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De Freire al intelectual colectivo

Hernán Ouviña, politólogo y Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, estuvo en Paraná en el marco del 1er Encuentro Regional de Educación Popular.
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Lecturas y experiencias; teoría y práctica. Según cómo se combinen estas dos instancias pueden producir pedagogías que problematicen la realidad y que busquen transformarla, colectivamente. Incluso dentro de la escuela pública. “No hay que dicotomizar la educación popular restringiéndola a determinados territorios. No se define por sus destinatarios, sino más bien por tratar de desnaturalizar el entramado de relaciones sociales. En ese plano, la escuela pública tiene que poder pensarse también como un territorio de disputa de sentidos”, sostiene Hernán Ouviña.
PÚBLICA Y POPULAR
-¿Quiénes deberían impulsar prácticas de educación popular en la escuela pública: los docentes o los planes de educación?

-Creo que es un contrasentido pensar que la educación popular se pueda decretar. Ya lo decía (Paulo) Freire, incluso participando como secretario de educación en el municipio de San Pablo, donde tuvo una breve e intensa experiencia: allí propuso el concepto de educación pública y popular. ¿Cómo construimos una educación que pueda ser cada vez más popular pero también de carácter público, que rompa con las lógicas neoliberales que venimos arrastrando, pero que a la vez rompa con la lógica vertical, autoritaria, burocrática? Un desafío es pensar en procesos participativos donde se incluyan tanto los profesores, maestros y maestras, como las comunidades, los estudiantes, los sindicatos y los movimientos populares que vienen construyendo educación en los barrios, en las fábricas recuperadas, en las villas. Y hacer dialogar a esos sujetos tratando de romper mutuos prejuicios. La educación pública estatal no es mera reproducción, sino que hay grietas, perspectivas liberadoras, experimentaciones concretas de nuevas relaciones de enseñanza-aprendizaje y producción colectiva de conocimiento. Y a la vez, los movimientos populares tienen mucho para convidar a los sindicatos, en clave participativa, de protagonismo popular y formas de tomas de decisiones asamblearias. Lo transversal es la educación popular, que no es un conjunto de técnicas ni es potestad exclusiva de los maestros y maestras, sino que es una concepción del mundo donde reflexión y acción, teoría y práctica, van de la mano.
DEBATES COLECTIVOS
-Desde los sesenta a esta parte hubo muchos debates y cambios mundiales, ¿cuáles son las discusiones actuales en torno a la educación popular?
-Freire sigue siendo una referencia, pero tenemos que poder incorporar y enriquecer a la educación popular a partir de otras tradiciones. Por ejemplo, el feminismo como proceso, que Freire reconoce tardíamente. En Pedagogía de la Esperanza dice que en Pedagogía del Oprimido todo su lenguaje es de carácter patriarcal, machista. La educación popular tiene que despatriarcalizarse, ese es un primer punto. A la vez, los pueblos indígenas, afrodescendientes de Latinoamérica, vienen a plantear que la educación popular tiene que poder descolonizar nuestra matriz epistémica, nuestra forma de concebir la realidad. Allí entra la interculturalidad crítica, que pueda hacer dialogar a las culturas y revitalizar esos otros saberes propios de los pueblos originarios, muchas veces invisibilizados por la academia, las ciencias sociales, y por la propia izquierda. Segundo elemento, entonces: descolonización. Y también la pedagogía de la tierra. Freire, en sus últimos años, llegó a decir que hay una oprimida de la cual no dio cuenta en su libro, que es la tierra. Es oprimida en clave de desastre ambiental, de cambio climático, de acumulación por despojo, que es lo que hacen la megaminería y los agronegocios. Construir una pedagogía liberadora implica también revitalizar una relación con la naturaleza que ya no sea de sometimiento. Hay que aprender de ella y entenderla como sujeta de derechos, algo que lograron plasmar los pueblos indígenas de Bolivia y Ecuador en sus constituciones nacionales. Esos son los núcleos comunes que han dinamizado los propios movimientos populares a nivel continental. Esto no surge de la academia ni de la erudición de determinados pedagogos, sino de los movimientos populares como intelectuales colectivos.

-¿Se discute sobre esto en la universidad?
Se discute, pero todavía no con suficiente fuerza. En mi caso formo parte de la Maestría en Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas (UBA), y allí sí tratamos de problematizar este tipo de dinámicas. También hay que descolonizar la propia universidad; más aún, hay que romper con la idea de universidad y pensar en una “pluriversidad”, como proponía el pedagogo uruguayo José Luis Rebellato.
-¿Hay algún gran referente actual como lo fue Freire en su momento?
-Hay organizaciones colectivas: el Movimiento Sin Tierra en Brasil tiene tanto o más peso que el propio Freire, sistematizando, produciendo conceptos. La reforma agraria integral, la soberanía alimentaria, surgen al calor de la lucha de las propias organizaciones, no se construyen detrás de un escritorio leyendo libros. El movimiento zapatista o la experiencia de los bachilleratos populares también dan cuenta de intelectuales colectivos que producen conocimiento y aprenden en la propia praxis cotidiana.

Educación popular y neoliberalismo
En el contexto argentino actual, la educación popular “puede aportar a procesos de autoconciencia y organización popular para resistir las lógicas de neoliberalización que pretende imponer el macrismo”, afirma Ouviña. “Lo importante es no quedarnos meramente en la resistencia, sino construir alternativas que puedan tensionar la institucionalidad estatal pero también desmercantilizar la educación. Hacer dialogar las experiencias es un puntal clave, a los sujetos que hoy resisten, potenciarlos y lograr que confluyan en un proyecto integral que involucre a lo educativo pero también que lo desborde y lo exceda en todos los planos de la vida social y política. Además, hay que entender que esta contraofensiva conservadora y neoliberal no es exclusiva de la Argentina, sino que es un proyecto de recolonización continental. Más que nunca es necesario el internacionalismo y el espíritu latinoamericanista propio de la educación popular, para hermanarnos como pueblos frente a esta lógica de despojos y vulneración de derechos que nos pretenden imponer”, opinó Ouviña, integrante del Movimiento Popular La Dignidad.

AL MARGEN
Hernán Ouviña es profesor de la Carrera de Ciencia Política y de la Maestría en Pedagogías Críticas y Problemáticas Socioeducativas (UBA). Integrante del equipo de educadores populares del Bachillerato Popular “La Dignidad” de Villa Soldati y de la Red de Bachilleratos Populares Comunitarios. Investigador del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (UBA) y del Departamento de Educación del Centro Cultural de la Cooperación.

FOTO(1): Ouviña participó en el Primer Encuentro Regional de Educación Popular, que se realizó durante dos jornadas en Paraná.
Autor: Pablo Russo
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