Paraná

Llamativo hallazgo de un esqueleto humano en zona de canteras

El hecho se registró en la tarde de este martes, un hombre observó restos óseos en calle Pascual Uva al final, zona cercana al Paraje Las Piedras.
Un hombre que circulaba por calle Pascual Uva al final, en zona cercana al Paraje Las Piedras, zona oeste de la capital provincial, observó restos óseos en una cantera. Tras dar a conocer el hallazgo, se hizo presente personal policial y el médico forense, determinándose a prima facie que pertenecerían a una persona que falleció hace más de 10 ó 15 años.

El hecho se registró en la tarde de ayer martes, en calle Pascual Uva al final.

El hombre que andaba por la zona observó que en una cantera de broza había restos óseos y dio aviso a la Policía.
De inmediato se hizo presente personal de la Comisaría Novena, junto con la División Homicidios, Bomberos Zapadores y el médico Forense.

En el lugar, el jefe del departamento médico forense, Luis Moyano, pudo determinar que los restos son humanos, no pudiendo establecerse aun el sexo, y que falleció hace unos 12 ó 15 años. Al tiempo que indicó que la dentadura está “intacta”, por lo que se podría establecer, llegado el momento y mediante un examen de ADN, a quien pertenecen los restos, que fueron enviados a la morgue de Oro Verde para las investigaciones correspondientes.

Al menos, se da por sentado que se ordenarán las medidas necesarias para efectuar tareas comparativas con muestras que para tales fines se preservan en razón de investigar casos aún no resueltos, como las desapariciones de los jóvenes Basualdo y Gómez, en 1996, la desaparición de Elías Gorosito en 2002, hecho por el cual la Justicia entrerriana condenó a tres policías, pero nunca se pudo hallar el cuerpo. Incluso, la desaparición de Fernanda Aguirre, en 2004, otro caso emblemático si de desapariciones motivadas por hechos criminales se habla.

Detalles a los que tuvo acceso EL DIARIO dan cuenta de que los restos hallados este martes se presentaban cual si el cuerpo que enterraron hubiera sido arrojado a un pozo, boca abajo, quedando con los brazos extendidos hacia los costados y la cabeza girada hacia un lado. Las partes óseas presentaban ya el efecto de la degradación orgánica, hasta tal punto que se los debió rescatar con sumo cuidado para que no se rompieran.

El tamaño del cráneo y de la dentadura, en un esqueleto que se presume podría haber pertenecido a una persona de entre 1,60 y 1,70 de altura, hicieron pensar en que se trataría de una persona joven. Llamativamente, no se mencionó que durante el levantamiento de la evidencia se hubieran hallado restos de prendas de vestir, calzados o si bien esto pudo haberse destruido con el paso de los años, elementos como botones o suelas de zapatillas, que, por ser de materiales que tarden décadas en degradarse, podrían encontrarse en la zona.

Se supo que hace al menos cuatro o cinco días que un operario con una máquina excavadora estuvo trabajando en la zona y el hecho de haberse removido parte del terreno permitió que azarosamente alguien alcanzara a ver los huesos a flor de superficie, estimándose que podría haber estado durante todos estos años, enterrado a unos 60 centímetros de profundidad.

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