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Fueron absueltos los acusados por un cruel asesinato ocurrido en Viale

Fiscalía no acusó a los dos imputados por el crimen de Pablo Ledesma y solicitó su absolución, que el Tribunal dictó. Sospechas sobre el accionar policial.
La fiscal de Coordinación Carolina Castagno volvió a dar, como acostumbra, una sólida muestra del “deber de objetivad en las actuaciones” que le asiste al Ministerio Público Fiscal (MPF) y ayer, tras desarrollar, como es habitual en ella, un fundado alegato, solicitó la absolución de Cristian Ariel Gutierrez, alias Pachi, de 33 años, y Juan Ignacio Almada, alias Guacho, de 24 años, que llegaron a juicio acusados del cruel asesinato de Pablo Miguel Ledesma, alias Pichi, ocurrido el 26 de febrero de 2010, en la casa de la víctima en Viale. Castagno expresó que arribó a la “certeza que Gutierrez y Almada no fueron los autores del aberrante crimen, lo que me lleva a no mantener la acusación por este hecho”.

Deficiencias. Casi ocho años después del homicidio que conmocionó a Viale, quedó en exhibición la pobre investigación en la etapa de instrucción de la causa y la urgencia de la Policía en dar respuestas a una comunidad preocupada por una seguidilla de hechos, que culminaron con el violento crimen de Ledesma. Castagno, que sólo llevó adelante la acusación en el juicio, desarrolló un contundente alegato basado en el análisis de la prueba testimonial y pericial que se adjuntó al expediente. La fiscal resaltó que los testimonios de los testigos de cargo y de la defensa, coincidieron en ubicar a Gutierrez y Almada lejos del lugar del hecho en el momento en el que se desarrollaba.

También señaló que no existe en el expediente ninguna prueba pericial científica que permita atribuirles a los imputados, con el grado de certeza que la Ley exige, el delito de Homicidio doblemente agravado por alevosía y Criminis Causa, en concurso real con Robo con arma cuya aptitud para el disparo no pudo ser acreditada, por el que fueron juzgados. Así, mencionó que de las pruebas de sangre, de ADN, y de las huellas digitales y papilares que se analizaron, ninguna vincula a los acusados con el crimen.

Pedido. Castagno solicitó, lo que fue recogido por el Tribunal integrado por Elisa Zilli, Elvio Garzón y Ricardo Bonazzola, que se remitan las actuaciones al Juzgado de Instrucción para que se continúe la investigación.

Además, pidió, y aportó información para que ello ocurra, que se dé con el paradero de Matías Olmos, alias Matu, principal testigo de cargo, que fue buscado intensamente pero sin resultados, en la villa 1.11.14 de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Olmos, al que le comprende la misma orfandad de pruebas que a Gutierrez y Almada, batió a sus amigos, con quienes estuvo el día del hecho tomando alcohol y cocaína y fumando marihuna en el kiosco de la familia Kerps.

De allí se fueron juntos pero, por motivos que Castagno pidió que se investiguen, Olmos señaló a sus amigos como los autores del hecho.
Después de esa declaración no se lo volvió a ver en Viale. Las sospechas recaen sobre la Policía local, de quien se presume que presionó a Olmos para que “entregue dos nombres” para salvarse.

En este sentido, queda la incertidumbre si Olmos faltó a la verdad, incurriendo en el delito de Falso testimonio, o fue víctima de apremios.

Por su parte, Gutierrez y Almada aseguraron que fueron víctimas de apremios. Así, relataron que efectivos los llevaron al puente de Tabossi, donde los presionaron para que se denuncien mutuamente, para salvarse a sí mismos.

Perdón. Al final de la audiencia, familiares de Ledesma expresaron su desazón por el cierre sin respuestas del debate.

En un gesto inusual, les pidieron disculpas a los imputados y los familiares que los acompañaban.

Incluso, el cuñado de Ledesma le dijo a Gutierrez: “Los nombres de ustedes me los pasó la Policía, en pleno velorio me agarraron a mí”.

La defensa de Gutierrez, en manos de Iván Vernengo y Damián Petenatti, señaló que “a las seis horas de hallado el cuerpo para la Policía el caso estaba cerrado”.

En este sentido cuestionaron que “eso impidió que se investigaran otras hipótesis sobre qué pudo suceder” y reiteraron “a las seis horas ya tenían a los sospechosos”.

La defensa de Almada, a cargo de los defensores públicos, Fernanda Álvarez y Juan Lazzaneo, resaltaron que “no sorprende la objetividad que, a lo largo de los argumentados y fundamentado alegatos, exhibió la fiscal”, añadiendo que “analizó las casi seiscientas hojas que tienen estas actuaciones con fundados argumentos”.
Un botín irresistible
Castagno señaló que el día del hecho, en la casa de Ledesma se constató un gran desorden. A pesar que el móvil de los imputados habría sido robarle, en el lugar se encontraron tres billeteras con no magras cantidades de dinero argentino y dólares, además de una caja con mil trescientos veintiséis pesos.

La fiscal razonó que tales cantidades, para jóvenes que acostumbraban a pedir dos pesos para beber y comprar droga, hubiesen sido un botín irresistible.

Incluso destacó que al día siguiente del hecho, ambos volvieron al kiosco y como no tenía dinero, pidieron para comprar. En este sentido, se inscribe la frase de Almada, que cuando se enteró que Ledesma había muerto, dijo: “¿A quién le vamos a pedir ahora?”.

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