilidad de utilizar nuestros servicios”, informa.

Autor: Pablo Russo -pablomarianorusso@gmail.com

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