ENTREVISTA

Espert ve kirchnerismo de buenos modales en la economía de Macri

El economista José Luis Espert dijo que las reformas que impulsa Casa Rosada no tienen nada que ver con los problemas del país y que el ministro de Hacienda “miente”.
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José Luis Espert, tan duro con Macri como con el kirchnerismo.
CRÉDITO: Sergio Ruiz.
Identificado por muchos como ultraliberal y acostumbrado a dejar definiciones polémicas, José Luis Espert es uno de los pocos economistas –acaso el único– que sin ser kirchnerista ni de izquierda critica con dureza la política económica del Gobierno nacional, cuestiona el relato macrista y asegura que el Ministerio de Hacienda miente con la inflación, el gasto público y el déficit fiscal. Es más: asegura que las reformas que impulsa la Casa Rosada no tienen nada que ver con los problemas de corto plazo de la Argentina, aunque hizo la salvedad de que la flexibilización laboral incluye algunos puntos “salvables”.

Espert, estuvo de paso ayer en Paraná y dialogó con EL DIARIO sobre los principales problemas de la economía: el gasto público, el déficit fiscal, la presión impositiva y la inflación. Descartó, sin embargo, que el país se encamine hacia una crisis como la de 2001.
Las reformas.

– ¿Cuál es su opinión sobre las reformas que impulsa el Gobierno nacional?

– El paquete impositivo no tiene nada que ver ni tiene conexión alguna con los problemas de corto plazo de Argentina que son el déficit fiscal, la presión impositiva salvaje y un gasto público impagable. Este año, por ejemplo, la balanza comercial va a tener un déficit récord, el tercer déficit más grande en 117 años.

Además, si el paquete fiscal prevé bajar 1,5 puntos la presión fiscal en cinco años significa que la baja prevista será de 0,3 del producto por año. Por lo tanto recién dentro de medio siglo Argentina tendría la presión fiscal que las empresas y los comerciantes, por ejemplo, pueden pagar. El paquete es poco serio, aunque la reforma laboral tiene algunos puntos salvables.

– ¿Políticamente es posible otra reforma fiscal?

– Alguna reforma va a salir del Congreso, no sé cual. A mí lo que me impresiona es que en Argentina siempre los problemas se solucionan aumentando impuestos. Uno de los tantos problemas que tenemos es que no conectamos lo que nos pasa con lo que hacemos, porque si lo hiciéramos no estaríamos lanzando un paquete impositivo. ¿Cuántas veces hicimos esto en los últimos 20 años? Cada cinco años hay un paquetazo impositivo y eso nos llevó a tener hoy la presión fiscal más alta del mundo. Y aun a pesar de eso tenemos un gasto público espantoso y un déficit fiscal de los más grandes del mundo ajustado por el PBI.

– ¿El problema más grave es el gasto público?

– Sin duda que el problema es el gasto. Cada peso de gasto, a la corta o a la larga, es un peso de impuestos. (El ministro de Hacienda, Nicolás) Dujovne miente con el déficit, miente con la baja del gasto público, miente en casi todo lo que dice en temas fiscales. No es una persona que hable con la verdad.

– Usted dice que el gasto es uno de los grandes problemas, ¿el otro es el endeudamiento?

– Sí, porque el endeudamiento es consecuencia del gasto público. El gasto trae déficit y éste siempre, siempre, se financia con deuda.

– ¿Puede generarse una crisis como la de 2001?

– No, no hay ninguna chance de volver a 2001. No tiene nada ver. Le doy, sí, datos preocupantes: tenemos el mismo déficit, la misma deuda y el mismo atraso cambiario de 2001, pero no hay ninguna chance de volver a 2001.

– ¿Por qué?

– Porque la situación es muy diferente desde el punto de vista político. No estamos con un (Fernando) De la Rúa –un presidente que era la nada misma– y con un plan económico como la Convertibilidad que venía ya sin ningún consenso social.
Reforma laboral.
– Usted dice que la reforma laboral tiene algunos puntos “salvables”. ¿Cree que los trabajadores ven con buenos ojos una flexibilización?

– Hay una tarea de evangelización a realizar. Argentina hace 70 años que tiene, más o menos, las mismas leyes laborales porque Perón incorporó las leyes laborales de Mussolini –y esto es historia no ideología–. Esas leyes estaban bien para que aquella época, pero han quedado perimidas a raíz de los grandes cambios que ha habido.

Y como nosotros nos hemos negado durante 70 años a flexibilizar las leyes laborales, el país tiene hoy 5 millones de trabajadores en negro en el sector privado. Entonces, ante la no flexibilidad de las leyes laborales, las empresas las han flexibilizado de hecho, empleando trabajadores en negro.

Deberíamos reconocer que hay algo malo en esas leyes y, por tanto, deberíamos estar abiertos al cambio.

Entiendo, sí, que haber tratado una flexibilización laboral cuando la Convertibilidad estaba a punto de explotar fue una muy mala prensa para la flexibilización laboral, pero la flexibilización laboral no tiene nada que ver con lo que pasó en los ‘90.

Entiendo también el mal marketing que tiene el liberalismo en general, pero en parte es responsable de eso la perversión que tiene el sistema que nos gobierna. Hay que tener claro que para el sistema que nos gobierna –y esto no lo excluye a Macri ni a Cristina ni a Alfonsin ni a De la Rúa– el liberalismo y la libertad son los enemigos. Por eso lo primero que se hace desde el sistema político, empresarial y sindical es identificar a lo liberal o neoliberal con el enemigo.
Relatos.

– ¿El macrismo tiene su relato?

– En sociedades con serias falencias culturales, como la nuestra, desde los gobiernos se nos imponen relatos. Se nos impuso un relato absolutamente mentiroso desde el kirchnerismo, pero el macrismo también tiene su relato mentiroso.

El macrismo nos dice que el gasto público está bajando, y eso es falso; nos dice que el déficit baja, y eso es falso; nos dice que está bajando impuestos, y en la globalidad de los hechos eso es falso; y nos dice que la inflación está bajando y también eso es falso.
Lo que hay que hacer es cambiar la falsedad del relato.

– El Gobierno optó por el gradualismo, ¿usted prefiere el shock?

– La discusión gradualismo vs. shock no tiene sentido. Acá hay un problema de brújula –o de GPS– no de velocidad. No se trata de llegar más o menos rápido, se trata de saber a dónde se va.

– ¿Tiene brújula Macri?

– Hasta ahora lo de Macri, en términos económicos, es kirchnerismo de buenos modales. Por eso digo que no tiene la brújula.

– Tal vez una brújula, o un GPS, le indiquen ir hacia el shock y él no quiera. ¿Cuáles serían las consecuencias sociales de ese ajuste más fuerte?

– La economía, en algún momento, pasa la factura igual porque tiene leyes que son impiadosas. A las leyes de la economía no les importan los costos políticos y sociales. Por eso las correcciones hay que hacerlas.

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