Experiencia potente para que la creatividad recircule

Si resultó tan fértil para organizadoras, técnicos y artistas participantes como lo fue de estimulante para los numerosos espectadores, el Proyecto Casa, Usina en residencia, merece entonces ser caracterizada como una de esas experiencias en la que vale la pena reincidir.

La iniciativa es, en realidad, una coproducción de la que participan Isla de contenidos y el Centro Cultural La Vieja Usina. Cumplida su etapa regional, la convocatoria se ha expandido a escala nacional y formalmente el plazo para presentar nuevas propuestas está cerrando este miércoles.

PRIMEROS PASOS. En virtud de los capítulos ya contados de esta historia, corresponde señalar que se trata de una propuesta difícil de evaluar, en tanto y en cuanto sólo una parte del total se expuso ante la mirada del público y lo que quedó en penumbras, ya sea el criterio para seleccionar a los postulantes, el proceso de gestación, acuerdo y construcción de los proyectos o su posterior evaluación, es un tesoro que quedó reservado para los directos involucrados.

De todos modos, ya es un dato de valor que haya habido 60 interesados dispuestos a que el trabajo en equipo les despeine la rutina y las instituciones que los habitan. Seguramente, la convivencia de discursividades, de oficios, de estéticas y de ideologías entre directores escénicos, bailarines, performers, actores, músicos, artistas visuales y audiovisuales convocados, debe haber generado de por sí un impacto positivo. Hay que tener en cuenta que la trayectoria era uno de los aspectos considerados para la selección, es decir que nadie llegó sin antecedentes. Más bien, al contrario. De manera que, si hubo apertura, la experiencia debe haber sido positiva.

En otro plano, la numerosa respuesta del público y la energía bulliciosa, veinteañera, que latía en los rincones, alienta la sospecha de que estos cruces disciplinares son bienvenidos; que genera expectativa esta propuesta de navegar, a barlovento o sotavento, por la caudalosa expresividad y sus afluentes, sin mapas, brújulas ni GPS.

PLANTEOS. La idea fue generar dramaturgias a partir de materiales menos convencionales, en este caso la metáfora espacial “usina”, que derivó en múltiples abordajes, sea en cuanto a la tecnología, lo humano y sus diferentes asimilaciones; la biografía impar de un inventor clave o la capacidad de transmisión energética y contagio que ejercen ciertas prácticas cotidianas.

En lo formal, de ese iceberg de composición y creación, lo que apareció en la superficie fueron tres obras, breves, cada cual con una tríada a cargo: la I, “Manos y bocas”, con Pola Ortiz (actriz, Paraná), Floriana Lazzaneo (realizadora visual, Paraná) y Mónica Martínez (directora, Rosario); la II, “Tesla”, con Ariana Beilis (artista visual, Santa Fe), Victoria Roldán (bailarina, Paraná) y Gastón Díaz (director, Gualeguay); y la III, “Pedaléame corazón”, con Heraldo Ludi (músico, Viale), Juan Capurro (bailarín, Paraná) y Oscar Lesa (director, Paraná).

En tanto productos individuales, las micropuestas en escena exhibieron aciertos y también áreas de dramaticidad, discursividad y estética que merecerían un mayor desarrollo, adjudicable tal vez al poco tiempo de trabajo que estaba fijado de antemano. En efecto, parte de la experiencia de observar los productos consistió en aceptar como un desafío el hecho de asomarse a un avance del trabajo, a la cristalización de un boceto definitivo que, si bien permanecía en fase de diseño en cuanto a los detalles, permitía advertir las claves organizadoras de cada proyecto.

Debe señalarse que las obras se ofrecieron de manera criteriosa: de hecho, fueron in crescendo en intensidad, despliegue físico y participación de los espectadores, en lo que parece ser una determinación inteligente. Las puestas compartieron la sala mayor del complejo de Gregoria Matorras de San Martín 861, pero les faltó una mejor integración, que acaso pudo ser aportada por una tutoría o, si la denominación resultare odiosa, una curaduría que operare en un plano que habilite y promueva el debate al interior de cada tríada e imagine cómo hilvanar cada una de las tres obras de manera que la costura no se advierta. Esa mirada “extranjera” pudo haber sido ejercida por las integrantes de la productora general “Isla de Contenidos” (Rocío García, Nadia Grandón y Gabriela Trevisani); por un director, dramaturgo o un puestista invitado; por los integrantes de las otras tríadas o por un espacio de diálogo plural, múltiple, que, bajo una dinámica propia del taller, reconozca todas estas intervenciones en distintos momentos del proceso.

CONVERSAR. Estos puntos de vista alternos, naturalmente, permitirían que cada tríada piense lo que tiene entre manos, aunque más no sea para confirmar las decisiones tomadas; y, a la vez, para encontrar una fórmula que por un lado integre los lenguajes de un modo más armónico y, además, ayude a plasmar la voluntad de producir episodios en torno a un eje (la usina) que los reúne, explica, potencia y en buena medida justifica.

Por cierto, ese núcleo articulador ha estado in absentia, la noche de la presentación en sociedad. Vale la pena preguntarse, entonces, si otra apropiación del espacio escénico hubiera permitido materializar una mejor conexión entre las obras y de ellas con su disparador. En un más óptimo eslabonado de las propuestas es probable que hubieran lucido de otro modo los estilos de cada tríada y, sin dudas, la metáfora convocante hubiese podido resplandecer, nítida, en el centro de la escena. En definitiva, si el afán consistiera en corregir este aspecto, se trataría de dar forma teatral a lo enunciado verbalmente.

Originalmente, estuvo prevista la realización de desmontajes: instancias de intercambio donde, desde una perspectiva más técnica, se analicen los objetivos, la estructura de los relatos, las estrategias discursivas y las decisiones escénicas. Este desmenuzamiento de lo visto, correctamente coordinado, puede ser sumamente significante. Quienes eventualmente ejerzan la curaduría podrían ser testigos de esa charla para echarla a rodar en una posterior evaluación general, de la que participen sólo las tríadas. Y así, un esquema de abordaje combinado, enfocado en los distintos momentos de producción y puesta en escena, está en condiciones de reforzar la idea general de un proyecto que, como se dijo, ya ha sido enriquecedor y puede serlo más aún en el futuro.

En fin, es necesario multiplicar estas experiencias y enriquecerlas en la medida de lo posible, por la sencilla razón de que significan el arranque de una aventura expresiva y de formación cuyos resultados tal vez hoy no se adviertan con absoluta claridad, pero que saldrán a la superficie, más temprano que tarde, apenas los realizadores pongan mano a la obra.

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PROYECTO CASA (USINA EN RESIDENCIA)
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