DRAMA

“Mi hija no volverá a caminar culpa de un borracho al volante”

Fue una salida de fin de semana. Amigos que regresaban de Colón a Villaguay en un auto. El joven que conducía tomó demasiado y se durmió al volante. Fernanda quedó paralítica.
Agrandar imagen Fernanda: "No sé si voy a poder alguna vez volver a mi vida normal”.
Fernanda: "No sé si voy a poder alguna vez volver a mi vida normal”.
Es mediatarde y el calor invade el tercer piso del Hospital San Martín. Mientras el personal de limpieza finaliza el aseo de los pisos, los familiares de los pacientes del sector de Neurología buscan mantener aireadas las habitaciones a fuerza de ventiladores.

Cuando nos acercamos a la pieza 311, Norma Zaguán nos recibe amablemente. Su rostro denota cansancio y resignación, pero apenas gira su cabeza y mira a Fernanda, su hija, que permanece postrada en una de las camas, su semblante cambia y es una mezcla de dulzura y firmeza con la cual busca transmitirle tranquilidad a su gurisa.

“Tranquila, me quedo acá en la puerta”, le dice, mientras saluda al cronista de esta Hoja.
“Somos de Villaguay y desde octubre que prácticamente vivimos acá en el hospital San Martín. Hemos pasado de todo, cosas buenas, cosas malas, la felicidad de tenerla con vida, pero la tristeza de saber que ella no va a volver a caminar…solamente un milagro lo permitiría”, comenzó diciendo Norma.

“Mi hija tuvo un accidente el 21 de octubre de este año, un accidente muy grave y aún nos asombra que haya salido con vida, por como quedó el auto en el que viajaban. Iba como acompañante en el asiento de atrás, había aceptado salir con amigos y venían por la ruta en ese auto que manejaba un muchacho de 24 años y que después nos enteramos que venía borracho. Por venir borracho se durmió, se fueron a la banquina. Por la velocidad que venían, se estableció que el coche voló 39 metros y cayó de punta y empezó a dar tumbos. Fernanda, mi hija quedó atrapada adentro del auto al igual que otro muchacho que también venía de acompañante. Fernanda fue la mas dañada en el accidente, se quebró la columna vertebral, se le cortó la médula y el pronóstico, según los médicos es que no va a volver a caminar nunca más”, dijo, con tono de impotencia y sufriendo cada sílaba.

Ella solo puede sentir de la cintura para arriba. Ya no tiene la quinta y sexta vértebra, le pusieron una prótesis. Pero además sufrió muchos otros traumatismos. Por los golpes le colapsó un pulmón, tuvo fractura de costillas, se le quebró una clavícula, una muñeca, le tuvieron que colocar clavos…no sabían si iba a salir con vida”, relató la dolida madre.

Cuando surge el tema de la imprudencia de aquellos que conducen imprudentemente o en estado de ebriedad, Norma hace alusión a las historias que conoció en estos tres meses en el Hospital San Martín junto a su hija.

“Acá se ven mucho esos casos, acá en este mismo piso hay chicos graves por accidentes de moto. Yo pienso que muchos de estos chicos hoy no toman conciencia de lo que les puede pasar si sufren un accidente y cuando se dan cuenta es porque están en la cama de un hospital y ya es tarde. Hablan solo de ellos, dicen que si les pasa algo les pasa a ellos cuando uno los reprende, pero no piensan que están sus padres, sus hermanos, que sufren cuando suceden situaciones como estas”.

“Fernanda, mi hija, estaba en segundo año del profesorado de psicología. Salía los fines de semana con sus amigas y ese fin de semana aceptaron la invitación de unos amigos de una de las chicas para ir a la ciudad de Colón y regresaban esa misma noche y el que manejaba tomó irresponsablemente y cuando volvían por la ruta, se durmió en el volante”.
Dramático testimonio
Norma nos permitió acceder a una breve charla con Fernanda. Ella, pese a todo, nos recibió con una sonrisa y su ansiedad se acrecentó cuando comenzó a hablar. Era como que necesitaba decir algo y sus palabras brotaban entre cierta dificultad para respirar, al plantear, con una lucidez asombrosa, su triste realidad.

“No es como piensan muchos, que por un poco de alcohol que tomes no va a pasar nada. Por lo menos, con lo que me pasó a mi es una prueba de que no solamente hay que ser responsables por uno mismo sinó también por los demás, porque este pibe no iba solo en el auto y la mayoría quedamos afectados por su culpa. Entonces muchos pibes que piensan que pueden tomar alcohol y se creen grandes y que nada les puede pasar. Por culpa de esta persona que tomó antes de manejar y no le importó, yo hoy estoy acá, tirada en una cama y él está en su casa, haciendo su vida, como si nada”.

“Entonces, a esa gente que toma y maneja, le diría que siempre hay mas personas alrededor de uno que no viven solas, que tienen familias y que pueden salir perjudicadas. Si este chico, de verdad hubiera sentido que éramos sus amigos, nos hubiera cuidado y no nos cuidó, solamente se sentó y manejó a la vuelta a lo que le daba el auto. Nada mas que por eso, hoy yo, que fui la mas afectada estoy acá postrada y no sé cuanto tiempo me va a llevar salir de esto y si voy a poder alguna vez volver a mi vida normal”, dijo Fernanda, con mucho esfuerzo para pronunciar cada palabra, mientras su madre observaba en silencio.

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