Abusos sexuales

Moya, internado en el San Martín

El cura imputado por abusos sexuales, Marcelino Ricardo Moya, está internado en la habitación 211 del Servicio de Clínica Médica. Su diagnóstico es una incógnita.
El cura Marcelino Ricardo Moya fue ingresado al Hospital San Martín, de Paraná, con un grave estado de salud.

Está internado en la habitación 211 del Servicio de Clínica Médica, atendido por la médica Laura Díaz Petrussi.

Pero el diagnóstico es, de momento, un asunto que no se revela. “Por secreto profesional no revelo datos de los pacientes”, se excusó Díaz Petrussi.

Lo que trascendió es que podría tratarse de un cuadro derivado de una enfermedad de transmisión sexual, aunque el dato no pudo ser confirmado. Otras fuentes hablaban de un cuadro de gripe aviar.

Pero ninguna autoridad aceptó hablar públicamente del tema, aunque reconocieron que el estado de salud del cura Moya es delicado.

Interconsultas. El asunto motivó un cruce de consultas legales respecto del paciente: Moya tiene una causa penal por abusos en la Unidad Fiscal de Villaguay, y se prevé que entre marzo o abril la causa sea elevada a juicio oral.

También, la intervención de las autoridades eclesiásticas. El arzobispo de Paraná, Juan Alberto Puiggari, fue puesto al corriente por autoridades judiciales de la nueva situación de Moya, suspendido a mitad de 2015 del ejercicio sacerdotal y recluido desde entonces en su casa paterna, en María Grande.

En el tema, se lo puso a trabajar al sacerdote Luis Anaya, capellán del Hospital San Martín, según trascendió.

Fernando Giménez, director del Hospital San Martín, dijo a EL DIARIO que Moya está efectivamente internado, pero se abstuvo de dar detalles de su estado de salud, ni del diagnóstico. Recurrió, como otros profesionales consultados, en el secreto profesional, y evitó las precisiones ante la consulta periodística.

El abogado Florencio Montiel, querellante en la causa por abusos que se tramita en los Tribunales de Villaguay, dijo estar al tanto del estado de salud del cura Moya, y planteó un escenario a futuro, preocupante.

“Imaginemos el peor escenario, que el cura fallezca, porque su estado es grave, en ese caso se extinguiría la acción penal, y no habría dilucidación de la verdad en la causa”, señaló.

La causa la tramita la fiscal Nadia Benedetti, quien el 20 de diciembre último había citado a declaración indagatoria al cura, quien, sin embargo, se negó a declarar. Entonces, Moya asistió acompañado de su abogado defensor, Gustavo Amílcar Vales.

La causa. Moya es investigado por la Justicia por una serie de abusos ocurridos cuando fue vicario en la Parroquia Santa Rosa de Lima, de Villaguay, a mediados de la década de 1990.

Dos jóvenes, un estudiante de Derecho y un médico, lo denunciaron en la Justicia al sacerdote por esos abusos.

Moya fue vicario en la Parroquia Santa Rosa de Lima, de Villaguay, entre 1992 y 1997, y además docente en el Instituto La Inmaculada, y durante ese tiempo habrían ocurrido los abusos que ahora se le imputan. Las víctimas, dos jóvenes que eran parte de los grupos parroquiales.

Moya fue ordenado sacerdote el 3 de diciembre de 1992 por el exarzobispo de Paraná, Estanislao Esteban Karlic, y tuvo entre uno de sus primeros destinos la Parroquia Santa Rosa de Lima, de Villaguay. Allí, precisamente, habría sido el lugar donde ocurrieron los abusos.

Desde que se abrió la causa, Moya no puede oficiar misas en público. La medida forma parte del protocolo de actuación dentro del clero.

Cuando el caso llegó a la Justicia, Puiggari abrió una investigación preliminar, siguiendo lo que establece el Código de Derecho Canónico en el canon Nº 1717, regulados por las normas de Gravioribus Delictis”.

La expresión en latín “Gravioribus Delictis” alude a los “delitos graves”, como la pederastia, la acusación que recae sobre Moya, y conforma parte de las reformas introducidas en 2010 por el papa emérito Benedicto XVI para abordar los delitos de abuso de menores.

Moya está recluido en la casa de sus padres, en María Grande, y está, desde el 30 de junio de 2015, suspendido en el ejercicio del sacerdocio.

El cura, de 47 años, fue ordenado sacerdote el 3 de diciembre de 1992 por el exarzobispo de Paraná, Estanislao Esteban Karlic, y tuvo entre uno de sus primeros destinos la Parroquia Santa Rosa de Lima, de Villaguay.

Allí, precisamente, habría sido el lugar donde ocurrieron los abusos.

Aunque según reveló la revista “Análisis” cabe la posibilidad de que también haya abusado de jóvenes que cumplían funciones de voluntarios en el Regimiento de Infantería Mecanizado 5 General Félix De Olazábal, con sede en Villaguay.
Aquella historia
El lunes 29 de junio de 2015 Pablo Huck se sentó frente al fiscal Juan Francisco Ramírez Montrull y contó su historia. Su historia de abusos. Y la historia que lo ligó con su abusador, el cura Marcelino Moya, el cura payador.

“Yo siempre hice todo lo que debía hacer, como el chico bueno que era. Pero me pasó esto, y sentí que el mundo no tenía escrúpulos”, dijo aquella vez, aquella primera vez que relató en la Justicia lo que había soportado.

Y siguió: “A los ojos de hoy, me es difícil entender las cosas. En ese momento, yo era un pibe, y a mí me hablaban de dogmas y de pecado, y el referente espiritual que yo tenía, que tenía mi familia, me practicaba sexo oral, me masturbaba. Era muy fuerte”.

“Cuando declaré ante el fiscal, intenté recordar cada detalle, pero no pude definir muy bien los tiempos. Sí soy conciente de haber formado parte de la Acción Católica antes de que llegue Moya, y estar vinculado a la Iglesia. Y cuando llega, lo conozco de la iglesia, y como profesor del Instituto La

Inmaculada, donde yo era alumno. De estar en el grupo de Acción Católica a formar parte de su grupo más cercano, no tengo la secuencia, cuándo pasó, como pasó. En realidad, intenté metabolizarlo para sacármelo de la cabeza. Era un tipo con una personalidad superseductora. Creo que a muchos les va a llamar la atención en Villaguay cuando conozcan la denuncia”, reveló.

--¿A qué edad ocurrieron los abusos?

--No puedo definirlo con precisión. Ocurrieron entre los 14 y los 16 años.

Pero en el relato que hice en la Justicia no pude precisar bien en qué año ocurrieron. Sé que dormía en la parroquia, sé que el cura me masturbaba, sé que me practicaba sexo oral. Eso no me olvidé, y no lo olvidé incluso a pesar del trabajo que hice por no recordar. Yo pensé incluso que iba a poder olvidar todo. Pero no pude. Siento como si me pasó una aplanadora espiritual. Incluso, tuve que alejarme de mi profesión, porque caí en el desinterés, en no poder ver al otro como alguien que necesitaba ayuda, sino que sentía desprecio por todo. Estoy como en una pausa.

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