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Acerca del Nivel Superior de la Escuela de Música

Comienzo afirmando que mi padre –como había hecho antes en Salta, el fundar, organizar y dirigir durante más de cinco años el “Instituto Escolar de Música y Declamación”.
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Si bien estaba fijada una cuota mensual –sumamente inferior a la de los conservatorios particulares-, ingresaban quienes no podían pagarla totalmente (media beca) o nada (beca entera). Mientras desde Salta aplaudían la creación del nuevo instituto –el Diario “Nueva Época” publicaba un artículo titulado “Un triunfo que nos satisface”- en Paraná se alzaban voces contrarias (en “La Acción”, con el título de “Necesidades del ambiente”, se lo calificaba de innecesario). Pero dicho esto, me apresuro a agregar que todos los alumnos –cualesquiera fuesen sus edades- eran sometidos a estrictos exámenes para aprobar cada materia. Y que así se continuó haciendo hasta hace pocos años con excelentes resultados, como lo prueba –con óptima elocuencia- el ejemplo del maestro Eduardo Isaac, egresado como Profesor de Guitarra de Nivel Medio, cuyo plan estaba integrado por 10 años de estudio.

Se mantuvo también cuando se dictó el Decreto Nº 3385 M.G.J.E. –de fecha 29 de junio de 1987, de creación del Nivel Terciario- que demostraba –con la mención de la edad normal para el cursado de cada año- una absoluta continuidad entre los niveles Preparatorio, Medio y el nuevo, que allí se establecía.

La situación fue cambiando al interpretarse primeramente –con criterio harto discutible- que las edades allí consignadas eran férreas, determinando inexorablemente en qué curso debía estar cada alumno. A ello se unió luego la eliminación de los cursos “vocacionales”, a los que concurrían muchos interesados, que –sin la pretensión de adquirir una formación profesional- deseaban iniciarse en el cultivo de alguna de las disciplinas que se dictaban. La culminación de ese proceso –que, a mi parecer, es de progresivo deterioro- es lo que está sucediendo desde hace un tiempo en el Nivel Superior de la “Escuela de Música, Danza y Teatro Profesor Constancio Carminio”, según trataré de describir y demostrar a continuación.

PUNTO POR PUNTO. Si alguien pretende estudiar algún instrumento musical y tiene más de 18 años, es inscripto en el Nivel Superior, aun en caso de que manifieste carecer de todo conocimiento musical, comunicándosele que allí se le dará un “curso de nivelación”.
Con más de cincuenta años de docencia, me permito efectuar las siguientes reflexiones:

1. No se trata sólo de la aprehensión intelectual de conceptos, sino de la incorporación de mecanismos neuro-musculares (Por ejemplo: en los instrumentos de arco y de viento: postura del cuerpo y toma del instrumento, modo de obtención del sonido, mecanismo de mano izquierda y de mano derecha, afinación y –aparte de una especial sensibilidad- un largísimo etcétera, que sería ocioso mencionar aquí).

2. Yendo, para una mejor comprensión, a un ejemplo deportivo: se puede entender muy bien cómo debe hacerse para realizar los saltos con garrocha, pero si no se automatizan los aspectos prácticos de ese deporte –determinada velocidad y gran precisión al momento de clavar la pértiga, una correcta contracción de la garrocha para que se doble en la forma debida, desplegar la necesaria fuerza de empuje para superar la valla horizontal, efectuar una adecuada contracción del cuerpo para no tumbarla y caer correctamente desde tamaña altura- los intentos serán vanos (sino desastrosos).

3. Y si alguien –por tener 50 años- debe ser inscripto indefectiblemente en el “Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo” (CENARD), no cabe duda que el “Curso de Nivelación” al que deberá asistir podrá durar hasta el fin de sus días.

4. Y exactamente lo mismo es lo que está y seguirá ocurriendo en la Escuela de Música: la mentada “nivelación” tardará muchos años (o jamás se logrará).

5. Además: el “nivel” que debe alcanzarse es el de quienes han aprobado los cursos anteriores, lo que implica que en ese mismo año deben poder abordar exitosamente obras como las siguientes (según el programa de Violín vigente mientras estuve a cargo de la cátedra): Sonatas de Tartini, Nardini, Locatelli, Veracini, Leclair o Haydn. Conciertos de Bach, Haydn, Tartini, Viotti o Nardini. Obras: Corelli: “La Folía” (versiones de David o Leonard) o Vitali: “Chacona”.

6. Existen, además, dos agravantes: 1) Quien ignora totalmente las nociones mínimas de la escritura musical, deberá redoblar sus esfuerzos hasta lograr una lectura siquiera elemental. 2) El “tronco común” vigente en la UADER –de obligatorio cursado y aprobación en todas las facultades- tiene una muy grande carga horaria anual (creo que superior a la de cualquier carrera).

7. Cabe, asimismo, preguntar: las horas de cátedra asignadas a los “cursos de nivelación”, ¿son remuneradas como de Nivel Superior?

PERPLEJIDADES. Para concluir. extraigo de la entrevista al egregio Eduardo Isaac –publicada en esta misma hoja el 14 de mayo de este año- los siguientes conceptos, que considero avalan lo que he expresado:

“Actualmente hay un ingreso irrestricto de la facultad, de la universidad, lo cual genera una dinámica distinta a la que había cuando yo comencé. Actualmente, en buena cantidad de jóvenes que han ingresado en los últimos tres años, percibimos una característica que me da cierta perplejidad de acuerdo a mis épocas de estudiante: ahora los adolescentes llegan a la escuela a los 18 años sin haber hecho algún trayecto previo en referencia a la música. Muchos llegan y plantean: ‘quiero ser músico’. Pero no existe una base más o menos firme en lo técnico para poder trabajar. … Hoy hay jóvenes que ingresan a la universidad y todavía no saben bien qué quieren hacer ellos con la música. … Para mí es claro que entre los 12 y los 20 años se atraviesa una etapa en la que se da todo para poder desarrollarse. Sin embargo, la impresión que me queda en función de lo que observo en los últimos años es que la mayoría aún duda qué hacer. Una cosa insólita es lo que me ha ocurrido en el ciclo de ingreso a la Escuela Constancio Carminio: hay 50 inscriptos por ejemplo, pero a una primera charla, ya sólo asisten 25. … Si no tenés ese fuego interior que te lleva a decir ‘quiero esto y lo voy a lograr con esfuerzo, inteligencia, curiosidad, disciplina’, el camino se hace muy difícil. … Si se quiere ser un artista de peso, es necesario trabajar como un burro. … Llegar a ser un músico con todas las letras, ser docente, exige ser sistemático, riguroso, tener cierta disciplina personal; no puede hacerlo a partir de la nada. Hay fundamentos que es necesario aprender. Hay elementos constitutivos del arte que no podemos desconocer. Y hacer crecer el conocimiento en nuestro interior es como cultivar un arbolito, al cual hay que regar todos los días”.
Autor: José Carlos Carminio Castagno
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