REFLEXIONES

Cambiar de carrera, ¿es fracasar?

“No es fracasar. Es una experiencia de vida”, asegura una especialista en el tema. Motivos y cuestiones que precipitan el cambio de carrera. El papel de las casas de estudio.
Sábado 27 de Agosto de 2011 | 11:00 Hs. (Actualizado: 11:00 Hs.)
El título de la nota es un disparador para reflexionar acerca de una situación que sucede muy a menudo entre los estudiantes universitarios, quienes muchas veces, al momento de inscribirse en una carrera, no tienen las herramientas necesarias para elegir con un gran conocimiento de causa.
La pregunta que cuestiona si el cambio de carrera implica un fracaso tiene una respuesta clara para la licenciada en Ciencias de la Educación Ángela Turinettis –integrante del Departamento de Orientación Psicopedagógica de la Facultad de Ciencias Económicas (UNER)-: “No es fracasar. Lo tomamos como una experiencia de vida”.

MOTIVOS.
Turinettis trabaja en el mencionado departamento junto con Claudio Salvador y Cecilia Sánchez, psicólogo y psicopedagoga respectivamente, introduciendo a los estudiantes en el perfil del egresado, los objetivos de la carrera y su incumbencia profesional. Asimismo, los orientan en estrategias de estudio y otros aspectos de la vida universitaria; entre otras cuestiones. “Consideramos que no es un fracaso el cambio de carrera. Es una experiencia. Nosotros, desde el departamento, queremos que el estudiante vea y sepa dónde está más fortalecido; trabajamos con la Guía del Estudiante para que vean las materias, la salida laboral y puedan ir averiguando y viendo si les gusta determinada carrera”.
Son muchas las causas por las cuales un estudiante comienza a pensar en la deserción. Una de ellas tiene que ver con la elección motivada por cuestiones ajenas a la carrera en sí misma. “Hoy muchos chicos eligen la carrera por la oferta laboral que les ofrece, la demanda que hay en la sociedad o la comodidad económica que les puede proporcionar, y cuando llegan a la facultad se dan cuenta de que lo que están viendo, las materias troncales, no es lo que quieren para su vida”, explica Ángela Turinettis. Y agrega que también son muchos los que se inscriben en determinada facultad porque una tradición familiar así se los impone. “Comienzan a estudiar determinada carrera porque el papá o la mamá se los dice, porque un tío les puede dar trabajo inmediatamente de recibido... Cuando a la decisión, que es muy personal, no la toman solos, suele pasar que algún día dejan o bien no trabajan de eso cuando se reciben”, indica la licenciada en Ciencias de la Educación.
También están los que piensan en abandonar los libros por los propios obstáculos de la carrera. “A veces aparecen las desilusiones y los desencantos porque, sin generalizar, los chicos vienen de una escuela secundaria y tienen dificultades a la hora de rendir, la facultad se les presenta con mayor complejidad y eso los puede hacer plantearse dejar los estudios a pesar de que les gusta”.
Como estos motivos son muy diferentes, el departamento que integra Turinettis trabaja de una manera distinta frente a cada caso. “Si se dan cuenta de que no les gusta la carrera, trabajamos sobre la reorientación; si quieren dejar porque salen mal en las materias, trabajamos de otra manera, por ejemplo, acompañándolos y orientándolos para que aprendan a autogestionarse, a organizarse en los tiempos, a adaptarse a las lógicas que les plantea la facultad; si lo que tienen es miedo a las evaluaciones, nos dedicamos a trabajar sobre ello”.
Para quienes han pasado por cuatro o cinco carreras antes de elegir la actual, el abordaje de los profesionales es, lisa y llanamente, otro “porque se tienen que replantear otro tipo de cosas”.

LA VOCACIÓN COMO CONSTRUCCIÓN.
La vocación no es algo que nace en un instante determinado como si se tratase de un antojo. La vocación –asegura la licenciada en Ciencias de la Educación- “se construye día a día”.
Es en virtud de la importancia que tiene la elección de la carrera para la vida de una persona, que hoy en día muchas facultades de universidades públicas tienen departamentos o tutorías que tienen como objetivo contener a los estudiantes, acompañarlos en la adaptación al medio universitario y guiarlos en caso de que deseen cambiar de carrera.


Testimonios

“Me aburro de las cosas”. Cristian, 29 años

Terminó el secundario en la ENET Nº1 con el título de Técnico Nacional en Computación y decidió estudiar Ingeniería en Sistemas en Santa Fe, “para seguir la formación que tuve en el secundario”.
Un problema de salud lo obligó a dejar esos estudios a pesar de que le gustaba y tenía un buen grupo de estudio.
Cuando se recuperó, se inscribió en la carrera de Ingeniería Electromecánica en la UTN. “Hice un cuatrimestre y no me gustó; así es que dejé”.
Cristian empezó a trabajar haciendo “changas” en corralones, comercios y donde se le presentaba. Pero un día decidió volver a los libros y estudiar algo que le permitiera hacer un trabajo de escritorio “porque el cuerpo no me daba más”.
Comenzó Licenciatura en Administración de Empresas, en la UADER y cuando le faltaban diez materias para ser técnico, consiguió trabajo en un sanatorio.
Al poco tiempo quiso un nuevo cambio en su vida y empezó el curso de policía.
Hoy, Cristian es brigadista forestal de la Policía de Entre Ríos, a cargo del Destacamento Las Colmenas (en Ruta 117, Km 88, Departamento Paraná).
¿Por qué tantos cambios? “Porque me aburro de las cosas. Además, cuando veo algo que no es justo y no se puede cambiar, pego la vuelta y me mando a mudar”.


“Quise desviar mi vocación pero no pude”. Carolina, 30 años

Cuando terminó el secundario, decidió tomarse un año sabático, dedicado a cursos de Portugués y Asistente al Odontólogo.
Al año siguiente se inscribió en Comunicación Social, incentivada por una amiga que estudiaba eso y le contaba cómo era la carrera.
Cursó dos años y medio pero nunca muy involucrada, ya que un problema familiar la hacía tener la mente en otro lado. “Iba a cursar y no le prestaba mucha atención, pero me servía estar ahí para no pensar demasiado en lo que estaba pasando en casa”.
Con esas cuestiones superadas, Carolina se fue a Brasil y cuando volvió decidió estudiar Profesorado de Portugués. “La docencia siempre fue mi inclinación. Es la vocación, cuando algo te gusta. Yo no había querido inscribirme antes en el Profesorado por el prejuicio de que el docente gana poco y no tiene muy buenas condiciones de trabajo. Pero en realidad es lo que siempre me gustó. Quise desviar lo que realmente quería hacer pero terminé donde tenía que terminar”.
Como profesora de Portugués, Carolina dictó cursos en comisiones vecinales, escuelas y demás entidades. “Es lo que me produce más placer. No siento que voy a trabajar sino que siento que me pagan por hacer lo que me gusta”.
Hoy, Carolina no ejerce como docente, porque le preocupaban los meses de verano con poco trabajo y menos ingresos. Actualmente trabaja en una empresa de telecomunicaciones y añora volver a las clases de Portugués.
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